Principio de incertidumbre

Hora de elecciones en Madrid

La presidenta de la Comunidad de Madrid se va. Esperanza Aguirre dimite dejando entrever que pesan mucho sus problemas de salud y provocando algunos rumores entre quienes apuntan a sus enfrentamientos con Mariano Rajoy como detonante de su marcha. Y aunque es verdad que es sospechoso pensar que hace cuatro días la Dama de Hierro del PP salía eufórica a celebrar que Eurovegas se lo llevará Madrid –su último legado para la Comunidad, tan funesto como todo lo demás- y que se fajó en el debate del estado de la región con la pirotecnia insultante de siempre, no parece que sus últimos desamores con Rajoy a costa del caso Bolinaga puedan ser suficiente espoleta para semejante espantada: su distanciamiento con el presidente del Gobierno es viejo como la Biblia.

Sea como fuere, Aguirre se marcha dejando a los madrileños un legado de recortes educativos y privatizaciones sanitarias, un megacasino para el futuro, un puñado de micrófonos abiertos y a Ignacio González en la presidencia. El número dos de Aguirre... ese señor que no coló en la presidencia de Caja Madrid y que ahora se ve con un ático en Marbella y de mandamás en funciones de la Comunidad de Madrid. ¡Las vueltas que da la vida! Que se lo pregunten a los madrileños si no, que hace un año votaban a Alberto Ruiz Gallardón y a Aguirre, y ahora se encuentran con Ana Botella de alcaldesa y con el señor González en la Comunidad.

Suena a tomadura de pelo. Y es que lo es. Sobre todo en el caso del ministro de Justicia, que prometió cuatro años a los madrileños y en unos meses se pasó a dirigir las togas: incumplidor pertinaz cual promesa de Rajoy.

¿Y ahora? Ahora Madrid queda como la capital de Italia, lugar donde los mandatarios ya no pasan por las urnas. Sin querer comparar a Mario Monti con Ana Botella o Ignacio González (puede que nadie resista comparación con ninguno de los dos), cabe decir que con una alcaldesa y un presidente a quienes nadie votó para esas funciones, sería deseable convocar unas elecciones. Más que nada para que a España no le abandone del todo el desodorante democrático. Además tampoco pasa nada por repetir unas elecciones en Madrid: ¿se acuerdan de la espantada del Tamayazo en 2003 que impidió a la izquierda alcanzar el Gobierno regional y dio una segunda oportunidad a Aguirre seis meses después de votar? Sería hora de devolver el favor.

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Actualización 20:48: En respuesta a algunos lectores, me parece oportuno y pertinente aclarar que la maniobra similar que realizó el PSOE en Castilla-La Mancha (José Bono) y Andalucía (Manuel Chaves) me parecieron una tomadura de pelo idéntica. El mismo caso irritante. Lo expreso aquí, ahora, como aclaración, ya que entonces no contaba con este espacio para expresarme. Los políticos deben cumplir sus compromisos y no presentarse a unas elecciones para cambiarse poco después a otros cargos. Y si lo hacen: pues elecciones. Hablo de Madrid porque la actualidad está ahí.

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