SMARTPHONES – Apéndices culpables.

Berto Romero

Durante el primer y segundo plato los comensales les dedican simplemente alguna mirada furtiva, aprovechando los momentos en que el peso de la charla se desplaza hacia los sectores más lejanos de la mesa. El que lo tiene junto al panecillo le va dando de vez en cuando algún toque. Desliza el dedo y accede rápido a la aplicación de su red social preferida. Echa una ojeada fugaz a las novedades y vuelve a la conversación como si tal cosa. Ajeno al discurso, sonríe con ojos de vaca.

El que lo lleva en el bolsillo lo enfunda y desenfunda a golpe de vibración y lo contempla sin sacarlo de debajo de la mesa. Está siguiendo una conversación paralela a ritmo de sms y los escribe a toda velocidad. Le suelta latigazos oculares a su mano, convertida ahora en una tarántula epiléptica. Todos se levantan para ir al baño a ritmo de metrónomo y cuando vuelven, como si de repente cayeran en ello, presentan al grupo alguna curiosidad recién recibida por correo electrónico.

Una lluvia fina de vino tinto ha ido calando en los comensales y, en el momento en que han acabado con los postres y esperan los cafés, se posa sobre la mesa un extraño ángel. Durante un interminable minuto y medio todos dejan de mirarse, se callan y se concentran cada uno en su dispositivo. Solo se oyen respiraciones y tecleos. Nadie finge ya.

Hasta que la pompa estalla y todos vuelven a mirarse los unos a los otros. De golpe salen del autismo y esconden los teléfonos con las orejas calientes y las mejillas rojas. Esconden el apéndice culpable, como si fueran adolescentes sorprendidos masturbándose que ahora se guardan azorados el pene en la bragueta. Sienten vergüenza pero a la vez disfrutan de una rara complicidad que amortigua lo incómodo del momento.

Se justifican glosando las maravillosas capacidades de sus aparatos hasta que alguien saca otro tema de conversación. Todos se enzarzan en él furiosamente, entre sonoras risas.

Traen los cafés. Y una mano se desliza hacia el bolsillo atraída por una vibración.