Opinión · EconoNuestra

Elecciones y Labeled thinking

Guillem Bou Bauzá
Licenciado en Matemáticas e Informática y Doctor en Ciencias Sociales

Educación ciudadana: un problema de enfoque

Podemos decir que, académicamente, el término sociedad de la informaciónes acuñado a finales de los años sesenta por Yoneji Masuda (Masuda, 1968).

Para preparase para esta nueva sociedad, los psicólogos acertaron. Su mérito fue, para mí, el hecho de marcar un enfoque completamente diferente al heredado por la cultura clásica. En la filosofía clásica griega (y en el mundo medieval) se parte de la base que el razonamiento es un procedimiento formal que nuestro cerebro reconoce y reproduce a la perfección. Los psicólogos hace tiempo que sostienen que la mente humana no funciona exactamente así:

“En la inferencia silogística -escribió en cierta ocasión Bertrand Russell- se supone que uno sabe ya que todos los hombres son mortales y que Sócrates es un hombre; y de ahí uno deduce lo que jamás había sospechado, a saber, que Sócrates es mortal. Esta forma de inferencia se da realmente, aunque muy raras veces» (Gardner, 1983:107)

Este enfoque es clave: no es lo mismo un concepto abstracto que el concepto que se forma en tu mente ¡Por mucho que creas que lo has entendido! Al aplicarlo al aspecto social de la facilidad de acceso a la información, son muchos los trabajos “en sentido positivo”. Es decir, investigaciones destinadas a descubrir estrategias que, sin duda, han mejorado el aprendizaje y la comunicación. Ahora bien, en sentido opuesto, “en sentido negativo”, apareció el artículo Positioningde Al Ries en la revista Industrial Marketing, en 1969. El nombre de Ries va ligado al de Trout en el sentido de introducir conceptos como “batalla por la mente”, “competencia por el receptor” o “saturación de información”, y de insistir en la idea de que es necesario emitir mensajes extremadamente simplificados para poder comunicarse con un receptor sobreinformado (López, 2015).

Banda de compresión inferior: un recurso o un impedimento

En la línea de investigación sobre procesamiento de la información compleja, realicé una pequeña contribución señalando la idea de “banda de compresión inferior”. En la plasticidad de las redes de conceptos, propia del razonamiento humano, indiqué que los expertos en una materia, al utilizar esquemas que involucraban diferentes niveles de abstracción, usaban la estrategia de comprimir un nivel y tratarlo como un concepto simple. Ello les permitía aprovechar mejor la memoria de trabajo o, si se prefiere, el esfuerzo dedicado a mantener ciertas ideas operativas en la mente.

Ahora les voy a decir lo mismo en cristiano: cuando usted intenta arreglar el baño de su casa y observa la cisterna, el problema no es sólo que su cerebro no tiene la habilidad de un fontanero. El problema es que su mente activa una serie de informaciones relacionadas, en un tema que acaba de conocer y ordenar (como “esta pieza va aquí”, “ese tornillo sujeta esto”, etc.). En cambio, el fontanero no realiza tanto esfuerzo para pensar, precisamente por su veteranía. Él porque comprime todos los conceptos relacionados y, donde usted, percibe una estructura compleja, él ve una caja negra controlada, una unidad de trabajo que puede manejar sin estresarse.

El caso es que esta idea de “banda de comprensión inferior”, junto con muchos otros principios sobre estrategias de razonamiento, en general podemos englobarla bajo el concepto de etiquetación. Aunque en origen sea una palabra procedente de la computación, donde sí tiene un significado preciso, es suficientemente amplia para ser entendida por investigadores de disciplinas como la psicología, la comunicación, la pedagogía, el marketing, etc.

En resumen: desde diferentes campos de investigación hemos estudiado cómo diferentes estrategias son usadas por la mente humana para trabajar mejor con la información. Estas estrategias se basan siempre en las diferentes relaciones entre conceptos y son diferentes a las estructuras abstractas. Hasta ahora, pues, hemos percibido todas estas relaciones de manera positiva. Hemos creído que las etiquetacionesayudaban a pensar y el buen educador era aquel que las promovía en sus alumnos.

