Entre leones

¡Franco, al paredón!

Una vez que el Tribunal Supremo ha avalado la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco Bahamonde, todo hace indicar que será depositado en el cementerio de El Pardo, junto a los de su santa esposa.

Eso sí, primero el Gobierno tiene que superar el escollo que representa un juez de Madrid, contrario a la broma esa de la Ley de Memoria Histórica y militante de la cofradía del Cristo de la Victoria, el Movimiento Nacional y el 18 de julio.

Pero esta vez la España democrática, respaldada unánimemente por el Tribunal Supremo, va a sacar al sanguinario dictador del mausoleo del Valle de los Caídos, construido con la sangre, el sudor y las lágrimas –y sus vidas en muchos casos- de los presos republicados.

Con 33.833 personas enterradas entre vencidos y vencedores -12.410 sin identificar y muchísimos de ellos sin el consentimiento de sus familiares- representa la mayor fosa común de la Guerra Civil.

Pero por las cunetas de todo el país yacen 114.226 desaparecidos, que aún esperan una exhumación que les permita recorrer el larguísimo camino hasta sus familiares.

En estos días, las derechas y sus esbirros repiten la cantinela de que no hay que remover el pasado, que Franco está muerto y enterrado, que la España democrática supero en la Transición el episodio –les falta decir que heroico- de la Guerra Civil sin revanchas.

Y una mierda: tras la muerte del dictador, las fuerzas democráticas, sobre todo las de izquierdas, se tragaron enterito el testamento de Francio y apenas si hubo margen para respaldar un sistema de libertades que se olvidaba por decreto de las víctimas del franquismo.

Es verdad que durante la Guerra Civil se cometieron atrocidades por parte de ambos bandos: hace unos pocos artículos relataba cómo fue asesinado en Ronda Joaquín Amigo, un catedrático católico de Literatura amigo de Lorca y Rosales, y no dejo de recordar los cadáveres de un grupo de mujeres republicanas y pobres fusiladas juntas en el cortijo El Marrufo, en la provincia de Cádiz (sus cuerpos están en el cementerio de La Sauceda, a pocos kilómetros, en todo un monumento a la memoria y a la dignidad)

Pero no es menos cierto que más de 100.000 republicanos fueron asesinados por Franco tras el fin de la Guerra Civil. El dictador, sin compasión ni perdón, decretó una persecución del derrotado hasta el exterminio.

Fue curioso ver cómo este verdugo paseó bajo palio todos sus crímenes de lesa humanidad.

Por todos ellos, yo a Franco lo llevaba al paredón.

Y me explico: cogía sus restos -y los de su santa esposa- y los depositaba junto a la tapia más sombría del cementerio de El Pardo, al objeto de sintiera en sus huesos el tiro de gracia y el frío de la noche más larga.

PD: Nada más que por esta reparación histórica que viene en camino merece la pena volver a votar el próximo 10 de noviembre. Y yo, sin complejo y sin dudas, lo haré por quien ha sido el principal artífice de ella: Pedro Sánchez. Y me importa un pito o dos que me critiquen los fascistas. Es más, lo prefiero.