Opinion · Mundo Rural s.XXI

CAMBIEMOS EL MARCO. “DE LA ESPAÑA VACÍA A LA ESPAÑA VACIADA”, DE “HABLAR DE DESPOBLACIÓN, A REPOBLACIÓN”

Fernando Fernández

Vecino del Mundo Rural

Consejo Editorial de la Revista Soberanía Alimentaria

 

 

Las primeras nieves llegaron con la luna de octubre. Las vistas que tengo desde el portón de mi casa son preciosas[1]. Sin embargo, cuando se mete noviembre, a los habitantes de esta zona de la península, el alma se nos encoje un poquito. Estamos en un clima muy duro. Los inviernos son largos y fríos. Acompaño al pequeño de mis hijos al autobús y no veo a nadie, voy a tirar la basura, y no veo a nadie, llega la tarde y no veo a nadie, y, sin embargo, aquí nos mantenemos. Diría que esto es lo más difícil. Esto lo dice una persona que sale muy a menudo de la zona, que tiene una vida muy activa y que, sobre todo, estoy aquí porque quiero. Cuando decides instalarte en un medio rural como este, debes saber estas cosas, de lo contrario, no aguantas el primer invierno. También debes saber que necesitas coche para todo, incluido para llegar a la cabecera de la comarca, donde están los servicios, la gente, el colegio y donde tus hijos pueden salir con los amigos, e ir al fútbol y tomarte una cerveza en la plaza. Cada vez que alguno de mis hijos se ha hecho un simple esguince son 120 km hasta el hospital de Palencia para hacerle la preceptiva radiografía, y cuando llega el momento de salir a estudiar, ya sabes que tienes que “acoquinar” el bolsillo porque no hay otra opción. Por otra parte, me siento satisfecho de haber logrado que mis hijos, valoren el pueblo y lo bueno de la vida rural. Creo que no me equivoco si digo que, además, son plenamente conscientes de las dificultades y las injusticias.

 

He querido empezar de esta manera más personal, porque en los últimos tiempos, no hay día que no reciba un artículo donde se analiza el fenómeno de la despoblación. También yo los he escrito. En todos los casos me aportan alguna reflexión, y general, todos son interesantes y acertados. Además, la gente que los escribe, a los que muchos de ellos conozco, lo hacen desde la experiencia. Pero creo que tenemos que hablar más desde las tripas.  No todos los medios rurales son iguales, ya lo sabemos, pero el medio rural de la España Vacía de la que tanto se habla últimamente es más o menos el que he descrito.

 

Hace unos días, en la primera de las reuniones del Foro de la Despoblación convocado por el Ministerio de Agricultura, Paco Boya, presidente de la Asociación de Municipios de Montaña, una de esas personas que inspira confianza y calidez, además de ser un gran conocedor del tema, empezó su intervención con algo esencial, pero que normalmente no se analiza y menos en este tipo de espacios. Comenzó analizando “El Arraigo”.  Se preguntaba cómo trabajarlo, cómo desarrollar la vinculación y la construcción de los afectos con el mundo rural; tanto de las personas que siguen viviendo en él, como de las que marcharon y tienen que reconstruir las relaciones con su pueblo de origen. También es necesario reconstruir los afectos del conjunto de la sociedad para construir un pacto social que supere ese complejo que en nuestro país nos ha dejado el franquismo respecto a nuestro origen rural.

 

Esto que escuché me sirvió para terminar de cambiar el marco discursivo. He decidido que así lo voy a hacer. Además de reivindicar el arraigo y la vinculación afectiva; he decidido que en vez de hablar de la “España Vacía” voy a hablar de la “España Vaciada”, y en vez de hablar de “Luchar contra la despoblación”, voy a hablar de “Accionar para la Repoblación”.

Apuntemos al menos la idea de la España vaciada. Hablar de España Vacía significa conocer objetivamente que en nuestro país siempre existió un problema de poblamiento en algunas zonas.  Es decir, no podemos esperar que la comarca de Sayago tenga 50 h/Km2 Siempre será un lugar con una demografía baja. Sin embargo, hablar de España vaciada, significa reconocer que han sido las políticas de nuestro país la que han ido desangrando poco a poco al medio rural. El régimen franquista consolidó un modelo de desarrollo centralista y a la vez de profunda segregación espacial entre el medio rural y las ciudades. Se impulsó un modelo de desarrollo dependiente y esquilmador que asignó al mundo rural una función subordinada al desarrollo urbano, y al sector industrial primero y de servicios después. En este modelo de desarrollo, las montañas asumieron las servidumbres y vaciaron de gente sus pueblos. Pero esta dinámica se arrastra hasta nuestros días, por ejemplo; en la forma de gestión de los centenares de pequeñas centrales hidroeléctricas por todo el país de las cuales no se benefician los pueblos, o el diseño de las infraestructuras de comunicación, en el desarrollo de la política energética, o en la exigua estrategia de industrialización difusa que dejó fuera a todas las poblaciones rurales intermedias. Pero también cuando no se dotan de forma adecuada los centros de salud, o cuando se exige la misma ratio de alumnos y alumnas para un módulo de formación profesional en la montaña que en un instituto de la ciudad, Pero lo que el modelo de desarrollo logró, sobre todo, fue desvincular a la sociedad urbana de sus orígenes rurales. Construyendo arquetipos culturales con los que hemos ido creciendo y que todavía no se han roto. En cierta forma reconstruir esta interpretación tiene algo que ver con la memoria histórica. Como no es el espacio para profundizar mucho más en ello, y por terminar este punto de manera propositiva, una propuesta que la futura Estrategia para el Reto Demográfico podría incorporar – Creo que la actual Comisionada tomo nota el otro día de ello – sería, adoptar una especie de filtro de evaluación de todas las leyes, programas o planes que se aprueben, para evaluar su impacto en el territorio rural y de esta manera ajustar y corregir los efectos no deseados. Algo así tienen ya países como Canadá o Suecia, y funciona.