Sin embargo, ¿qué diríamos si, de repente, descubrimos que la etiquetaciónha dejado de ser una herramienta para pensar mejor y se ha convertido, precisamente, en un serio estorbo para el conocimiento? La idea del labeled thinkingo pensamiento etiquetadoes precisamente ésta. Y es necesario un cambio de enfoque, sin renunciar a lo que ya sabemos sobre el razonamiento, para poder explicar cómo la ciudadanía se forma sus opiniones, cómo influyen los medios, cómo se dirigen sus apetencias y cómo debería evitarse todo ello.

Definición de Labeled Thinking

Decimos, por tanto, que una persona está en situación de pensamiento etiquetadocuando aquellos conceptos de ayuda a la comprensión de la información, junto con sus estrategias de procesamiento, se han alterado de manera que ahora le frenan o le impiden comprender informaciones nuevas.

Si se entiende esta definición, se descubre seguidamente que la clase política, por lo general, contribuye al pensamiento etiquetado. Comparemos un político en un debate con un conferenciante académico. Veamos, seguidamente, cómo opera cada uno, empezando por el académico:

  1. Cuando el conferenciante descubre en su charla un tema lateral, que considera importante, entonces recurre al consabido “véase”. Por ejemplo, imaginemos una conferencia sobre el negacionismo del Holocausto. El conferenciante nos recomienda la película Denial(2016), para que observemos los argumentos “científicos” que esgrime la parte negacionista. Cuando esto sucede, intentamos recordar una información tal como “Denial, película reciente, observar argumentos…”. En este momento, pues, tratamos que los conceptos de la conferencia se queden relacionados a todos estos otros que asociamos a la película Denial. Podemos decir que estamos usando un recurso de etiquetación, el cual nos servirá para mejorar nuestro conocimiento del tema pero, sobre todo, dicho recurso constituye una invitacióna ampliar información.
  2. En cambio imaginemos ahora que es el político que da un discurso sobre corrupción. Imaginemos que tiene unos cuantos imputados pero, por fortuna, uno de ellos ha sido juzgado y absuelto por falta de pruebas. El político usa un discurso del tipo “la corrupción es mala y vamos a evitarla”, pero seguido de la idea “ahora bien, no hay que permitir injusticias en las que se acuse a gente inocente y se destruya su carrera”. Obviamente ahora la etiqueta “evitar injusticias”, que el político pretende que asociemos a la corrupción, tiene un sentido completamente contrario al anterior, a la invitación del académico a investigar. Lo que persigue el político, precisamente, es que integremos la siguiente información: “hay corrupción pero en general es un ataque injustificado”. Su etiqueta “evitar injusticias” no es, de ninguna manera, una invitación a profundizar en el caso que cita. Es justamente una barrera, una llamada a no pensar en ello.

Este ejemplo es muy sencillo (si bien, real) y se ha introducido con fines explicativos. Ahora observemos a nuestro alrededor cuánta gente tieneetiquetasen su sistema mental del tipo “eso no se debe leer”, “no he leído este autor pero no estoy de acuerdo con él” o “no voy a cambiar de opinión en este tema”. Y todas estas etiquetas llevan asociada una justificación (que no un desarrollo argumental) que las sostienen.

Mirado en su conjunto, el pensamiento etiquetado construye un sistema estático para el individuo, un sistema que le impide progresar. En cambio, como no deja de ser un armazón de pseudoargumentos (las justificaciones que se asocian a cada etiqueta), provoca un efecto tranquilizador: el individuo con este tipo de pensamiento está convencido de que es un analista profundo. Y en esto reside una de las grandes claves de su éxito: el pensamiento etiquetado proporciona seguridad.

