Persona, animal o cosa

VERBENA DE SAN JUAN - Alegrías y tristezas.

Berto Romero

El pasado martes, al acabar la grabación del programa de televisión Buenafuente, una querida compañera de trabajo me presentó a su hijo, quien había asistido al show. Admirador de nuestro trabajo, me pidió una foto juntos, accedí gustoso, y así nos la hicimos. A día siguiente, mi compañera me agradeció el gesto y me transmitió la satisfacción de su hijo por haber charlado un rato conmigo, y su alegría por el buen rato que pasó en general en nuestro programa.

Esa misma noche, verbena de San Juan en Barcelona, practiqué una pequeña sesión de quema de bengalas y tiro de cebolletas con una pareja de amigos y sus dos hijas pequeñas, de 2 y 4 años. Las bengalas y las cebolletas (las que se tiran al suelo y explotan de forma minimalista) son los elementos más inofensivos en el mundo de la pirotecnia, por eso los escogimos para ellas.

A eso de las 22:45 ya nos íbamos a ir retirando porque las niñas estaban cansadas y comenzaban a oscilar, como hacen los pequeños (y como también haríamos los adultos si no nos reprimiéramos), entre la risa histérica y el gimoteo desconsolado. Entonces la carcasa de un cohete rebotó en una farola con tan mala fortuna que impactó en la cabeza de la hija mayor. No le hizo nada, tan sólo un chichón, pero la vuelta a casa en la noche más corta de este año se produjo entre prisas, llantos y un moderado susto instalado en el ambiente.

A las 23:30 me metía en la cama contento, y a la vez un poco inquieto. En ese preciso momento, sin saberlo yo, el hijo de mi compañera de trabajo, a quien había conocido el día anterior, perdía la vida al ser arrollado en el accidente del Alaris en Castelldefels.

Escribo estas líneas el jueves. Por la mañana he llamado por teléfono a mi amiga de 4 años. Le he preguntado por su chichón y ni siquiera lo recordaba. Me ha contado algo sobre un castillo de juguete que ella y su hermana estaban destrozando. Por la tarde, la triste noticia de la muerte del muchacho ha planeado invisible y pesada por el plató. Sabemos que hoy tocará hacer reír con menos ganas y fuerzas que otros días. Y con más motivos. Habrá que lanzar más piedras de risa a la charca, con la esperanza de que las vibraciones lleguen nítidas a quienes las necesiten, de la misma manera que hoy nos han afectado las ondas de la gran pedrada de Castelldefels a nosotros. Sirvan estas líneas como una despedida apresurada a alguien a quien apenas tuve tiempo de conocer.