Opinion · El desconcierto

El espejismo de Suma España

No había ocurrido entre Carrillo y González, tampoco entre Anguita y González, ni entre Frutos y Almunia, lo que estos mismos días sucede entre Sánchez e Iglesias. Ni es mayor la desconfianza mutua, ni menor los recelos recíprocos entre el PSOE y Podemos que los que hubo entre las dos izquierdas durante la transición, el final de Felipe González o el comienzo de aquella mayoría absoluta de Aznar. Sin embargo, la sociedad española asiste perpleja a la cuenta atrás hacia una nueva convocatoria de unas elecciones anticipadas, como consecuencia del inesperado pulso por la presencia o ausencia de los morados en el próximo Gobierno socialista. Polémica inédita en más de siglo y medio de larga historia de la izquierda española, siempre protagonizada por ásperas discusiones programáticas e ideológicas.

Es cierto, como argumenta el propio Iglesias, que  los escaños del PSOE y Podemos suman 165, pero no lo es menos que faltan unos once escaños más para la consecución de la mayoría absoluta. Al contrario de Vox, que asimismo exige consejerías en los gobiernos de Madrid y Murcia, los doce escaños de Abascal sí que otorgan la mayoría absoluta a Díaz Ayuso y López Miras. Ese factor cuantitativo marca un salto cualitativo de los de Vox ante las tres derechas que, lamentablemente, Podemos ha sido impotente para darlo. No es, por supuesto, un dato para negarle el acceso al Consejo de Ministros, pero si los morados no hubiesen perdido casi 30 diputados seguro que hoy Sánchez no estaría en condiciones de impedirlo.

Si Sánchez e Iglesias aparecen engarzados en una lucha , cuando todo hacía prever justamente lo contrario tras el 28 de abril, se debe a lo que algunos politólogos denominan Suma España. O más exactamente habría que decir el espejismo de Suma España con el que se trata de presionar a Pedro Sánchez para que acepte hoy la exigencia de Pablo Iglesias. Es decir, agitar el fantasma de la posible unidad electoral del PP y Ciudadanos en una veintena de pequeñas circunscripciones electorales, si es que se convocan nuevas elecciones generales, para que el PSOE no decida mañana convocarlas. O dicho en clásico roman paladino, Podemos perderá escaños, pero Sánchez podría perder la Moncloa si se abren las urnas en noviembre.

No hay ni puede haber Suma España. Es una extrapolación tan forzada como interesada, puesto que la actual Suma Navarra responde a una comunidad bipolarizada entre el sentimiento navarro y el español. Demasiado lejos de la realidad de España protagonizada por la dicotomía derecha e izquierda. Ni tampoco Partido Popular o Ciudadanos parecen dispuestos a reeditar el fallido experimento de las tres derechas, todo un Suma España avant la lettre, ni los poderosos intereses que representan están por la labor. Más aún. Si se prestaran, nada beneficiaría más electoralmente a Sánchez como le ha beneficiado el 28 de abril. La alternativa de la involución, se presente como se presente, es rechazada por la mayoría de los españoles.

Quizás ese espejismo pueda ser la razón del pulso de Iglesias a Sánchez. Estimar que, entre su espada y la pared electoral, la Moncloa le abriría las puertas. Si es así, es evidente, al menos para quien esto escribe, que Suma España es un fantasma que podría acabar restando escaños a Iglesias. Podemos perdió un millón de votos tras votar contra la investidura de Sánchez en marzo de 2016, pese a que entonces había pactado con el derechista Rivera, y la más que probable irrupción de otra sigla de la izquierda minoritaria, ya presente en Madrid, podría debilitar muchísimo más la presencia parlamentaria de Podemos. Sería tanto como quedarse sin ojos con tal de que el rival pudiera quedarse tuerto.

El voluntarismo y el subjetivismo, dos enfermedades históricas en la minoría de izquierda española, siguen tan vigente como cuando en los inicios de los sesenta los denunciaba Fernando Claudín en su clarividente libro azul. Peor aún. Hoy combinados con la teoría de los juegos, los duelos al sol , los Juegos de Egos y el maquiavelismo de sacristía que los jalea, pueden acabar multiplicando sus numerosas consecuencias nocivas. A la vista está, salvo que un ataque de razón despeje el espejismo de Suma España, reinstalando en la realidad de la correlación de fuerzas, a quienes aún ven un oasis donde continúa el desierto.