Opinion · El desconcierto

El octavo grupo

Como era previsible, la derecha no mira el diente al caballo regalado, la Mesa del Congreso niega a ERC, IU y Bildu, así como a Compromís, el poder formar grupo parlamentario. Asombra la sorpresa de Patxi López por cuanto obtuvo su sillón presidencial a cambio de ceder la mayoría de la Mesa al PP y Cs. Al ser un órgano ejecutivo, el legítimo recurso a la Junta de Portavoces, órgano meramente deliberativo, es un mero recurso al pataleo. No digamos, además, la convocatoria de un Pleno para debatir sobre el derecho a decidir justo cuando entramos en la recta final hacia la investidura de un presidente de Gobierno. Todo un torpedo en la línea de flotación en la tentativa de PSOE y Podemos de reflotar un proyecto progresista que satisfaga la demanda de cambio votada por la mayoría de la sociedad española. Nada inquieta más a los partidarios de la gran coalición que el ver sumadas las fuerzas de progreso. Cuando aún no se ha firmado ningún pacto y es incierto que se rubrique, sacan toda la artillería pesada contra dicha posibilidad.
Son siete los grupos parlamentarios autorizados por la Mesa, contando el grupo Mixto, pero acaba de formarse un octavo fuera del Congreso de los Diputados, no por ello menos decisivo. Desde que el pasado lunes Susana Díaz hiciera hincapié, con especial énfasis, en que ella dispone de unos 22 diputados de los 90 del PSOE, nadie puede ignorar que Sánchez sólo cuenta con 68 fijos y 22 condicionales. De hecho, es un grupo de presión que puede extenderse, además, a los extremeños y castellano-manchegos, si nos atenemos a las duras e injustas críticas vertidas por Fernández Vara y García Page contra el posible acuerdo entre Sánchez e Iglesias. Es un aviso para navegantes tanto dentro como fuera del PSOE. Cualquier programa común que se acordara debe pasar por el fielato de Sevilla. Sin el nihil obstat de Susana Díaz, el introito será a la vez el Ite Misa est. Nunca desde la transición, ningún secretario general se ha encontrado en situación análoga. Despeñaperros abajo, Sánchez es Susana Díaz.
Este revelador cerco, acoso e intento de derribo del secretario general aumenta, paradójicamente, las posibilidades de entendimiento de Sánchez e Iglesias. La legalización de Keynes, derogando la reforma del 135 de la Constitución, junto con el blindaje de todos los derechos sociales, responden a las demandas de ambos electorados. Si se lee al tiempo el Plan de Emergencia Social de Podemos  y el paquete de iniciativas sociales del PSOE, no se sabe bien donde termina uno y empieza el otro. Si todas las siglas progresistas coincidieron en apoyar al gobierno Zapatero, ¿por qué ahora no va a ser posible el mismo apoyo a un gobierno de Sánchez ? El gran problema de quienes colocan palos bajo las ruedas de este posible programa común, es que el PSOE cuenta con una base social progresista más allá y más acá de Despeñaperros. Sin olvidar que es una inmejorable oportunidad para que el PSOE pueda finalmente librarse de los corsés heredados de la vieja generación socialista .
Sobre todo, porque los amigos de la gran coalición preparan lo que Rivera llama el desempate. Tras las fallidas investiduras de Rajoy y Sánchez, dos empates políticos, llegará el último minuto para un gobierno del PP con Cs, o de PP-PSOE y Cs  siempre sin Rajoy. Desde Berlín a Bruselas, todos los comisarios de Merkel apremian a los propietarios de los derechos intelectuales de la sigla socialista a que pongan orden en sus filas a fin de desbrozar el camino parlamentario para esa gran coalición que pueda frenar al proyecto de cambio. Más vale intervenir hoy que mañana, es la lección griega que Shaüble intenta aplicar en Madrid. Veremos que ocurre el último sábado de enero en el comité federal del PSOE  porque los dos modelos, portugués o alemán, dependen primero de la correlación de fuerzas en Ferraz. La batalla entre la alternativa de cambio y la opción del recambio inmovilista atraviesa ahora al socialismo. Tanto los lusitanos como los prusianos necesitan el pie socialista para pegar el puntapié definitivo a la vieja o nueva política.