Fuego amigo

Hay que guardar el champán

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El Partido Popular contempla con horror la firma del pacto social entre sindicatos, patronal y gobierno. Ayer martes fue un dies horribilis para los profetas del caos; y para los demás, un día agridulce. Bueno, en realidad, después de escuchar a los representantes de la patronal y de los sindicatos, alegrándose por el acuerdo, llegué a la conclusión de que nunca se había visto alegría más triste. En su lenguaje corporal, todo un poema, parecía que más que haber llegado a un consenso venían del dentista. Un pacto que, como toda dura negociación, se deja en el tintero, o tira a la basura, muchas reivindicaciones, hasta entonces consideradas irrenunciables, de cada una de las partes negociadoras, y que solo el tiempo dirá cuántas cabezas acabará cobrándose.

Entre medias, González Pons, el vicesecretario de Comunicación de un partido que no movió un dedo para que las fuerzas sociales alcanzaran ese acuerdo doloroso, el monologuista que cada día lee con más gracia los guiones que le escribe el club de la comedia de Génova 13, lo definía muy gráficamente: "Es patético ver al Gobierno celebrando que ha conseguido un acuerdo con los sindicatos para rebajar la pensión", cuando en realidad quiso decir, traicionado por el subconsciente, que "es patético ver a los sindicatos celebrando que han conseguido un acuerdo con el gobierno para rebajar la pensión".

Y lo que es peor, con la traición de su electorado genético, que no es otro que la patronal, que se suma de manera entusiasta, también con cara de enterrador, al contubernio para sacar a España del atasco, después de que Díaz Ferrán, el tapón del pacto, se retirara para planificar mejor su defensa ante los tribunales.

Ya se lo había apuntado antes Cospedal, que no comprendía "el entusiasmo del PSOE" por un acuerdo sobre la reforma de las pensiones que exhibe el mismo pedigrí que el que han aprobado sus colegas conservadores en el resto de Europa, con la mitad de paro que en España. Sea lo que sea, y hablando de tapones, la Cospedal acusaba el golpe, porque el concepto de "pacto social" es para el PP lo que para Superman la kryptonita: "eso no es para abrir el champán".

Habían llegado a un acuerdo beneficioso para todos (menos para el PP), pero en las ruedas de prensa de ayer no se atrevía a sonreír ni dios. Nunca fue tan penosa tanta alegría. Y por si fuera poco, hoy se tienen que hacer la foto todos juntos. Vamos, chicos, el último esfuerzo.

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Meditación para hoy:

Solo por malmeter un poco.

Érase un vez un poeta llamado Marcial, nacido en el año 40 de nuestra era en lo que hoy es Calatayud, que alcanzó un notable éxito en la Roma cortesana, conocido sobre todo por sus epigramas satíricos. Podríamos decir, salvando las diferencias obvias, que era una especie de Óscar Wilde en versión romana. Casi dos mil años antes de la Ley Sinde escribía Marcial al chorizo de Fidentino, un colega amigo de saltarse el copyright a la torera, la siguiente advertencia:

Corre el rumor de que tú, Fidentino, le recitas mis

libritos a la gente como si fueran tuyos.

Si quieres que se diga que son míos, te enviaré gratis los poemas;

si quieres que se diga que son tuyos, cómpralos para que no sean míos.

Hace de esto dos mil años, y ya andaban a la gresca con el Internet del boca a boca.