Otras miradas

¿Pero qué más tiene que pasar para que la derecha deje de ganar en la Comunidad de Madrid?

¿Cómo puede ser que los responsables de que 8.338 personas murieran en las residencias de la Comunidad de Madrid sin recibir ayuda hospitalaria hayan rozado la mayoría absoluta? ¿Pero cómo es posible que haya tanto facha aquí? La perplejidad ante los resultados de las elecciones autonómicas puede ser infinita, y las formas de intervenir en este panorama quizá también, así que aquí van algunas claves sobre lo que necesitamos para que la izquierda tenga más opciones de disputar la Puerta del Sol en 2023.

Que entendamos que el PP de Madrid no es un proyecto facha, sino un modelo de vida atractivo

Estos días se está hablando mucho de la necesidad de no llamar "tonta" a la persona de clase trabajadora que vota al PP. Eso lo primero, pero lo siguiente sería tratar de entender qué le está proponiendo el PP a esta persona para que, con toda su inteligencia, lleve 26 años decidiendo votarle.

Caemos en la tentación de conceptualizar al PP como "partido facha". No obstante, si facha significa fascista, franquista o rancio, no lo es. Es cierto que últimamente abundan aspavientos con rojigualdas y corridas de toros para eclipsar a Vox, pero en esencia el PP de Madrid se presenta ante su electorado en 2021 sobre todo como un partido moderno, emprendedor, un modelo de éxito. Es el partido de la Europa neoliberal, que te ofrece un piso en un PAU, si hay suerte con piscina, ir algún domingo a comer a DiverXo y unas vacaciones en Punta Cana. Es más, en el juego de espejismos del marketing político, con tres mujeres presidentas cuesta decir que sea un partido machista, y resulta incluso gay-friendly (hace ya 16 años de las pataletas contra el matrimonio igualitario, después han venido Jaime de los Santos, Cifuentes en el Orgullo, Ayuso en Chueca y, el 4M, dos banderas arcoíris estratégicamente situadas en la rave de Génova). Lo que ofrece el PP de Madrid es, precisamente, una vida desclasada. El horizonte de quitarse de encima los pesos de formar parte de una clase no privilegiada.

Obviamente, en nuestra región hay mucha gente que nunca consigue llegar a ese confort de clase media, pero ahí ya opera el cuento de la meritocracia marcado a fuego en 26 años ganando elecciones y batallas culturales: si no te va mejor en la vida es porque no has trabajado lo suficiente. Siempre te quedará aspirar a ser como los que tienen éxito; mírales, sigue luchando.

La promesa de la clase media es muy poderosa cuando, además, cuentan con una máquina de propaganda descomunal. Gracias a ella, han convertido la opción contraria en un camino al infierno. Lo llaman "comunismo" aunque lo que hacen PSOE y UP no se parezca ni remotísimamente a la Venezuela chavista y está plagado de ratas, sepultureros y algún que otro etarra. La gente no es tonta, pero tampoco inmune a la propaganda. No es que sea insensible a los 8.338 muertos en las residencias, es que les han contado muchas veces que los culpables no están en el PP de Madrid. Cuando la política es solo relato y espejismo, es muy difícil competir con quienes tienen tertulianos en todas las televisiones, bots y orcos dando la brasa en todas las redes sociales y bolas extra tan grandes como poder pagarles a los sanitarios un plus de productividad inaudito justo antes de las elecciones.

Que Más Madrid sea ese partido de izquierdas que puede ofrecer otras vidas atractivas

Que el PSOE haya apostado por un candidato tan flojo como Gabilondo es un indicio de que no está queriendo disputar la batalla en Madrid. Quizá detrás haya un cálculo para conservar Moncloa, apoyándose en el antagonismo contra un PP desbocado en Madrid. Por otro lado, debajo de los humos del marketing político, no hay que olvidar que el PSOE lleva años, o décadas, sin disputar enérgicamente tampoco la batalla material. Si lo que le ofreces a nuestro amigo obrero se parece demasiado al pack de vida neoliberal, sujeto a disponibilidad falsamente meritocrática, con que Ayuso le ponga un extra de cañas al salir del trabajo ya has perdido.

Los nubarrones (no inesperados) del 4M no deben nublar una buenísima noticia: el sorpasso de Más Madrid, que queda como principal fuerza en la oposición. Con una Mónica García que ha aumentado espectacularmente su popularidad durante la campaña, y una progresión ascendente que parece no haber tocado techo, la izquierda cuenta con una buena posición de salida para la carrera hacia las elecciones de 2023. Más Madrid tiene por delante dos años para apretar en la tarea ingente de construir una organización desplegada por todo el territorio autonómico, ampliar la base y los feudos que por ahora apenas existen en la capital. Sin gürtels ni púnicas no hay atajos, la única manera de ser una seria amenaza para este PP con esteroides es ir a paso de hormiguita, construyendo túneles y cimientos.

