Opinion · El repartidor de periódicos

¿Quién será nuestro Salvini?

«España entera se levantó contra una de las personas [Pedro Sánchez] que más frívolamente ha jugado a político en la historia reciente». Este es el resumen que nos ofrece Bieito Rubido, director de ABC, tras la convocatoria de elecciones que conocimos ayer. «España entera» y una multitud de gamusinos, unicornios, gnomos y hadas, añadiría yo. Porque Bieito y este vate coincidimos en una cosa: los dos somos gallegos y anteponemos la imaginación a los hechos con valleinclanesca, cunqueiriana y torrentiana facilidad. El director ni siquiera se digna a hablar, en su billete astrolábico, de la negativa de los partidos separatistas a aprobar las cuentas, que para los que no sois tan gallegos ni tan fantasiosos como nosotros es la causa del adelanto electoral. No, queridos borriquiños. Fue España entera, una, grande y libre, la que derrotó a Sánchez tomando la Moncloa con Abascal guiando al pueblo. Salimos todos en la foto del asalto: tú, yo, nuestras abnegadas madres y esposas, una centuria de obispos, defraudadores fiscales y/o banqueros, pueblo llano, obreraje, feministas, raperos, científicos, poetas y los ya citados gamusinos, unicornios, hadas y gnomos. Tantos españoles éramos que no cupimos en España e invadimos Gibraltar.

A esta capacidad de la derecha para aglutinarnos en sus anhelos kioskeros le llamo yo el síndrome del parte. Para los millenials, apuntar que el parte era el telediario de nuestros abuelos, el franquista, una fuente gloriosa de autoafirmación patria donde la oposición al franquismo no salía, pues estaba siendo arrojada por los huecos de las escaleras de nuestras comisarías y sus imágenes podían afectar a la sensibilidad de los menos trifálicos.

Un apunte más sobre este breve texto. Critica Rubido «el perverso uso de la expresión extrema derecha con el que zahieren dialécticamente todos los días a una parte de la ciudadanía». Ya sabemos para quién va a pedir el voto ABC.

En La Razón se suaviza un poquillo el discurso, cosa no demasiado complicada. Dice el periódico de Planeta que «todavía hoy desconocemos en base a qué los independentistas le apoyaron [a Pedro Sánchez]. Coño, Marhuenda, si hasta ayer presumías de saberlo y así lo proclamabas en tres de cada dos páginas de tu diario: los 21 puntos de Torra, el relator, la quema de conventos y constituciones y tal. Vaya ataque de desmemoria, chavales.

El Mundo de hoy se pone muy beato para sustanciar en palabras la caída de Sánchez. Y afea al ejecutivo agonizante que uno de sus últimos estertores haya servido para «proceder, en el plazo de 15 días, a la exhumación de los restos de Franco». Según el periódico de la bola, esto se hace «despreciando la opinión de la Iglesia, tal y como exigen los acuerdos con la Santa Sede». O sea, que hay pecado.

Olvida decirnos el editorialista que los «acuerdos con la Santa Sede», no llamados concordato para que no recordaran las connivencias vaticanas con Franco, Mussolini y Hitler, se firmaron solo cinco días después de salir en el BOE la Constitución. O sea, que son constitucionales por un huevo de Franco. Aparte de todas las ventajas económicas y fiscales que aquel neoconcordato incluía, también se obligaba a «la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales». Y se daba cobertura legal a los ofendiditos por el coño insumiso y otras lindezas: «Salvaguardando los principios de libertad religiosa y de expresión, el Estado velará para que sean respetados en sus medios de comunicación social los sentimientos de los católicos». Sin comentarios.

El País, discretamente amable con Sánchez, habla del «filibusterismo de la oposición y de las exigencias independentistas incompatibles con la división de poderes» como causas de este adelanto.

Esta es la atmósfera guerracivilera que se respira en nuestras redacciones. Cómo nos vamos pareciendo, cada día más, a Italia. ¿Quién será nuestro Salvini?