Opinion · El desconcierto

Mas relanza la Gran Coalición

Si la CUP había ahogado a la gran coalición PP-PSOE hace apenas una semana, la retirada de Mas de la Generalitat la relanza en grado extraordinario. Al embestir contra la legalidad constitucional, refuerza a Rajoy. Un gobierno independentista en Barcelona conlleva que rápidamente se forme un gobierno estable en Madrid. Precisemos, un gobierno neoliberal en la comunidad de Cataluña y un gobierno neoliberal en el conjunto del Estado español. El IBEX, y no digamos esa madre superiora del convento europeo apellidada Merkel, se frotan las manos. La perspectiva de unas elecciones en marzo, que habría dado la llave gubernamental a todas las fuerzas progresistas, ha sido despejada; el sueño de Pedro Sánchez de hacer una tortilla sin huevos- pactar con Iglesias sin su programa-  se desvanece antes de entrar en la cocina. Ahora se verá obligado a aplicar la política que quiso aplicar desde el 21 de diciembre Susana Díaz. El acuerdo por activa o por pasiva con quien él mismo calificó como indecente.
Rajoy va a ser reeditado como presidente. Lo será incluso en menos tiempo de lo estimado. No sólo se acelerará la sesión de investidura sino que se acentuará la presión sobre el PSOE. Prefiere que le voten, pero no hace asco alguno a que se abstengan. Lo que no cabe es el voto en contra ante el reto catalán. No hay excusa alguna y ahí está la gran coartada- la unidad de España- para que explique a su propio electorado el por qué los socialistas, una vez más, se identifican con la derecha. No tienen escape. O lo toman o lo dejan. El chantaje de los populares es diáfano. O apoyan al PP y se hunden, o abren de nuevo las urnas que extiendan el certificado de defunción política como fuerza relevante del PSOE. Una vez salido de las cuadras bipartidistas el caballo de Santiago y cierra España, tienen que montarse o que se atengan a la coz electoral del equino. No pueden eludir la decisión. O se está con España, como entona la derecha, o se recupera esa concepción históricamente progresista de la España plural que llegó a recuperar muy tímidamente Zapatero.
Previsiblemente, salvo que en el PSOE se reaccione con mínima dignidad, van a hacer por pasiva lo que ya  se está haciendo desde la CUP por activa: marchemos, y los progresistas primero, por la senda patriotera de los nacionalismos. Nada les define mejor que asumir las banderas, estelada y rojigualda, que sus respectivos neoliberales enarbolan para envolver la lucha vertical entre sectores sociales con la lucha horizontal entre los pueblos que integran España. Así el imaginario enemigo español, clisé con tirón en Barcelona, y el enemigo catalán, estereotipo con mucho tirón en Madrid, camuflan la realidad de una común política neoliberal con idénticos recortes que golpean a todos los ciudadanos en Cataluña y España. La CUP acaba de extender un cheque en blanco a Mas como el PSOE va extendérselo a Rajoy. El total infantilismo político de la CUP, que merece aquel mismo juicio que Engels sentenciara sobre el anarquismo- han demostrado de forma insuperable como no hay que hacer política- puede servir de atenuante para explicar el autogol que se han metido en su propia puerta; pero no es el caso del PSOE que sabe lo que hace aunque no hace lo que dice. Apoyar la respuesta judicial del PP y criticar su cerrazón política sin proponer una alternativa es un brindis al sol. Porque la hoja de parra del federalismo con la que tratan de esconder esa desnudez política, desvela más que tapa.
Es toda una contradicción. La mayoría del voto es progresista- supera en más de dos millones a los conservadores- pero gobierna la derecha. La cuestión del modelo de estado vuelve a cruzarse con la cuestión social e impide que las opciones de progreso avancen políticamente aunque lo hagan en las urnas. La hegemonía cultural e ideológica de las derechas- que empieza a ser seriamente erosionada por Podemos- genera que el patrioterismo continúe predominando, como estamos viendo, tanto en la CUP como en el PSOE e imposibilite la construcción de una alternativa de progreso en torno a un programa social y una política territorial que acepte la pluralidad nacional del Estado español. Si Mas embiste a Rajoy con la ayuda de la CUP y facilita la investidura de Rajoy con la prevista ayuda del PSOE- para mayor beneficio de aquellos que no tienen más patria que los bancos de Suiza- las perspectivas progresistas en España serán, a corto plazo, muy escasas. Que sean estos partidos los avalistas de los recortes socialprusianos del PP y CDC es algo más que un grave problema político para el movimiento popular surgido desde el 15-M.