Fuego amigo

¡Aprisa, quitad las manos del fuego!

 

Alguien en el PP se está quemando las manos. Ya he perdido la cuenta de cuántos correligionarios de Francisco Camps, Víctor Campos, Rafael Betoret y Ricardo Costa, todos ellos próceres del Partido Popular valenciano, imputados en el caso de esos trajes cuyas facturas no aparecen, anunciaron públicamente en estos últimos años que pondrían las manos en el fuego por su inocencia. Bertoret, exvicepresidente del Consell, y Campos, jefe de protocolo de la Diputación de Valencia, apenas la segunda línea de fuego, ya se han autoinculpado de un delito de cohecho impropio, lo que añade no poca desazón al debate político, y deja a Francisco Camps y a Ricardo Costa, la caza mayor, en una situación insostenible.

 

Aceptando sus delitos pretenden eludir su exposición pública en un juicio con jurado, mera estrategia procesal para que siempre permanezca la duda, como en la paradoja del mentiroso, de si un mentiroso miente cuando dice la verdad. Continúa, pues, la pulsión enfermiza hacia la mentira por parte del PP. Desde aquel inolvidable "créanme, en Irak hay armas de destrucción masiva", pasando por los hilillos de plastilina del Prestige, siguiendo por las falsas autopsias del Yak-42, y la burla de la autoría de ETA en el 11-M, llegamos a la última mentira: que se pagaban sus trajes.

 

Camps ha decidido continuar con la farsa hasta el final, y se declara inocente, pero dimite teatralmente de su cargo como "sacrificio a España y a Rajoy". Como parte de España que soy, le agradezco que me haya liberado del bochorno de tener a un presunto delincuente como presidente de una comunidad autónoma de mi país.

 

Mariano, ésta te la debo.

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Meditación para hoy:

 

Mariano Rajoy ha conseguido los dos objetivos que se proponía: que Camps no se autoinculpara como delincuente, y que dimitiera de su cargo para poder defenderse mejor de las acusaciones infundadas e infames (o algo así) y, de paso, no ser un lastre en la amenaza de hundimiento moral del partido. El otoño huele a elecciones anticipadas, y con suerte y un poco de ingeniería procesal consiguen dilatar el juicio a Camps hasta después de los comicios. La parte más sabrosa del Gürtel, la pieza de la financiación ilegal del PP, va para largo y no amenaza con interferir en la campaña. Todo está controlado.