Opinión · La soledad del corredor de fondo

¿Existe una alternativa a la democracia representativa?

El periodista y politólogo Michael Neudecker ha tenido el acierto de recuperar en su blog los debates que sobre “la cuestión democrática”, protagonizó el gran jurista marxista y socialista italiano, Norberto Bobbio.

Como bien nos recuerda Neudecker, “no nos representan” fue el grito más popular del movimiento 15-M, expresión de la crisis social e institucional que sufre el país.

La consideración de la actual crisis como una crisis de “régimen” sitúa el debate de la democracia como el debate central de los sectores que quieren y luchan por un cambio en España. Precisamente la “cuestión democrática” fue el eje central del debate que Bobbio sostuvo con los comunistas italianos en los momentos de definición del eurocomunismo, al preguntarse el autor italiano si existía una teoría marxista del estado que permitiese dotar de bases sólidas y creíbles a lo que Pietro Ingrao llamaría una “democracia de masas”, superadora de la democracia representativa italiana del momento.

Debate que se reprodujo en 1984 cuando Bobbio publicó su conocida obra “El futuro de la democracia”. Si el debate mantenido con el PCI iba dirigido a destacar que la equiparación de la democracia representativa con mera “democracia formal”, no era acertado, en “El futuro de la democracia” el autor italiano situaba el debate entre democracia representativa y democracia directa, al entender que esta última, considerada en sí misma, “era una propuesta insensata”.

Lejos de pretender una defensa de la democracia representativa desde una óptica conservadora, Bobbio pretendía mantener un debate desde el rigor, al preguntarse si de verdad es posible más democracia dentro de un sistema de economía de mercado. Pregunta, en mi opinión, clave.

La cuestión fundamental de la democracia para Bobbio no estaba, por tanto, solamente en quién toma las decisiones, sino sobre todo dónde se toman. Por lo tanto, según este autor, “si se puede hablar hoy de un proceso de democratización, éste consiste no tanto, como erróneamente se dice, en el paso de una democracia representativa a la democracia directa, como en el paso de la democracia política en sentido estricto a la democracia social”.

Este objetivo de “extender la democracia” nos lleva a superar, obligatoriamente, el actual marco político y constitucional y hacer que la democracia “entre” o se extienda a las dos esferas centrales que en la sociedad actual “no funcionan con criterios democráticos”. Me refiero al ámbito de la empresa privada y de la administración pública.

Metas que llevan a la necesaria construcción de una alternativa del Derecho, que para hablar claro, conduzcan a la socialización de la propiedad privada y la socialización del poder, donde el “trabajo” pase a ser rector de la vida económica del país, y no solo la propiedad; y transcender en el marco de la administración, la separación existente entre tareas de ejecución (propias de la mayoría de la sociedad) y tareas de elaboración (reservadas a una élite).

Elementos que fundamentan, en última instancia, la aparición de una conciencia política y jurídica constituyente, que tienda a ser una negación en sí misma de la conciencia política y jurídica precedente, es decir, capitalista.