Durante la campaña, con Vox a las puertas del gobierno, era muy tentador lanzar una alerta antifascista, pero las urnas han demostrado que era mejor estrategia hablar de "lo que de verdad importa": de los servicios públicos, la transformación verde y la posibilidad de que "vivir a la madrileña" tenga que ver con la justicia social y la empatía. Si vamos a dibujar una alternativa a la vida en el PAU, que sea más atractiva que las trincheras de los años 30. Ofrecer el piso, pero que la piscina sea pública y se llegue en metro, y mejor si el precio del alquiler está regulado.

La retirada de Pablo Iglesias es ante todo una triste noticia, por lo que tiene de derrota colectiva ante el acoso que ha sufrido por parte del establishment, y porque deja a un Podemos más débil para arrancarle políticas progresistas a Sánchez. Solo tiene una contrapartida positiva: da aire a Mónica García. Un escenario menos tensionado puede servir para se luzca y Más Madrid dibuje ese modelo de vida tranquila, cómoda, pero mucho más sostenible e igualitaria que el de la jungla de Ayuso.

Que la contienda electoral no dependa solo de ese partido

Si reconocemos en el turboliberalismo desacomplejado y beligerante de Ayuso algunas trazas de Donald Trump, miremos cómo EE UU ha conseguido librarse de él: no es que Biden haya sido un candidato brillante, sino que han podido crear una tormenta perfecta de denuncia mediática, acción de organizaciones civiles y movimientos de base. Más concretamente, las bases demócratas, desde coordenadas mucho más a la izquierda que Biden, han estado años barrio a barrio, puerta a puerta, para movilizar voto. Por ahí iba la apuesta de Defiéndete4M para estas elecciones en Madrid, pero con solo un mes de desarrollo evidentemente ha quedado cortísima. Hay que darle una vuelta para 2023.

Por otro lado, y más importante, ojalá se vuelva a abonar en toda la Comunidad el tejido social sin vocación electoral, que ha quedado tan magullado tras el agotamiento del ciclo 15M y un año de pandemia. En la capital funciona como agravante el acoso sistemático a los espacios vecinales que está llevando a cabo Almeida. Para sobrellevar estos dos años de PP van a ser indispensables las asociaciones vecinales, los nuevos sindicatos (pienso en el Sindicato de Inquilinas, el de Manteros, Las Kellys y RidersXDerechos), las asambleas feministas, los centros sociales (hay un nuevo centro social okupado a 300 metros de la Puerta del Sol: ODS La Ingobernable), las mareas por los servicios públicos... No solo por las necesarias redes de apoyo mutuo, sino también porque cuanto más activa esté la calle exigiendo cambios, más lejos podrán llegar los gobiernos progresistas cuando les toque.

Volviendo a la supremacía del relato, está claro que estos dos años (y siempre) hay que jugar la batalla cultural con astucia. Desmontar el cuento de la meritocracia y la perversa idea de la libertad ayusiana, esa libertad de pisotear a los demás. Necesitamos tanto un periodismo a la altura de lo que está ocurriendo, que investigue con rigor y explique que la brecha entre ricos y pobres está creciendo a un ritmo extremadamente doloroso en nuestra región, como a más Javis explicando al mainstream que no hay libertad si no puedes elegir ser La Veneno.

Que todo esto se aborde sabiendo que es complementario

Durante la experiencia municipalista en el Ayuntamiento de Madrid abundaron las explicaciones monocausales: había quien aseguraba que se ganó gracias al carisma de Carmena, que fue porque Podemos la presentó, que fue el proceso de base que impulsó Ganemos... y lo mismo para echarse las culpas por la derrota. Lo más probable es que fuera todo a la vez, un cóctel virtuoso, pero quedaron abiertas unas heridas profundas y unos bandos que se vuelven a reproducir cada vez que afrontamos cualquier reto madrileño. Yo no creo en la unidad de la izquierda, le veo sentido a que haya distintas papeletas para apelar a distintas sensibilidades, pero sí estoy convencida de que tenemos que saber cooperar tejiendo alianzas múltiples y mucho más diversas. Nos falta aprender a integrar distintas tácticas, dejar de echarnos manos y trastos a la cabeza y comprender que vencer a un monstruo del tamaño del PP de Madrid es tan complejo que no nos podemos permitir desechar ninguna herramienta.

Si hacemos todo esto a la vez, en dos años ya podremos decirle adiós a Ayuso en 2023. No suena fácil, pero por fortuna en Madrid hay mucha gente que está dispuesta a intentarlo.