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"Primero me avasallasteis, luego me aplaudisteis y ahora os vuelvo a dar igual": el testimonio de una cajera

Paula es cajera de supermercado desde hace 7 años. Entró en este mundo cuando tuvo a su hija, con apenas 19 años. Desde entonces, ha pasado por cuatro supermercados diferentes y en el último lleva 3 años.

Cada mes, la empresa para la que trabaja le ingresa un total de 913 € netos, un salario que no le permite alquilar una casa y mantener a su hija de 6 años. Por eso, Paula vive en un piso de 2 habitaciones, una cocina y un baño que comparte con otra familia en el barrio de Oporto (Madrid).

En una larga conversación telefónica muestra su tristeza, al darse cuenta de que ha tenido que trabajar como servicio esencial, mientras que, desde que tenía 19 años, le han hecho sentir "como la última mierda" por el puesto que desempeñaba y por el salario que percibe cada final de mes.

"Llevo desde los 19 años viviendo en una habitación con mi hija. Trabajo por turnos, fines de semana y me tiro 9 horas de pie, pero mi trabajo no me permite alquilar una casa, aunque sea de 40m²", cuenta a Mierdajobs.

"Las cajeras de supermercado siempre somos lo último de lo último, junto a las limpiadoras. Ganamos una basura y nos tratan como una basura. Tenemos que recibir malas contestaciones de muchos clientes, simplemente porque nos consideran menos que ellos y, de repente, en la crisis del coronavirus somos súper importantes y nos aplauden por la tarde", cuenta con rabia.

"Lo que me molesta, es que las mismas personas que nos aplauden a las 8 eran las que llenaron los supermercados, al principio de la crisis del coronavirus, y les dio absolutamente igual el estrés y el miedo que pasamos nosotras con los supermercados llenos, con gente gritándonos y llegando a casa cada noche con miedo a contagiar a nuestra familia", llora.

Paula asegura a Mierdajobs que la situación de muchas personas que trabajan en supermercados es similar. "Tengo muchas compañeras que, si no es por sus parejas, también estarían viviendo en una habitación. A lo largo de estos años he visto y vivido mucha precariedad en el sector".

Ahora, según su testimonio y el de varias compañeras, tras la "normalización" del estado de alarma, muchos clientes vuelven a tratar al personal de los supermercados de la misma forma que lo hacían previo a la pandemia.

"Al principio me animaba la idea de que la sociedad aprendería a dejar el clasismo atrás y de que nosotras seríamos unas trabajadoras más y no las últimas de la fila, pero mes y medio después me doy cuenta de que nada ha cambiado. Al principio de la pandemia nos avasallaron, durante el primer mes nos aplaudieron y ahora volvemos a dar absolutamente igual", lamenta.