Otras miradas

Y decían que éramos censoras…

Pixabay
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Si hacemos una lectura crítica de la literatura desde el pensamiento feminista… nos dicen censoras.

Si advertimos del contenido machista o violento de las letras de algunas canciones… nos dicen censoras.

Si advertimos de que se está aplaudiendo y poniendo de referente a un acosador o agresor sexual o maltratador… nos dicen censoras.

Peeeero…

Si publicamos una foto de nuestros pechos y pezones en Instagram, aunque sea para hablar del cáncer de mama... nos censuran.

Si publicamos un cartel donde una cantante representa en su simbología a una virgen con la palabra "puta" (insulto machista que esa mujer denuncia haber recibido gran parte de su vida)... nos censuran porque ofende a los sentimientos religiosos.

Si publicamos y denunciamos a las asesinadas por violencia machista… nos mandan callar diciendo "feminazis" y que "la violencia de género no existe".

Si publicamos y reflexionamos sobre las limitaciones que el patriarcado nos ha impuesto en nuestra vida privada… somos una exageradas y "calladita estás más guapa".

No falla.

El machismo siempre, siempre, siempre evita asumir sus responsabilidades. Y, para eso, culpa a las mujeres o bien de censoras o bien de exageradas, según la situación. En cuanto ven peligrar un poquito su estatus, no tardan en alzar la voz, mostrando todos sus complejos. En eso consiste la reacción patriarcal.

Y se articula en partidos negacionistas de ultraderecha (y otros no tan ultra) o en el mero conjunto de una sociedad, que pone la alerta cuando las mujeres hablan o denuncian su propia violencia. Les encantan plantear absurdos debates falsos, tergiversando la realidad si es preciso, para salirse con la suya. Y como los medios son patriarcales, en su mayoría, les dan voz y espacio para compartir su objetivo. Y en todo este asunto solo hay una realidad al final: que nosotras no censuramos y que quienes sí quitan carteles o nos callan son quienes nos acusan.

Lo que resulta escandaloso de todo esto es que dudo que tras admitir el cartel de Almodóvar en las redes sociales nos permitan a las mujeres enseñar nuestros pezones sin ser censuradas, problema que llevamos años denunciando.

Lo que resulta ofensivo es que los puristas de los sentimientos religiosos (entre los que está el no a la violencia) rechacen carteles de Zahara pero toleren o silencien a los responsables eclesiásticos que han sido abusadores sexuales con total impunidad.

Lo que resulta alarmante es que usen el argumento de la ofensa a los sentimientos mientras no les ofenda la cruda realidad machista y nieguen una violencia que ha provocado ya 31 asesinatos de mujeres este año, dejando a 13 menores huérfanos.

Y cuando alguien pone el grito en el cielo más por un cartel que por la muerte de una asesinada o por el daño tras ser agredida dice mucho de la persona que llega a ser. Podemos sentir ofensa de centenares de cosas que no podemos cambiar en el ejercicio de la libertad pero parece que nosotras no podemos denunciar las agresiones que sufrimos sin ser cuestionadas y criticadas.

Pero nada, que el machismo siga haciendo sus actos porque, en cada uno de ellos, nos siguen dando la razón. Por mucho que digan que son demócratas y que piden libertad de expresión no demuestran ser nada de eso. Y en este caso han hecho otra muestra más de su odio hacia las mujeres. Nos llaman censoras cuando ellos son, realmente, los únicos censores.