Opinion · Punto y seguido

Rusia y la autodeterminación de los kurdos en 26 apuntes

  1. Quien siembra vientos recoge tempestades, insinuó el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia sobre la dramática situación de los kurdos tras el ataque militar de Turquía del 9 de octubre al norte de Siria: «Nosotros estuvimos animando a los kurdos a tener un diálogo directo con el Gobierno sirio, pero ellos prefirieron a otros protectores y ahora pueden ver lo que pasa«. Luego, en la votación del Concejo de Seguridad, se negó a condenar la agresión militar ilegal turca a la Siria “soberana” y sólo le pidió «máxima contención» al atacante. Por otro lado, Donald Trump, para defenderse de quienes le llaman “traidor a los kurdos” afirmó que éstos «no son ángeles» y que algunos líderes de PKK son peores que Daesh y habría que dejarles un tiempo que se peleen para luego ir a separarlos, dejando una puerta abierta para volver a ocupar Siria. ¿Traidor? ¿No fue un equipo de la CIA y el Mosad quien capturó en Kenia al líder kurdo Abdullah Öcalan y le entregó a la dictadura turca en 1999?
  2. Seis días después, -tiempo suficiente para que los líderes kurdos se desesperasen por la muerte de un centenar de personas (entre ellas y la lapidación de la dirigente Hevrin Khalaf), y la huida despavorida de decenas de miles de sus hogares, abandonasen sus exigencias nacionalistas-, Moscú alcanzó un acuerdo con Erdogan y con los presidentes de Siria, EEUU e Irán para realizar patrullas conjuntas en la frontera turco-siria. Trump está tan feliz con esta solución que ha levantado las ultimas sanciones que impuso a Ankara. Con esta jugada maestra, Moscú consiguió:
  3. Evitar un baño de sangre kurda.
  4. Impedir que Turquía ocupe territorio sirio e instalase bases militares como había planeado.
  5. Forzar a los kurdos a alcanzar un acuerdo con Damasco, y a Asad a aceptar un cierto grado de autonomía kurda.
  6. Provocar fisuras en el seno de las fuerzas kurdas: Una facción aceptó pactar con Damasco, otro apostó por resistir a nada menos que el conjunto de las tropas de Rusia, Turquía y Siria.
  7. Exigir al Partido de Unión Democrática (PYD) que reniegue del PKK y alcance un acuerdo con Ankara, como lo han hecho los kurdos iraquíes, con los que Erdogan tiene magníficas relaciones, lo cual desmiente la kurdofobia del Sultán, quien de cara a galería la ha convertido en su modus vivendi.
  8. Que las tropas sirias entrasen en el norte sin disparar una sola bala.
  9. Ofrecerle a Erdogan el fin de la autonomía kurda a cambio de devolverle la provincia árabe-sunnita de Idlib a Damasco, que tiene ocupada con miles de rebeldes y “yihadistas” (con numerosos chechenos en sus filas), y luego hacerse cargo de ello. Es un magnifico trato para Erdogan que no desea 1) más bombardeos de Rusia y Siria sobre estos grupos en los que ha invertido millones de euros, (y le servirán para un nuevo uso en el futuro), y 2) la entrada de otros miles de refugiados aterrorizados idlibíes a Turquía.
  10. Resucitar el Acuerdo de Adana firmado entre Ankara y Damasco en 1998, que compromete a Siria (antigua sede de PKK) no dar cobijo a los “terroristas” y autorice a Turquía a entrar en el suelo sirio hasta cinco kilómetros para perseguirles. Con ello, Rusia propone fortalecer la seguridad fronteriza siria en lugar de la establecer una zona de amortiguación como exigía Turquía.
  11. Tranquilizar a Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que declararon inaceptable la ocupación de una región siria por Turquía: será más fácil, en un futuro próximo, expulsar a los turcos que a las tropas estadounidenses.
  12. Pactar con Erdogan la retirada gradual de sus hombres, para ser reemplazados por el ejército sirio, y seguramente con el visto bueno de Trump (que no de “EEUU”, lo cual acentúa la provisionalidad de esta situación).
  13. Salvar a Europa de la amenaza de Erdogan de enviar a millones de refugiados, como en 2015, si le hubieran castigado por matar kurdos. Putin mostró saber cómo tratar al “honorable” Erdogan, mientras Trump le llamaba “tonto” al caudillo turco.
  14. Proporcionar una salida “digna” a Turquía de un terrible pantano en el que iba a caer. Ahora y tras ver sus sueños neo-otomanos rotos en Siria -por no haber podido derrocar a El Asad, ni instalar una teocrática de Hermanos Musulmanes en Damasco, ni expandir desde allí su influencia en la región-, Erdogan no tiene otro remedio que aguantar al presidente sirio un tiempo más, tragando sapos. Ankara además de Siria, ha perdido la oportunidad de influir sobre Sudan y Libia, sin haberse recuperado aun de la derrota en Egipto, por lo que ganar a los que él llama “los mercenarios kurdos pro-estadounidenses” era una cuestión de honor para el consumo doméstico. Este regalo a Erdogan -de apartar a los kurdos de la frontera turca- fortalece la asociación de Rusia con un socio de la OTAN sin perjudicar a El Asad.
  15. Mejorar, aún más, la posición de Rusia para decidir el futuro de Siria.
  16. Conviertise en el principal árbitro de las relaciones turco-kurdo-sirias.
  17. Este cambio tiene lugar gracias a que Trump ha impuesto su voluntad en la Casa Blanca a pesar de la presión de los sectores más belicistas del Estado Profundo (incluidos el complejo Militar-industrial, el AIPAC y la Comunidad de inteligencia), por su negativa a 1) lanzar una guerra contra Irán, y aplicar una contención blanda de Turquía, y 2) dinamitar Siria e Iraq para formar un Kurdistán tutelado por EEUU, Europa, Arabia Saudita e Israel, con otra década de guerras, involucrando además a Turquía e Irán que se resistirán al macabro plan. Trump da vuelta a la narrativa de la CIA, que presentaba a los kurdos que no hace mucho tachaba de “terroristas” en las portadas de la prensa derechista occidental como héroes y heroínas. Desde 2012, los kurdos respaldados por el Pentágono se enfrentaban con los “rebeldes y yihadistas” organizados por la CIA, como carne de cañón y convertir a Siria en un Estado fallido. Pero, Trump no es más que una anomalía en el poder de EEUU: no ha leído el libro de Lenin sobre el imperialismo. La política tradicional de EEUU se impondrá, sino este país dejar de existir como tal.
  18. Ultima notica: la ofensiva contra Trump avanza y puede haber “Impeachment”, sobre todo ahora que “ha entregado Siria a Rusia e Irán”: ¡Ya dijimos que Trump es agente de Kremlin! El “Estado profundo” también tiene sus “gargantas profundas” y puede presentar más pruebas sobre la traición del presidente. Nadie se acuerda que Obama también permitió que Turquía e Irán abortasen la autonomía kurda en Iraq en 2017.

