Opinión · Mundo Rural s.XXI

LAS Y LOS AGRICULTORES Y GANADEROS SON ALIADOS PARA ENFRIAR EL PLANETA

Fernando Fernández

Experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural

 

ALGUNAS CLAVES PARA AFRONTAR LA TRANSICIÓN ECOLÓGICA EN EL SECTOR DE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA

 

El Gobierno y el Grupo Confederal Unidos Podemos – En Comú Podem – En Marea, celebró hace una semana la primera de las reuniones del Grupo de Trabajo para consensuar y sacar adelante una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Este Grupo de Trabajo es una de las medidas adoptadas en el Acuerdo Presupuestario. Como ya se dijo en su día, esta ley pondrá las bases de un nuevo modelo productivo en nuestro país, que además de sostenible, sea justo con toda la sociedad, y responsable con las generaciones venideras. En la primera reunión se constató la voluntad de una ley abarcadora, que incluya a todos los sectores importantes a tener en cuenta para esta transición.

 

Marcar adecuadamente el rumbo de la transición en cada sector, será esencial para que el resultado sea efectivo. Como no podía ser de otra forma, quiero centrarme en los focos y las oportunidades a tener en cuenta referidas al sector de la agricultura y la ganadería[1].

 

La agricultura y la ganadería es responsable directa del 10,64% de las emisiones de GEI, aunque si a ello se le suma la energía indirecta procedente de la fabricación de los insumos directamente vinculados a la actividad, y la energía indirecta derivada sobre todo del transporte que mantienen un sistema alimentario kilométrico, nos plantamos casi en el 20% de las emisiones. La Unión Europea nos dice que el conjunto del sector agrario ha reducido entre 1990 y 2016 un 24% sus emisiones, pero, sin embargo, España es de los pocos países que las han incrementado nada menos que en un 6,5%.

 

La realidad es que el sector primario libera poco CO2, pero, sin embargo, libera mucho N2O (Óxido Nitroso) y CH4 (metano). Ambos gases tienen un enorme Potencial de Calentamiento Global[2]. Conociendo la realidad del sector, esto se traduce en que las emisiones de la ganadería duplican a las del sector agrícola, y, además, que las emisiones más importantes en la agricultura, tiene que ver con el uso excesivo de fertilizantes.  Es evidente que reducir las emisiones totales en estos dos gases es un objetivo general para la futura ley.

 

En el análisis debemos destacar otras cuestiones, que podríamos considerar oportunidades del sector: En primer lugar. La agricultura, pero también la ganadería dependiendo cual sea el manejo, son considerados sumideros de carbono. Ya sabemos aquello de que las plantas captan CO2, fijan carbono al suelo y liberan oxígeno, y esto vale tanto para una plantación de kiwis, como para valorar una pradera natural con arbolado donde pastan las vacas. Por lo tanto, representa una enorme oportunidad, definir como objetivo general de la ley de Cambio Climático, aumentar los índices de captura de carbono.

 

Probablemente la agricultura y la ganadería sean los sectores más vulnerables al cambio climático. Tan importantes son las estrategias de mitigación del cambio climático, como las estrategias de adaptación. El sector agrario y ganadero va a tener que hacer un enorme esfuerzo en adaptarse para lograr sobrevivir.

 

Por si fuera poco, las emisiones de GEI del sector, son consideradas “emisiones biológicas” Es decir, su aumento o disminución depende de las prácticas y manejos en la explotación. Si pongo ejemplos concretos lo vamos a entender; el bajo laboreo, eliminar las quemas, mantener los pastos permanentes, mantener la cubierta vegetal bajo los frutales, o introducir un cultivo entre los surcos del cultivo principal.  Todas estas prácticas, reducen emisiones, y/o aumentan la capacidad absorber CO2

 

Por último, si hay un sector que esté en mejores condiciones para transitar hacia un esquema de economía circular, este sin duda alguna es el sector agrario y ganadero. Pero la realidad es que hoy por hoy, tan solo el 6% de la energía utilizada en la agricultura y la ganadería procede de fuentes renovables, a pesar de tener un enorme potencial. Empecemos por lo sencillo, por ejemplo, la energía térmica en las explotaciones ganaderas a partir de la biodigestión.

