Opinión · EconoNuestra

¡¡No al lenguaje tramposo!!

Fernando Luengo
Miembro de econoNuestra y profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid

Una estrategia de salida de la crisis obliga a cuestionar el lenguaje utilizado por el mainstream académico y por las élites políticas. Este cuestionamiento debe ir la raíz misma de su elaboración, pues su aceptación y utilización ha supuesto una gran victoria cultural de las políticas neoliberales.

Con un apoyo mediático sin precedentes, se repiten una y otra vez las mismas expresiones: “todos somos culpables y, en consecuencia, todos tenemos que arrimar el hombro”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora toca apretarnos el cinturón”, “el Estado es como una familia, no puede gastar más de lo que ingresa” “la austeridad es una virtud que, si la practicamos con convicción y firmeza, nos permitirá salir de la crisis”.

Tan sólo son algunos ejemplos de uso bastante frecuente de un discurso simple (simplista), directo y, por qué no decirlo, muy efectivo; nos entrega palabras y conceptos fácilmente manejables, que proporcionan un diagnóstico de quiénes son, o mejor dicho somos, los culpables y cuáles son las soluciones.

Dado que todos, sin distinción de estatus ni clase social, hemos sido responsables y que la única salida es el esfuerzo colectivo, ese discurso busca convertir a la ciudadanía en espectadora pasiva de un grupo tecnocrático cuyo cometido es gestionar con eficacia, con su saber hacer, las “necesarias” medidas de austeridad y de transformación estructural.

Según ese mismo lenguaje, ampliamente aceptado, todos somos culpables y el mayor de todos es el Estado, despilfarrador por naturaleza. Por esta razón toca adelgazarlo, y de esta manera liberar (literalmente) recursos atrapados y mal utilizados por el sector público, para que la iniciativa privada, paradigma de la eficiencia, los pueda utilizar.

Lo cierto es que estos razonamientos y su lógica, implacables e inexorables en apariencia, nos alejan de una reflexión sobre la complejidad, sobre las causas de fondo de la crisis. Gracias a la aceptación de este lenguaje (también por buena parte de la izquierda institucional), esta visión ha quedado fuera de foco y, por supuesto, fuera de la agenda de una posible superación de la crisis. Agenda que, además de incorporar una visión de la misma de calado estructural, necesita hacer valer otro lenguaje –en realidad, otro marco conceptual e interpretativo- basado en las ideas de sostenibilidad de los procesos económicos, del trabajo decente y de la cohesión social.