Opinión · El desconcierto

Casado, Rivera y el flautista de Hamelin

Quienes negociaron con el dirigente de ETA, Mikel Antza, quienes calificaron como Movimiento de Liberación Nacional Vasco a ETA, quienes recurrieron al obispo Juan María Uriarte como mediador, califican hoy de alta traición que el presidente Pedro Sánchez vaya a dialogar con Quim Torra, presidente de una Generalitat a la que descalifican políticamente a la vez que denuncian histéricamente, la búsqueda de un relator. Que los tres enviados de Aznar a Zurich– Zarzalejos, Arriola y Fluxá– se reunieran con el máximo dirigente etarra, utilizando a la Iglesias Católica como mediadora, fue algo muy alabado por toda la derecha que ahora denuncia como traidor al presidente de un Gobierno democrático que busca el diálogo político con el presidente democrático de Cataluña.

El triunvirato de las tres derechas hispanas vuelve a manifestarse este domingo, en la capital de España, como hace  trece años se manifestaba Rajoy contra un Estatut de Cataluña recién votado por el parlamento catalán. En aquella fecha, 2006, el Partido Popular organizaba el boicot a los productos catalanes, mientras nacía Ciudadanos con una propuesta que desbordaba por la derecha al PP catalán. No es, por lo tanto, la actual Generalitat de Torra, sino la anterior Generalitat del socialista Pascual Maragall el pretexto de una movilización política que utiliza la histórica cuestión catalana para intentar romper la mayoría progresista que sostiene el Gobierno de Pedro Sánchez.

Si España estuviera situada en el patio trasero de los Estados Unidos, Casado y Rivera se autoproclamarían presidentes en la plaza de Colón. Aquellos mismos que en el verano de 2010 reeditaron el tamayazo en el Tribunal Constitucional– un catedrático nombrado por Zapatero que votó con el Partido Popular la castración de aquel Estatut catalán–, reeditan ahora la retórica incendiaria de los camisas azules, a la vez que los estereotipos de la antiEspaña y de la conjura judeomasónica. Al mismo tiempo, Casado y Rivera no han titubeado en aceptar en Sevilla la mano abierta de Santiago Abascal, declarado adversario de la España de las Autonomías, para formar gobierno en Andalucía.

¿Cómo defender la Constitución, que dicen hoy defender Casado y Rivera, junto con un VOX que niega la España de las autonomías? Este no es el objetivo real. De lo que se trata, Albert Rivera lo ha dicho textualmente, es de echar a Sánchez de la Moncloa. Por las buenas o por las malas, como siempre ocurre cada vez que gobiernan fuerzas progresistas. Y para este muy claro objetivo, nada mas eficaz que la manipulación de la cuestión catalana. No les preocupa Cataluña, lo que les preocupa es la aprobación de unos Presupuestos sociales que han sido elaborados por el PSOE y Unidos Podemos. Saben muy bien que si se aprueba su tramitación, no les queda otra opción que asistir a la consolidación parlamentaria de un programa común de todas las fuerzas progresistas de la sociedad española.

En la penitencia llevan el pecado del 155. Ya que el problema es que tanto Casado como Rivera sienten en su cogote elitista el aliento del nacionalpopulismo de Abascal, que con sus consignas y discursos marca, cada vez más, el rumbo de las tres derechas. Al copiar a pies juntillas la populista de Vox, la derecha elitista se va jibarizando progresivamente. La ventaja de VOX es que habla con claridad y que nunca esconde sus objetivos políticos, justo lo contrario  de lo que hace el Partido Popular y Ciudadanos. La ausencia de un líder carismático en el PP y el continuo e intermitente cambio de careta de Ciudadanos potencian el sólido liderazgo de Santiago Abascal y el espectacular ascenso de la formación que dirige.

La manifestación del próximo 10 de febrero, en la plaza de Colón de Madrid, será, sin lugar a dudas, el segundo gran éxito de VOX, tras su espectacular irrupción en Andalucía. Ni Casado, ni Rivera estarían hoy emulando a un Guairó carpetovetónico, si sus electores no se sintieran fuertemente atraídos por el discurso nacionalpopulista del líder de Vox. Probablemente todo sería más previsible. Casado seguiría hablando catalán en la intimidad, como ya hiciera su patrón Aznar, y Rivera buscaría coaliciones con Sánchez como las de aquel febrero de 2016. Ahora, todo huele a falso e impostado. Desesperados, imitan la melodía del flautista de Hamelín de VOX  con la esperanza de que sus electores no les abandonen. Pero no tardará  Santiago Abascal, en las triples urnas del 26 de mayo, en cobrar sus  derechos de autor en votos contantes y sonantes.