Dominio público

Aznar et ál

SAÏD EL KADAOUI

El expresidente del Gobierno y presidente de honor del Partido Popular, José María Aznar, ha calificado de "amigo de Occidente" al presidente libio Muamar Gadafi y ha criticado duramente las políticas de la Unión Europea y de EEUU. No entiende que se deje caer a los amigos (en referencia a Hosni Mubarak, Ben Alí y Gadafi). Para Aznar los intereses de Occidente son incompatibles con la democracia en Libia y, en general, en el mundo árabe.

Con el mismo estilo pedagógico de Coco, el entrañable personaje de Barrio Sésamo, Aznar ha afirmado lo siguiente: "Gadafi es un hombre muy extraño y extravagante, ¿no? Pero no es estúpido. Lleva en el poder desde 1969, cuando yo era un bebé. Pero en 2003 pensó: ‘Esta gente invadió Irak y ahora puede venir aquí y a lo mejor hacen el cambio de régimen en Libia. Y eso significa yo. Y no me gusta’". Y así fue como Gadafi, un malo muy malo, decidió cambiar y apoyar a Occidente en su lucha contra el terrorismo y abandonar sus programas de armas nucleares, biológicas y químicas.

Aznar no se esconde. Está orgulloso de sus ideas y de sus amigos. Cree estar por encima del bien y del mal y hasta el momento tiene motivos para hacerlo. Nadie ha conseguido que rinda cuentas ante la Justicia por su participación en la invasión de Irak, una guerra a todas luces sucia e iniciada por motivos que hoy sabemos sobradamente que fueron falsos.

Pero digámoslo claro. Esto que expone Aznar sin sonrojo alguno es lo que se ha estado dando hasta ahora. Todos los gobiernos europeos y el estadounidense han apoyado hasta hace muy poco a Hosni Mubarak, el dictador egipcio, a Ben Alí, el dictador tunecino, a Gadafi –cómo olvidar sus viajes a Europa con su guardia amazónica, su jaima y sus payasadas–. Lo único que ha llevado a apoyar, después de mucho dudar, el cambio en estos países, ha sido la constatación de su irreversibilidad. La sed de libertad de los tunecinos, los egipcios y los libios que no han querido aguantar ni un minuto más a los sátrapas que los gobernaban.

Para justificar sus palabras, Aznar ha vuelto a explicarse –esta vez en castellano, en un mitin en Estepona– y ha puesto el dedo en la llaga del partido socialista. Le ha recordado que los dos dictadores caídos hasta el momento, Ben Alí y Mubarak, pertenecían a la Internacional Socialista y, peor, mucho peor, le ha recordado también que algunas de las víctimas del dictador libio lo son gracias a las bombas de racimo cuya venta autorizó en 2007 el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Y aquí está la cuestión. Tan grave es ser un fanático irresponsable y presumir de ello, como defender los valores universales, condenar las dictaduras y después permitir que se vendan las armas necesarias a uno de estos dictadores y acoger a los otros en la misma familia política. Aquí están atrapados prácticamente todos los partidos importantes de la Unión Europea y de Estados Unidos.

La derecha más rancia no tiene ningún problema en enseñar todas sus cartas. Lo más importante es tener aliados sumisos que velen por nuestro interés al precio que haga falta. Para conseguirlo tienen su arsenal teórico que justifica esta concepción utilitarista del mundo. Se trata de la teoría civilizacional. El mundo está dividido en civilizaciones buenas y civilizaciones malas. Y las malas son muy malas, nos odian y quieren acabar con nosotros y con nuestros valores. Entre estas hay una que es nuestro más feroz enemigo. La civilización musulmana, formada por fanáticos dispuestos a morir por su dios y por otros fanáticos menos malos a los que hay que apoyar. Sólo caben dos alternativas: la dictadura o la teocracia. Y ellos apoyan la dictadura. Eso sí, siempre que se pliegue a los intereses occidentales.

Así de ridícula y de maniquea es su visión del mundo. Pero no se esconden. Esto es lo que hay. Su principal valedor fue en su momento el presidente de EEUU, George Bush Jr., que se apoyó en ella para desencadenar su guerra sin tregua al "terrorismo islámico" y que le llevó a invadir Irak con la ayuda del mismo Aznar (en aquel entonces presidente del Gobierno español) y de Blair (presidente de Inglaterra en aquel entonces).

Más difícil lo tiene la izquierda. Especialmente aquella que tienen el suficiente apoyo para gobernar. Y creo que va siendo hora de pedirle coherencia. Una alternativa real y no sólo buenas palabras. No es mucho pedir que tengan una concepción del mundo más compleja y no nos propongan iniciativas cándidas como la alianza de civilizaciones y, sobre todo, que sean coherentes con sus ideas. Y si no pueden serlo, que cambien su concepción del mundo y nos digan claramente que existen las dictaduras buenas y las malas.

Bien mirado, todo continúa igual. En Bahréin, en Siria y en otros países, ningún país de Occidente va a mover ningún dedo para ayudarles. Al contrario, ya han dejado bien claro que su principal interés es la estabilidad (eufemismo de "que las cosas continúen igual").

Conclusión: la concepción del mundo de Aznar es peligrosa e injusta, sí. En su momento fue un pésimo presidente del Gobierno español, sí. Pero él es coherente. Y ya sea en su inglés de Primaria o en castellano, expone sus ideas con claridad. Antes de alarmarnos por sus palabras, que también, pensemos en los hechos. Y estos nos dicen que tanto los gobiernos de derechas como de izquierdas de Occidente han contribuido activamente a que muchos dictadores del planeta sometan a su población a una vida indigna.

Confiemos, pues, en la fuerza de los pueblos, especialmente de los pueblos árabes en este momento, y deseémosles desde aquí toda la suerte.

Saïd El Kadaoui es psicólogo y escritor

Ilustración de Miguel Ordóñez