Principio de incertidumbre

De estratosferas y mantillas

Si algo hemos aprendido esta semana es que Redbull te da alas. Eso y que un tal Felix Baumgartner va a romper en algún momento la barrera del sonido cayendo a plomo desde la estratosfera sin motivo aparente para hacer tal cosa. El evento, temporalmente suspendido por el viento, ha despertado todas las conjeturas astrofísicas. A los expertos les pasa como con los recortes presupuestarios: ninguno se pregunta si sirven para algo (pues está claro que no), pero andan teorizando sobre qué será de este pobre hombre si se desequilibra a mil kilómetros por hora, o si la presión de esa velocidad récord hará que se desplacen sus órganos o, por el contrario, sólo le deje un ligero estreñimiento. Incluso hay especulaciones sobre dónde caerá el héroe espacial; y hay quien estima que, atendiendo al vértice estratosférico de partida y las posibles desviaciones paramétricas (o qué se yo), no sería raro que aterrizara en la España de 1966.

Imagínense que, si por esas extrañezas que tiene la vida -cosas más raras se han visto-, se posa en la España del blanco y negro y no percibimos la diferencia. No sé. Recuerden la época o asómense a la ventana. Figúrenselo cayendo entre cubos de basura atestados de gente que busca comida o ensartado inoportunamente por la peineta de una ministra de mantilla enlutada que salía de una misa. O piensen en las consecuencias de que cayese en aguas andaluzas y un mandatario gallego de derechas tuviera que bañarse en Palomares para demostrar que no hay ningún peligro radioactivo. O imaginen que el astronauta se precipita en medio de una manifestación frente a las Cortes Generales donde la policía pre o posdemocrática -según se mire- le está corriendo a hostias a la población. Esta especie de astronauta austriaco (¿austrionauta?), de cumplirse dichas previsiones espacio-temporales, pasaría de romper la barrera del sonido a que le rompan la crisma por traspasar la barrera del silencio.

Se llevaría un grato récord de porrazos si cae en esas manifestaciones de la España de Cuéntame cómo pasó, sí. No cesarían de darle palos junto a Antonio Alcántara hasta que un infiltrado, sea policía o marciano, viéndolo de uniforme y con casco gritara: "¡es compañero, es compañero!", como si eso fuera un eximente para recibir lo suyo. Si aquí reciben por igual las abuelas, los portadores del gen marxista y los camareros que ponen grasientos bocatas de calamares, cómo no iba a pillar un pseudo astronauta -de origen posiblemente ruso- que aparece de improviso.

En cualquier caso, sea en el pasado o en el presente, ya sería mala suerte aterrizar en España, donde el diferencial de riesgo de posarse es bastante superior al de otros países como Alemania o Francia. Esto lo saben bien los mercados financieros y las abubillas.

La primera consecuencia para el deportista austriaco es que no batiría el récord. Aquí hace ya años que gobernantes y empresarios consiguieron subir el país a la estratosfera en un globo de gas inmobiliario para arrojarnos después a todos a velocidad del sonido. En España no puedes impresionar con estas cosas, a no ser que caigas dentro de un cubo de agua, claro está, que entonces el asunto captaría toda nuestra atención.

No es buena idea para este señor descender en España, no; eso es caer por encima de sus posibilidades. Porque si se rompe un tobillo al tomar tierra, sería el acabose para él. Siendo extranjero y sin papeles... ni cobertura sanitaria tendría, oiga.

Los riesgos de caer aquí son, en fin, innumerables; por eso desde la estratosfera, precisamente, se puede ver cómo salen más personas y billetes de 500 de los que entran. Tal cantidad de capital humano y morralla especulativa no pueden estar equivocados al mismo tiempo.

Éste no es el sitio apropiado para estas aventuras. Se mire por donde se mire. Si caes en Mallorca, pueden confundirte con un extranjero que hace balconing tras un día de turismo de calidad de sol y birra; si caes en Barcelona, te pueden tomar por el espíritu del catalanismo que viene a inaugurar la patria; en Andalucía puedes pasar por una performance social de Sánchez Gordillo, y, si se te ocurre caer sin cenar, no te dejarán poner un pie en ninguna parte del país, pues si tu traje espacial no tiene bolsillos, difícilmente llevarás algo suelto con que pagar la tasa del tupperware. «De la estratosfera se viene cenado», dice el párrafo constitucional que añadieron PSOE y PP en 2011.

En definitiva, es mejor no añadir peligrosidad a la hazaña de dar ese salto al vacío. Pues al parecer la vida de este deportista austriaco va a correr un serio y verdadero peligro. Incluso se dice que su sangre puede ponerse a hervir en un momento dado. Algo que cayendo en España lo tienes asegurado. Aunque saltes desde un banco del parque del Retiro.

______________________________________________________________________

Estoy en Twitter y Facebook

______________________________________________________________________