Moscú y los kurdos

  1. Para Rusia, los cambios en el interior de un país son asunto interno de ese estado, lo cual no significa ser indiferencia hacia los grupos “insurgentes” de los estados que le rodean. Moscú que sufre el extremismo islámico dentro y fuera de sus fronteras (el “yihadismo” fue inventado para destruir el socialismo y la Unión Soviética), a pesar de no tener una “política Kurda”, ve a los kurdos como un retén a aquellas fuerzas tanto en Siria como en el resto de la región. La carta kurda también ha sido utilizada por Kremlin:
  2. En febrero del 2016, en apoyo a las aspiraciones kurdas sirias, en Moscú se abre la oficina de representación kurda y Putin les invita a las negociaciones sobre el futuro de Siria en el marco de su política de crear influencia de doble naturaleza: la vertical, en las instituciones de los estados, y la horizontal, con la sociedad y sus entidades. Un gesto que pretendía debilitar a su rival turco además de lograr que tanto Damasco como Ankara dependan de Rusia para influir sobre esta minoría étnica.
  3. En julio del 2016 hay un giro radical en este escenario: el intento del golpe de estado contra Erdogan es frustrado posiblemente por Rusia, y el Sultán acusa a EEUU de querer derribarle y atentar contra la integridad territorial de Turquía, armando a los kurdos sirios. Así, EEUU apoya a los kurdos alejándose de Turquía, mientras Rusia recoge a un Erdogan destrozado. A partir de ahora, la “Autonomía kurda” será considerada por Ankara “la base militar de EEUU” y los kurdos como otro instrumento del imperialismo, junto con el “yihadismo”.
  4. Rusia empieza a dar un apoyo tácito a las agresiones militares turcas a la zona kurda de Siria en 2016, y en 2018 días después de que EEUU anunciara ampliar su presencia militar en esta región y con dos objetivos: forzar a los kurdos a pedir socorro a Damasco, cosa que no sucedió, y distraer a Turquía de su intento a derrocar a El Asad.
  5. Pero, en 2017 Rusia, con matices, apoya la independencia del Kurdistán iraquí, donde tiene importantes negocios petrolíferos. Aquí, es EEUU quien se opone: no era el momento.
  6. Rusia aboga por una autonomía cultural y administrativa limitada para los kurdos sirios. Queda por ver si el grueso de la guerrilla kurda, los Peshmarga (término persa-kurdo que significa ”quien abraza la muerte” ) se va a disolver o se convertirá en la unidad del ejército sirio en el norte.
  7. La diplomacia de Kremlin, basada en una aplicación delicada y sutil del pragmatismo y el realismo ha hecho que “Rusia vuelva a ser grande “, y encima de bajo costo, y acompañada por China impida que EEUU recupere su corto periodo de reinado unilateral sobre el mundo: empezó en 1991 y terminó en 2001, año de la formación de la Organización de Cooperación de Shanghái, lidereada por China y Rusia.

El acercamiento entre Turquía y Siria, dos repudiadas de Europa, no significa un cambio radical en el tablero: estas alianzas son furtivas y tácticas, mientras la guerra en Siria, ese Afganistán de Eurasia, destrozada por un conflicto de tres dimensiones.