 

Apuntemos la segunda idea. Dejemos de hablar de despoblación y empecemos a hablar de Repoblación. Las comarcas con menos de 10 h/Km2 están en situación crítica, y son muchas. En estas zonas, ya no vale con retener población, es necesario atraer nuevos pobladores y pobladoras. Sobre esto, hay mucha experiencia acumulada, pero también, mucho por hacer. Implica un cambio de estrategia política muy importante. El “Colectivo el Hueco” de Soria, fue uno de los primeros que planteó la idea abiertamente, y dentro de una semana se celebra la II Feria Nacional para la Repoblación de la España vacía. “Presura[2]”. Con otro estilo, y durante casi una década, 14 comarcas muy despobladas pusieron en marcha un proyecto en red conocido como “Abraza la Tierra”[3], que, aplicando una metodología concreta de acogida y acompañamiento a nuevos vecinos y vecinas, ha logrado poner en marcha esta estrategia y, sobre todo, evaluar, sistematizar y ordenar las propuestas. Pero hay muchas más experiencias; colectivas e individuales. Desde mi experiencia personal me gustaría resaltar tan solo tres ideas; en primer lugar, es necesario construir comunidades rurales acogedoras y porosas que estén dispuestas a atraer población, esto es mucho más fácil decirlo que lograrlo. En segundo lugar, el hecho repoblador, no puede ser un acto absolutamente heroico por parte de las personas que deciden dar el paso. Y, en tercer lugar, debemos ir armando un pequeño edificio político y normativo que haga que la experiencia de repoblación se encuentre apoyada y sea factible. Casos como el de Fraguas, simplemente no pueden suceder. En este caso, la primera de las ideas la tenían resuelta porque los antiguos pobladores de la zona les habían dado su apoyo, las otras dos, desde luego no.

 

Por último, estos planteamientos de nuevo tienen su traslación a la política europea, y hay aquí dos cuestiones básicas a reivindicar. En primer lugar, es absolutamente imprescindible que el indicador de la despoblación esté incorporado en los Fondos Estructurales y los Fondos de Cohesión como criterio para el reparto presupuestario. En segundo lugar. Es urgente adecuar las Unidades Territoriales que maneja la Unión Europea a efectos estadísticos (NUTs), pero que, sin embargo, luego se utilizan para diseñar la aplicación de los Fondos Estructurales. De acuerdo a la actual clasificación, el escalón más bajo conocido como NUT3 equivale a nuestra provincia. Esto hace que hoy por hoy, tan solo sean consideradas Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa aquellas provincias que en su conjunto tienen una densidad inferior a los 12,5 hb/Km2. Esto es; Soria, Teruel y Cuenca. Ni La Cabrera, ni Sayago, ni la Montaña Palentina, por ejemplo, serían áreas escasamente pobladas. No porque la Unión Europea no sepa que existen, sino porque la escala territorial no es reconocible.  Esto se soluciona habilitando cuanto menos un nivel NUT4 que delimite por ejemplo la comarca, pero claro, para ello, además de conseguir que la Unión Europea lo habilite[4], nuestro país debería ponerse a trabajar en una estructura de gobernanza y administración que sirva para afrontar el reto de estas 105 comarcas en grave crisis.

 

 

[1] La foto del artículo la tomé desde la puerta de mi casa. Villanueva de Henares. Montaña Palentina. 30 habitantes.

[2] El derecho de presura, era el derecho de Asentamiento de campesinos en tierras yermas o abandonadas que se ejerció durante la Reconquista basado en el derecho romano en todo el Norte de la Península.

[3] Para conocer más. Visitar su web. http://www.abrazalatierra.com/inicio.shtml

[4] En este momento el debate sobre la reforma del Reglamento 1059/2003 del Parlamento Europeo y del Consejo de 26 de mayo de 2003 por el que se establece una nomenclatura común de unidades territoriales estadísticas (NUTS) está abierto. Hay una primera versión de si reforma.