El desconcierto

El cheque de Junqueras y el talón de Torra

Valorar la primera reunión de la llamada Mesa de Diálogo -no se sabe bien porque la llaman así dado que no se escuchan mas que  dos monólogos- no es una tarea difícil, si se tiene en cuenta la votación del jueves sobre el techo de gasto. Esquerra Republicana votó a favor y Junts per Catalunya votó en contra. Nada sorprendente desde la sesión de investidura de Pedro Sánchez, pero que vuelva a mostrar que nada ha cambiado en ambas fuerzas. Porque de la cita del miércoles de cenizas, un contraste de pareceres entre  unas quince personas, no puede desprenderse ninguna conclusión política que justifique el cheque en blanco ofrecido por Oriol Junqueras ni tampoco el talón conformado exigido por Quim Torra

¿Son necesarias quince sillas para la Mesa del Govern con el gobierno central? Hace unos días el lehendakari, Iñigo Urkullu, y el presidente del Gobierno han acordado nada menos que el traspaso de la gestión de la Seguridad Social a Euskadi en una mesa normal como las que han presidido todas las reuniones políticas desde la célebre cumbre de Yalta. Trasvase de competencia que pese a estar reconocida por la  Constitución ha tardado cuarenta años en cumplirse. La experiencia enseña que cuantas más sillas menos acuerdos, y que quienes buscan impedirlos  amplían siempre su número para alargar las sesiones y aplazar inevitablemente cualquier decisión colectiva  imposible de concretar.

Más allá de la agenda oficial, el reencuentro de Cataluña con España, los monólogos giran sobre el precio político  a pagar por  el apoyo catalán a la continuidad del gobierno de Pedro Sánchez . Que pasa por dar el visto bueno a los Presupuestos Generales del Estado, que la Moncloa presentará en cuanto tenga muy bien amarrados los probables escaños de Esquerra Republicana y los posibles de Junts per Catalunya. Las dos fuerzas buscan apoyar al gobierno del Partido Socialista, ambas han sacado todas las lecciones pertinentes de la experiencia del 1 de octubre de 2017, lo que sucede es  que no coinciden  en la factura a cobrar hoy por consolidar en los próximos meses al presidente Sánchez.

Junqueras estima que Quim Torra se pasa al exigir un talón conformado, derecho de autodeterminación y amnistía, que evidentemente  el Gobierno no puede dar, a la vez que Torra piensa que Oriol Junqueras no llega al ofrecer un cheque en blanco, antes de que la Mesa concluya. Uno y otro tienen razón. El Estado, único banco político que podría conformar el talón, nunca lo hará; la Mesa se disolverá en cuanto la Moncloa se vea con los votos de los Presupuestos. No hubiera habido ninguna reunión si Pedro Sánchez hubiese podido evitarla, tal como hizo, por cierto, cuando Esquerra votó en enero de 2019 contra el Partido Socialista. No es una opción estratégica sino táctica la que mantiene la Mesa.

!Que viene el lobo¡ es el único argumento de peso que el PSOE utiliza para convencer a Junqueras que extienda un cheque en blanco, y a  Quim Torra para que  se abstenga de presentar su talón conformado. El resto del argumentario son promesas; palabras y más palabras que no tendrán otro valor que el que Sánchez quiera darle una vez que hayan votado los Presupuestos. Como no parece que Junts per Catalunya vaya a romper el talón, Esquerra aparece como indecisa a la hora de firmar un cheque en blanco al PSOE en vísperas de unas elecciones catalanas en las que hoy se juega la hegemonía soberanista. ¿Debe Cataluña aparcar sus reivindicaciones para que Sánchez no sea sustituido por un Rajoy bis?

Sánchez, Torra y Junqueras bien  lo saben cuando hablan de un acuerdo político en un marco de seguridad jurídica. Es decir, la cuadratura del círculo. Ya el recurso al eufemismo seguridad jurídica, para no mencionar la Constitución que sí votaron los catalanes pero no los vascos, refleja que es poco menos que imposible el llegar a una síntesis legal que permita una consulta a la sociedad catalana. Esa décimosexta silla invisible, en la que bien se atornilla el actual Consejo General del Poder Judicial del Partido Popular que se niega a ser renovado, ha estado tan presente como las restantes  sillas en la reunión de la Moncloa. Es  la espada togada de Damocles sobre la  cabeza de Pedro Sánchez.