Opinion · Entre leones

Vox y la clase trabajadora

Que los ricos estén deseando votar a Vox el domingo, se entiende. La rebaja fiscal que plantea la extrema derecha les beneficia claramente: dos tramos de IRPF y un tipo único del 22% de Impuesto sobre Sociedades, utilizando el IVA para sustituir las cotizaciones sociales y semiprivatizando el sistema de pensiones, se traduce en más taco para los del taco.

Que los empresarios estén en el mismo estado de excitación, pues eso, Vox tracatrá. Esta pandilla aficionada a los loft en suelo industrial les va a tunear la ley de huelga para devolverla a la Edad Media; todo para que las protestas queden reducidas a unos ejercicios espirituales impartidos por los jefes de Recursos Humanos.

Y se cargará los convenios colectivos para esclavizar uno a uno a los curritos.

Que los franquistas estén ya haciendo cola en sus colegios electorales para lo mismo, pues es normal. Como es sabido, Vox es en esencia un partido franquista, repleto de tics anticonstitucionales y de toda la parafernalia que caracteriza al fascismo español. Eso sí, no sacan la bandera con el aguilucho porque saben que espantan hasta a los muertos.

Que los taurinos más radicales y asentados en barrera formen parte de los forofos de estos señores gachones, también se entiende. Vox defiende al toro y a los toreros como parte del patrimonio cultural indisoluble de España, con el arrastre del morlaco como mayor expresión de este singular arte de sangre, sudor y albero.

Que los especuladores de la Bolsa o la vida hayan comprado todas las papeletas de Vox y que las depositarán el domingo en las urnas, pues tiene que ver con la máxima rentabilidad y barra libre que les ofrecen Abascal y compañía. Normal.

Que los cazadores de caza mayor, posiblemente ricos, empresarios, franquistas, taurinos y especuladores, lleven días ensayando, con el carné en la boca, eso de votar a Vox, pues no es nada extraño.

Saben que como Vox logre un grupo político importante va a permitir la caza mayor pero a lo grande, es decir, se podrá cazar en el Serengeti español (PN de Cabañeros) elefantes, rinocerontes, leones, jirafas… ¡Qué coño, hasta dinosaurios!

Pero más trabajo me cuesta entender el entusiasmo que muestran los cazadores de caza menor –en mi pueblo hay muchos-, que por lo que me cuentan están convencidos de que Vox va a llenar los campos de conejos, liebres, perdices, palomas torcaces, zorzales, sin restricciones de ningún tipo y con garantías de que se matará todo lo que se tire o te devuelven tu voto.

No entiendo esta afición de estos cazadores por Vox, porque la inmensa mayoría ni son ricos, ni empresarios trentinos, ni franquistas, ni taurinos radicales ni especuladores mangantes. Son simplemente trabajadores honrados que mal que bien llegan a final de mes a duras penas, y que les va mucho mejor que a sus padres, que fueron pobres o pobres de solemnidad; caninos del mundo, en definitiva, como el 90% de la humanidad.

Ellos, mirando detenidamente el programa económico que plantea Vox, serían los principales perjudicados.

Por ejemplo, la bajada de impuesto que beneficiará a los ricos será a costa del actual sistema sanitario público, que se tornará en absolutamente inviable, junto a otros pilares del Estado del bienestar.

¡Como se entere la abuela, que va un día sí y otro también al médico de familia, va a repartir hostias como panes!

Una puerta grande para las mutuas privadas y para la caridad. Muy caro nos va a salir el conejo, ¿no?

En materia laboral, por poner otro ejemplo, Vox bajará los costes de indemnización hasta dejarlos en 20 días por año, y pretende meterle mano al sistema de protección al desempleo, porque, como es sabido, solo acoge a gente sospechosa de no querer currar, entre otros vagos y maleantes, según el peculiar ideario de estos populistas de tomo y lomo con un toque racista y xenófobo y un chorrito de vinagre.

Más beneficencia al canto.

Demasiada tela por una perdiz, ¿no?

En cuanto a “la avalancha de pensionistas” que se avecina, pues un sistema semiprivado como paso previo a un sistema privado, y caridad, mucha caridad, un padrenuestro de primero y otro de segundo, alguna avemaría como postre y una copita de vino consagrado para rematar el menú de Ponga un pobre a su mesa (o 20 millones).

Zorzales a precio de oro. ¿no?

En fin, que Dios nos coja confesados si los trabajadores votan como los hijos de la polla del amo.