Opinion · EconoNuestra

El gran reto de Andrés Manuel López Obrador

Miguel Ángel M. Pellitero
Estudiante del máster en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de econoNuestra.

El pasado mes de julio Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales de México, convirtiéndose, de esta manera, en el primer presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos con una cierta trayectoria progresistay de lucha social a sus espaldas en la historia reciente de un país donde la izquierda prácticamente no tiene cabida en la representación institucional. Lo consiguió, además, con un discurso reivindicativo y rupturista con respecto a sus predecesores y verdugos en las dos últimas citas electorales (Felipe Calderón en 2006 y el actual presidente Enrique Peña Nieto en 2012), y con una ambición transformadora en dos grandes frentes: reducir las desigualdades sociales y la pobreza y luchar contra la corrupción.

El reto que tiene AMLO ante sí es descomunal, a todos los niveles. En lo social, en lo político y en lo económico. De continuar el drama que vive el país, México apunta a convertirse –sino lo es ya- en un Estado fallido. Narcotráfico, corrupción, ejecuciones extrajudiciales, tortura, desapariciones, asesinatos (también de periodistas), violencia generalizada, pobreza y unas desigualdades brutales se han sumado nuevos elementos desestabilizadores a nivel internacional como la nueva posición anti-México de Trump. Todos estos elementos han conformado un coctel capaz de desatar una descomunal crisis de legitimidad de un sistema totalmente desbordado.

Recuperar esa legitimidad desde las institucionesva a ser, sin duda, el primer gran desafío al que se enfrente AMLO desde el 1 de diciembre cuando asuma su mandato para los próximos seis años. Y parece claro que para ello deberá hacer frente al principal azote de la democracia mexicana durante las últimas décadas, elnarcotráfico, sobre el que se ha generado un clima de violencia y corrupción que está desangrando al país. Más de 15.000 muertos tan sólo en los primeros seis meses de este 2018 (y se estima que entre 200.000 y 300.000 desde que Calderón inició la cruzada contra el narcotráfico en 2006), cifras equiparables a las de una auténtica guerra.

López Obrador durante el V Congreso Nacional Extraordinario de MORENA
Fuente: Web oficial de AMLO: https://lopezobrador.org.mx/secciones/fotogaleria/

Pero abandonando esa visión holística y aislando la situación económica del país del resto de problemáticas existentes –en la medida de lo posible, en tanto que las fuerzas económicas nunca actúan sobre un vacío social sino sobre una realidad material social y política que condiciona absolutamente todo lo demás- nos encontramos con un país que presenta enormes debilidades estructurales en lo económico.

El principal y más destacado, sobre el que ponemos el foco de este análisis, es la absoluta dependenciaque tiene la economía mexicana de su vecino del Norte. En un país con un impacto del sector exterior superior al 70%[1]del PIB, EEUU representa más del 80% de las exportaciones y casi el 50% de las importacionestotales[2]. Y es ahí donde radica la colosal importancia de la renegociación del TLCAN con el gobierno de Trumpde la que todavía no han trascendido muchos detalles pero que marcará, para bien o para mal, el futuro económico del país.

Dada esta situación, y aunque la reivindicación nacionalista no ha sido uno de los grandes estandartes de la campañade la MORENA y sus socios de coalición[3], llegando incluso a aceptar acomodarse a las actuales negociaciones del saliente gobierno (eminentemente neoliberal) sobre la renegociación del TLCAN, es imperioso que el gobierno de AMLO emprenda una senda de diversificación comercial que reduzca esta situación de cautividad efectiva que existe con respecto a la economía estadounidense,que termina por subordinar cualquier política exterior del país mexicano a los intereses estadounidenses. Y es que tras más de dos décadas de vigencia de un TLCAN que ofrece grandes facilidades para exportar (e importar, claro) hacia sus compañeros norteamericanos, México presenta una estructura productiva totalmente acomodada hacia el comercio con EEUU, mientras olvida al resto del mundo.

Y es que, si bien México es un país que presume de ser uno de los estados que mayor apertura comercial ostenta, teniendo vigentes hasta 12 tratados de libre comercio con decenas de paísesy una serie de vínculos regionales (como la reciente Alianza del Pacífico) que facilitan la integración comercial y, sobre el papel podrían servir como destino alternativo para los productos mexicanos, no han sido vías realmente empleadas hasta el momento para establecer políticas de diversificación comercial.

Más urgente es aún este reenfoque tras las continuas declaraciones de intención del presidente Trump desde su aparición en la política norteamericana, ya no sólo en lo económico con la voluntad de modificar los acuerdos comerciales que “perjudiquen” la producción nacional de su país, como constantemente denuncia que está sucediendo con el NAFTA y esa renegociación de la que hablamos, sino también de la ruptura de unos vínculos que por historia deberían existir entre dos nacionesque comparten más de 3000 kilómetros de frontera, como la construcción del famoso muro que contenga la inmigración desde México –y otros países centroamericanos con enormes dificultades económicas– hacia su vecino rico.

Es hora de que México vuelva a mirar hacia el Suren lugar de hacia el Norte, de que recupere ciertorepliegue nacionalque le confiera un poco más de libertad –sí, no es contradictorio-, incluso de continuar explorando caminosque parecían abrirse en los años recientes pero que tampoco están resultando tan determinantes como apuntaban, tales como surelación con Chinao incluso con la Unión Europea. Y aunque parece que durante la campaña y en sus primeros pasos como presidente electo no se camina en esta dirección, AMLO, quien históricamente ha sido tremendamente crítico con la situación de dependencia que experimenta México con respecto a los Estados Unidos, deberá replantearse si quiere seguir siendo un apéndice norteamericano más o apuesta por recuperar la soberanía de su destino.

Demasiados retos tendrá por delante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador a partir del próximo diciembre, tantos como problemas señalamos en el inicio de este artículo, algunos quizás más urgentes y preocupantes que el que hemos señalado aquí, pero una cosa parece clara, México nunca podrá emprender un camino autónomo hacia el desarrollo mientras siga manteniendo estas cotas de dependencia de la economía yanqui, y este es el gran reto que afrontará, no sólo el actual gobierno, si no el país entero durante los próximos años.

[1]El Coeficiente de Apertura Externa se encontraba en un 50% en el año 2007, creciendo ininterrumpida hasta superar el 72% en el año 2016 según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI).

[2]Estas cifras (alrededor del 79-81% de las exportaciones y de un 47-50% de las importaciones) se ha mantenido sin apenas variaciones en la última década. Datos del INEGI.

[3]A los comicios de julio se presentaron de manera conjunta el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES) con López Obrador (MORENA) como candidato conjunto a la presidencia del país.