Otras miradas

La importancia de llamarse

Mauricio Valiente Ots

Tercer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid durante el mandato de Manuela Carmena

Obras de instalación del monumento en homenaje a las víctimas madrileñas de los campos de concentración nazis. -Imagen cedida por Mauricio Valiente
Obras de instalación del monumento en homenaje a las víctimas madrileñas de los campos de concentración nazis. -Imagen cedida por Mauricio Valiente

Después de sentir una gran emoción al ver las obras de instalación, ¡por fin!, del monumento que erige el Ayuntamiento de Madrid en recuerdo de los deportados madrileños a los campos de concentración nazis, no he podido evitar detenerme en el detalle de los nombres y apellidos de aquellos rojos españoles condenados por la barbarie hitleriana con la complicidad del franquismo. Todo ello puede verse al lado de la antigua sede del Ayuntamiento, muy cerca de la Plaza de la Villa, en pleno centro.

Resulta simbólica la vinculación de las víctimas con Madrid. Sabemos que nuestra ciudad ha sido siempre un punto de encuentro para miles de personas nacidas en cualquier rincón de España o del mundo. El lugar de nacimiento es siempre producto del azar. Lo que es determinante son sus nombres y apellidos, aunque no estén todos, porque siempre habrá alguna persona que se nos escape por cualquier circunstancia.

Lo que nos conmueve es nombrar, humanizar a las víctimas, ponerles así en nuestra imaginación un rostro, que no sería muy diferente de aquel de las personas que nos rodean. Tenemos también en nuestra ciudad numerosas Stolpersteine, adoquines que nos recuerdan en las aceras los lugares donde residieron algunas de las personas deportadas.

Recuerdo el tesón de Concha Berzosa en representación de Amical Mauthausen, la paciencia del escultor José Miguel Utande con los trámites y requerimientos, el entusiasmo de los familiares, la complicidad de concejales como Ramón Silva, el empeño del equipo de gobierno a todos los niveles y la entrega de funcionarios que se pusieron manos a la obra para sacar adelante el proyecto.

Después de superar todo tipo de obstáculos y con cuatro años de retraso, a pesar de que la tramitación estuviera preparada al final de la anterior legislatura, el actual equipo de gobierno de la derecha inaugurará el monumento.

Lo anterior no es un detalle menor. El título de este artículo coincide con la obra de Oscar Wilde, víctima también de la intolerancia que está en el germen de todo fascismo. Tiene mucho que ver con la foto que tendremos de José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís ‘cortando la cinta’ del monumento. Dudo que Javier Ortega Smith comparta el espectáculo. Entiendo que al gestionar el proyecto jueguen este papel institucional, es lógico y hay que respetarlo, aunque compartan responsabilidad con el portavoz de Vox en el Ayuntamiento en los atropellos a las víctimas del franquismo que hemos vivido durante su mandato.

Pero no es eso lo que ha provocado este artículo. La verdadera razón está en ‘la importancia de llamarse’ y también de que las llamemos. Lo hicimos ya en el pleno de Ayuntamiento, cuando quisimos leer cada uno de sus nombres como homenaje y compromiso de memoria. Es así para que las víctimas sean reconocidas y nos reflejemos en ellas, para no olvidar lo que supuso el drama de la deportación a los campos de exterminio.

Hay que recordar a los representantes de la derecha madrileña la villanía de la destrucción de los mármoles con los nombres de las 2.934 personas fusiladas en Madrid que formaban parte del Memorial del Cementerio del Este, el primer reconocimiento en nuestra ciudad a quienes habían podido identificarse tras una meticulosa investigación histórica. Fue una de las primeras acciones del actual equipo de gobierno, junto a la supresión de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria Democrática del Ayuntamiento. Entonces alegó la derecha, en un acto de revictimización de las personas fusiladas, que algunos de los nombrados habían cometido crímenes en el periodo republicano. Solo les faltó decir que se lo habían merecido.

Como la derecha, además de inmoral, es cobarde, no hará con los nombres del monumento a los deportados de los campos de concentración lo mismo que hizo con los de las víctimas de los fusilamientos en Madrid: escudriñar en las fuentes de la represión franquista las acusaciones sonsacadas en medio del terror y las torturas para echar lodo sobre la memoria de las víctimas. No lo harán, pero no podemos ni debemos olvidar nunca las terroríficas fotos de semejante profanación al inicio de su mandato, así como el compromiso solemne de recuperar esa deuda que tiene Madrid con la Memoria Democrática.

Acaba la legislatura. No podemos resignarnos. Aprovechemos los sentimientos encontrados de alegría e indignación ante este acontecimiento; lo primero por el reconocimiento que supone a las víctimas del fascismo, la indignación por la catadura moral de quien lo inaugura. Madrid no está condenada a ser gobernada por la derecha. Lo hicimos en 2015 con una fórmula muy sencilla, poner por encima de los intereses partidistas un proyecto de ciudad. No hay ninguna razón para impedir que la experiencia se repita.

Si nos comprometemos entre todos a hacer lo mismo hoy, es decir, reconocer la pluralidad de la izquierda, abrir puertas y ventanas para elaborar un programa de forma participativa y organizar unas primarias que permitan decidir de manera colectiva, lo tenemos a nuestro alcance. Aprendamos del ejemplo de los que sufrieron los años más negros de nuestra historia para no rendirnos nunca ni perder la esperanza.