Umberto Eco y los idiotas

Si pensamos en una persona con dificultad de acceso a la educación de hace cien años, nos encontramos con la facilidad de manipulación precisamente por el respeto que infundía la letra impresa. Es decir, una persona poco instruida, hace un siglo, sufría un complejo social de inferioridad. En cambio, ahora nos podemos encontrar personas con una instrucción deficiente para las exigencias del mundo presente que, en cambio, están convencidas de ser brillantes.

Al respecto, Umberto Eco sembró polémica al declarar en 2015, en el diario La Stampa, que “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas” y que el “drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad”, entre otras cosas. En realidad, si tales afirmaciones son ciertas, cabe preguntarse qué estructura mental permite hablar a este “idiota” y si es la misma que le promueve como portador de la verdad. Pues bien, ambas estructuras mentales son la misma: el pensamiento etiquetado. Veámoslo:

  1. El “idiota” se siente autorizado, se siente portador de la verdad, porque está convencido de ello. Obviamente no ha conseguido quizá un título superior o un título profesional, pero puede sentirse como tal porque el pensamiento etiquetado le ha proporcionado un sistema mental coherente y completo en sí mismo. Las etiquetas le hacen creer que su punto de vista es correcto, y lo consiguen sin el esfuerzo que supondría reflexionar sobre cada una de sus convicciones o tener que aprenderlas.
  2. Pero si las redes sociales, o la web en general, le promueven, es precisamente porque dichas redes funcionan con pensamiento etiquetado. Y no sólo las redes, también los medios de comunicación. Éste era uno de las consecuencias mentales de la sociedad sobreinformada sobre la que se debería haber hecho más hincapié: no se demandan informaciones desarrolladas, se demandan etiquetas.

La idiocia y el pensamiento etiquetado

La raíz de la palabra idiotaes griega. No es casual que “idioma” e “idiosincrasia” estén emparentadas con ella. Para los clásicos griegos, el “idios” significa lo propio, confrontado a los que es de todos. Por tal motivo, un “idiota” es alguien que se preocupa sólo de sus asuntos, desentendiéndose de los de todos los demás.

Es decir, si usted aprovecha para colarse en su coche en una calle peatonal, además de una sanción administrativa, le pueden llamar “idiota” con todo el derecho. Y si usted vota pensando en qué beneficio tendrá para usted tal o cual gobierno, desentendiéndose de las consecuencias generales, entonces es usted un votante idiota en el sentido griego de la palabra.

Así las cosas, pensemos en como el pensamiento etiquetado promueve la idiocia. Y, como hemos insinuado en el apartado anterior, podemos hablar de dos ámbitos de presencia de dicho pensamiento: el social (se forman grupos que demandan pensamiento etiquetado e ignoran el pensamiento elaborado) y el psicológico (existen cada vez más personas que funcionan mediante pensamiento etiquetado).

Por tanto, la paradoja social de los medios (y no sólo los estrictamente interactivos, en especial los medios de comunicación de masas) a fuerza de emitir mensajes en modo masivo, no contribuyen a una sociedad de mentes más abiertas, sino a una sociedad de mentes más cerradas, más centradas en sus asuntos, más protegidas contra las aportaciones del exterior. Más “idios”, en definitiva.

Ahora que ya sabemos que el labeled thinkingestá ahí, podemos espantar a los trollsde los foros: digámosles que lo suyo es pensamiento etiquetado. Contribuiremos a una campaña más limpia. Que las municipales vienen en dos días.

Bibliografía

Gardner, M. (1983): Circo matemático. Alianza Editorial. Madrid.

López, D. (2015): Reputación corporativa y Visibilidad estratégica. Modelo  de gestión de la reputación online y su aplicación en las empresas de Barcelona. Tesis doctoral. Universitat Internacional de Catalunya.

Masuda, Yoneji. Una introducción a la Sociedad de la Información. Perikan-Sha, Tokio, 1968.

Ries, A. and Trout, J. (1981): Positioning, the battle for your mind. Warner books – Mcgraw-Hill Inc., New York, 1981.