 

Todo lo anterior nos debería llevar a considerar a los agricultores, agricultoras, ganaderos y ganaderas como parte de la solución y no del problema. Todo esto justificaría dar al sector una mayor importancia estratégica en la “Acción por el Clima” por sus enormes aportes potenciales en la lucha contra el cambio climático.

 

El siguiente paso imprescindible nos llevaría a identificar aquellos procesos claves donde focalizar las medidas para la transición ecológica del sector. Probablemente, aquí encontremos resistencias, pero estoy convencido, que hay otra parte muy importante de los productores y productoras y sus organizaciones, que actuaran de forma responsable. Algunos de los procesos claves por dónde empezar son evidentes; Favorecer la transición de una ganadería intensiva a una ganadería extensiva o semiextensivos, desde luego en este esquema no caben las macrogranjas. Recuperar la fertilidad de los suelos, proteger los suelos de interés agrario, y los suelos de alto valor agrológico[3]. Reducir progresivamente el uso de pesticidas, plaguicidas y fertilizantes. Recuperar la sostenibilidad de los ciclos del agua vinculados a la actividad agraria.  Avanzar hacia un modelo de explotación lo más diversificada y biodiversa posible. Y, por último, impulsar sistemas agrarios complejos, como son los sistemas agrosilvopastoriles, por poner un ejemplo, la dehesa, pero no solo.

 

Todo esto nos exige un mayor compromiso con el sector. La Acción por el Clima encierra oportunidades a nivel de explotación que deberíamos ser capaces de mostrar; algunas evidentes como la reducción del consumo energético y por lo tanto los gastos por explotación, otras más alejadas como la posibilidad de mejores precios derivado de un valor añadido a los productos, una menor debilidad ante los hechos climáticos, o reducir la dependencia de insumos. Otras quizás más importantes, como sería la mejora en el conocimiento y control de la propia explotación profundizando en algo que es esencial a la profesión de agricultor o agricultora y que es el conocimiento de la naturaleza, y cómo responde la tierra, el agua, las plantas y los animales ante nuestro buen o mal manejo.

 

No podría terminar este artículo sin hacer una referencia a la Política Agrícola Común y a su futura reforma. La Acción por el Clima será uno de los grandes objetivos, y un porcentaje elevado del presupuesto, deberá orientarse a ello. Sin embargo, aún está por ver si los reglamentos definitivos son valientes y afrontan el reto de forma clara y positiva hacia el sector. Los borradores que conocemos dejan más incertidumbres que otra cosa. Pero en todo caso, y situándome en el plano nacional en el que escribo este artículo, la futura Ley de Cambio Climático, deberá tener muy en cuenta en este tema, su articulación con la futura PAC y el adecuado engranaje dentro de ella para que generemos sinergias positivas, y no carriles paralelos que nunca lleguen a tocarse. Los Planes Estratégicos como instrumento para el futuro gobierno de la PAC serán una oportunidad para ello.

 

[1] La agricultura es uno de los sectores considerados difusos. Esto significa que no está sometido al régimen de mercado de derechos de emisión.

[2] El cálculo se efectúa para cada uno de los gases en su unidad específica (peso molecular) y se convierte en tn equivalentes de CO2 a través de parámetro de Potencial de Calentamiento Global. De esta forma, 1 tn de N2O equivale a 298 tn de CO2 y 1 tn de CH4, equivale a 25 tn de CO2

[3] Se consideran suelos de Alto Valor Agrológico los considerados de clase I de acuerdo a la clasificación de FAO y extendida por la mayoría de los países.