Otras miradas

Un etarra atascado en Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una sesión plenaria en la Asamblea de Madrid. E.P./Ricardo Rubio
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una sesión plenaria en la Asamblea de Madrid. E.P./Ricardo Rubio

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha hecho públicas este jueves las razones por las que aún no saca adelante los Presupuestos de 2020. Este es el argumento: "A lo mejor a partir de enero tenemos a un ministro de Hacienda etarra".

Llevaba yo mucho tiempo preguntándome qué oculta esta señora en su interior. Sobre todo desde que nos hizo saber que ella suele salir por la noche, a cenar, y que el asunto se le alarga hasta las 3 de la mañana, cosa que celebro, porque cualquier alegría es poca. Pero, ay, sus madrugadas… sus madrugadas circulan por extraños vericuetos. Porque ¿qué es lo que se encuentra la inclasificable presidenta cuando sale a quemar la noche madrileña? Atascos. Se encuentra atascada y le gusta. Oye, cada una con sus filias. "Los atascos a las tres de la mañana un sábado", afirmó en abril, son "una seña de identidad de nuestra ciudad, de que la calle siempre está viva".

Pues eso, que entonces podía haber optado por investigar dónde le dan las 3 de la mañana para atascarse tanto o interesarme por sus interiores. Dados mi edad y mis magros recursos, opté por lo segundo. Y es precisamente un interior el que me ofreció la mejor clave sobre la consistencia íntima de Díaz Ayuso. Fue cuando di con aquella idea suya que no puedo sino calificar de fabulosa: el "concebido no nacido será tenido en cuenta como un miembro de la familia" en cuestiones de ayudas y ventajas fiscales. Preguntada sobre qué pasaría si el "concebido" receptor de ayudas no nace, su respuesta superó lo dicho: que no lo tenía claro y que lo "sopesaría".

Ah, pero este jueves, este jueves por fin ha ofrecido la pista definitiva. "A lo mejor a partir de enero tenemos a un ministro de Hacienda etarra", ha afirmado.

La presidenta de la Comunidad de Madrid sabe perfectamente que ETA anunció su disolución el 3 de mayo de 2018, más de seis años después de declarar el cese definitivo de la lucha armada. Vaya, doy por supuesto que lo sabe. Así pues, tampoco debe de ignorar que ningún gobierno puede incluir a "un etarra".

Si lo que esta señora afirma fuera solo una idiotez, si lo que toda una presidenta de la Comunidad de Madrid ha dicho fuera solo una bobada, sencillamente no tendría ni puñetera gracia, y ya está. El problema reside en que no se trata de eso. Su afirmación sobre la posibilidad de tener un ministro etarra forma parte de un argumentario infame que empieza a cundir en ciertos círculos de la derecha más extrema (tanto en el PP como en VOX): resucitar la idea de que en España existe terrorismo, y que está entre lo que ellos denominan "comunismo", que abarca a todos los partidos de la izquierda y a alguno sencillamente nacionalista. Así que, como han decidido considerarlos terroristas, igual les vale etarras. Y es infame, vil, brutal, porque sí existió ETA, y fueron años durísimos.

Lo que me temo es que la presidenta suelta tal barbaridad porque alguien le ha dicho que es eso lo que toca ahora, o lo ha oído por ahí, y oye, pues si hay que decir lo del etarra, se dice y luego se sonríe un poquito con los ojos muy abiertos. Pero esta señora no está saliendo de una copa de madrugada en el coche donde celebran estar detrás de otro y otro. Es la presidenta de una comunidad autónoma. Gobierna los asuntos de varios millones de ciudadanos y ciudadanas, sus inversiones, su idea de la Educación, pongo por caso, de la Justicia, qué barbaridad, qué horror. Esta señora no está cenando con una pandillita nocturna.

La estulticia, la irresponsabilidad y la frivolidad de la presidenta y quienes le rodean resulta insoportable. Y en cuanto a su interior, sólo eco, que es lo que rebota en los espacios vacíos. Para esta señora un etarra es lo mismo que un embotellamiento a las 3 de la mañana. Y ahí tiene ella a su etarra, atascado, y qué risa, ¿no?