Opinion · El desconcierto

Las dificultades del Directorio del PSOE

Como era previsible, tras el triunfo del golpe del miércoles en el PSOE Sánchez dimitió el pasado sábado. Sustituido por una gestora nombrada por los mismos que le defenestraron, en una confusa votación en el comité federal condicionada por el previo éxito de los conspiradores. ¿Qué hubiera votado el parlamento, el 23-F, por ejemplo, si Tejero no hubiese impedido que el Elefante Blanco se dirigiese a los diputados? Se equivocaba Borrell el viernes cuando afirmaba que un sargento chusquero había dirigido un  golpe de estado que chocaba contra la legalidad de los estatutos socialistas y que, por lo tanto, Prisa (42 portadas y 26 editoriales contra Sánchez desde el 26 de junio) no iba nuevamente a designar al secretario general del PSOE. Quien lo dirigió no es un patatero, la ley de la fuerza se impuso a la fuerza de la ley y El País quita y pone inquilinos en Ferraz.

Fernández no encabeza una gestora como aquellas habidas tras las dimisiones de González y Almunia. Su tarea inmediata desborda ya la mera gestión orgánica para deslizarse rápidamente a la de un Directorio encargado de adoptar serias decisiones políticas de largo alcance. La probable abstención de los socialistas en la próxima investidura de Rajoy, tanto como el tipo de oposición a la política de la derecha (PP más el extraportín de Ciudadanos), son algunos de los objetivos de los once miembros de este directorio en el que sólo figuran tres partidarios del «no es no» de Sánchez. De hecho, ya apuntan a sustituir el voto del comité federal– no digamos la voz silenciada de los militantes– por la opinión de un consejo territorial, compuesto por el estado mayor de los que terminaron manu militari con el anterior secretario general.

Una idea de la enorme dificultad que le espera al señor Fernández la da que ni él ni los que le acompañan se atreven a defender abiertamente esta abstención y recurren a variados circunloquios para vendérsela a los militantes y electores muy mayoritariamente en contra de apoyar a Mariano Rajoy, puesto que abstenerse es apoyarle. Hablan, eso sí, de una España por encima del partido, o del peligro de las urnas, cuando no de la salvación del PSOE, como si los intereses inconfesables de la derecha española fuesen prioritarios a los del socialismo, unas elecciones fuesen a castigar el no a Rajoy, o el firme seguidismo de la política del PP pudiera salvar al Partido Socialista. Así ahora, las federaciones de Cataluña, Euskadi, Castilla León, Baleares, Valencia y Madrid son contrarias a la de Andalucía, que intenta extender a toda España su gobierno con la derecha.

Ninguno de ellos ignora que la abstención no sería más que el primer trago de un enorme trágala que continuaría con el tipo de oposición –la llamarían oposición de estado–, a ejercer tras apoyar la investidura de Rajoy a finales de octubre. Las mismas razones que les obligan hoy a pasar por el aro de investir al candidato del PP, les obligarán mañana también a sostener la política del PP. Carecería, pues, de sentido decapitar a Pedro Sánchez sin guillotinar todo lo que representa, más allá de cuales sean sus motivaciones reales. Los autores intelectuales del golpe de estado necesitan un gobierno estable, una legislatura bien controlada y todo el PSOE normalizado. Que nadie se llame a engaño. Sin un PSOE domesticado, que se preste a ser la guinda roja de la política de la derecha, los poderosos lo van a tener bastante difícil para poder continuar aplicando nuevas dosis de medicina de caballo a la mayoría de la sociedad española.

El Directorio apenas tiene veinte días para dar la vuelta a la decisión del comité federal. Con la agravante, además, de que ahora, tras haber ofrecido la cabeza de Sánchez en bandeja de plata a la Moncloa, el PP pide aún mucho más que lo que pedía al decapitado. El precio de la abstención ha subido tanto como ha descendido la cotización electoral a la baja del socialismo. Si, además, ya renuncian a la búsqueda de un gobierno alternativo, miel sobre hojuelas para el señor Rajoy. El parte de los que acaban de ejecutar a Sánchez– cautivo y desarmado el ejército del PSOE–, recuerda bastante al que continuó a la decapitación de Juan Negrín por Besteiro. Victorias de la derecha, entonces militar y ahora política, allanada por los que dieron y dan el golpe fratricida.

La gestación de la abstención puede terminar en aborto y dejar malheridos a los gestantes. Parir en poco más de una quincena de días el apoyo a Mariano Rajoy es, prácticamente, una tarea imposible si el señor Fernández trata tan sólo de persuadir. Sin la coacción, como la demostrada con Sánchez, las dificultades del Directorio del PSOE serían sencillamente insuperables, salvo, claro está, que Iñigo Urkullu les ayudara con sus cinco votos en el Congreso de los Diputados, siempre que el PNV viera una actitud comprensible con las reivindicaciones de Euskadi en la negociación en curso sobre el Cupo. Mientras tanto, tampoco es nada fácil que el nacionalismo vasco se pringue, el Directorio va a verse obligado a purgar a los «insensatos sin escrúpulos», que aún quedan en el PSOE para poder proclamar que el orden reina en Ferraz.