Jose A. Pérez

Sinvanguardias

Hace unos días, Francisco Camps comparecía ante los medios para expresar su alegría por la decisión del TSJCV. La frase anterior puede parecer correcta, pero no lo es. Porque es mentira. Lo que ocurrió realmente fue que el Partido Popular remitió a los medios un video en el que Camps comparecía ante nadie. O, más precisamente, ante una cámara operada por un trabajador subcontratado por el propio partido.

No es una práctica exclusiva del PP; el PSOE también es aficionado a artimañas semejantes (aunque algo menos). Durante la última campaña, los actos electorales eran grabados, editados y difundidos por los partidos, de manera que el material emitido por los medios era exactamente el que los partidos deseaban que se emitiera. Alguno de esos videos podría haber ganado un Goya al mejor cortometraje de ficción (si no lo hizo fue, me temo, por el poco carisma de sus protagonistas).

Hace unos años, se pusieron de moda las ruedas de prensa sin preguntas, moda que ha llegado hasta nuestros días en excelente forma. Se trata de una suerte de NO-DOs contemporáneos en que los políticos emiten su mensaje sin esas absurdas molestias periodísticas llamadas preguntas. Es un alivio, imagino, que nadie te lance tus contradicciones a la cara, que nadie ponga de manifiesto los agujeros de tu discurso o te arrastre hacia una concreción que deseas evitar.

Los políticos dependen de los medios de comunicación de masas, porque, en el fondo, ellos son y se saben personajes televisivos. Por ese motivo, la relación entre la política y los periodistas siempre será tensa. Y también por eso, los políticos recurren en ocasiones a tretas como las mencionadas. Videos pregrabados, sin periodistas, sin preguntas, donde los comparecientes puedan ensayar, errar, retomar y hacer tantas tomas como necesiten hasta quedar satisfechos. Claro que el producto resultante nunca será información por más que tenga su forma. Será otra cosa a la que convendría ponerle nombre para saber a qué atenernos. A nuestros políticos les ocurre lo mismo que a Truman Capote: que los géneros se les han quedado cortos. Capote inventó la novela de no ficción; nuestros políticos, el periodismo de no realidad. Son unos sinvanguardias.