El repartidor de periódicos

Testosterona

Asisto estupefacto al espectáculo. Pablo Iglesias, politólogo, profesor universitario, presunto conocedor de los áspides mediáticos, diciendo que se guardó la tarjeta del móvil de Dina Bousselham porque era una desamparada veinteañera con la intimidad en almoneda. Fernando Simón, superhéroe pandémico, entrañable mezcla de Batman y Mariano Medina coronavírico, posando en la portada de El País en plan Marlon Brando en The Wilde One. ¿Es que no han aprendido nada? La derechita mediática está encantada con esta izquierdita tan torpe. Ya no se tienen que inventar nada. La gallina le adereza sus muslitos a la zorra. El cordero se sumerge en la olla a la espera del lobo. A ver, coño. No se lo pongáis a los carroñeros tan fácil.

Oír a Pablo Iglesias en las ondas explicando que guardó la tarjeta telefónica de Dina Bousselham para preservar la intimidad de una desvalida veinteañera, cuando todos sabemos que las veinteañeras son todo menos desvalidas, da pudor ajeno. Y hasta apesta a machismo. E infantilización de la mujer.

Lo de Fernando Simón es más perdonable. No es político ni politólogo. Sin embargo, tuvo tiempo sobrado para captar la atmósfera desasosegantemente hostil que impera en un sector de los media y sus lectores. Se disfrazara de motero o de lagarterana, las críticas le iban a llover igual. Lo inexplicable es que se deje disfrazar. Uno ha trabajado con grandes fotógrafos y ha ido comprendiendo que el arte del retrato no consiste en hacer fotos graciosas, montajes más o menos ingeniosos, sino en captar la esencia del entrevistado. Robarle la intimidad. El alma. No esto.

El caso es que ambos, Iglesias y Simón, se dejan llevar por la carnavalización de la información, por la frivolización vacua de sus cargos y responsabilidades, por la mascarada. Me recordarán mis trolls aquel popular posado de Soraya Sáenz de Santamaría en un dominical de El Mundo, vestida de rojo y en plan tía buena (con perdón). Y no es lo mismo. Aquella foto reflejaba en esencia lo que Soraya y muchos de sus comilitones piensan que ha de ser una mujer. Objetualizada sí, pero con arrogancia y autoconciencia. Como viene repitiendo desde hace años el poco refinado machirulo Alfonso Ussía: las mujeres guapas son de derechas. Y se queda tan tranquilo. Pues eso venía a representar aquella foto.

Sé que este debate es banal, estéril, de escasa entidad. Pero es síntoma de una enfermedad de la prensa, de la comunicación política en general. Más circo y menos ideas. Y eso, como periodista, me ofende. Me vacía la vocación. Me melancoliza la prosa. Y me hace perder el respeto a los que se prestan a la farsa.

En uno de sus titulares de portada, destaca El Mundo que "Iglesias ataca a la prensa y pide una comisión que diluya el caso Dina". Quizá por vergüenza ajena, y por ser mujer, la periodista Marisol Hernández elude cualquier alusión a la pobrecita veinteañera cuya virtud dice Pablo Iglesias proteger. Y aquí sí creo que comete un error, pues el líder de un partido feminista no debe dejar tanto olor a testosterona. A princeso de la Disney salvando a la atribulada princesa. Luego decimos que no hay machismo.

Otra cosa es denunciar las cloacas mediáticas, pero ese debate, que es el esencial, queda eclipsado por los excesos escrotales del vicepresidente. Un error impropio, ya lo dije arriba, de un hombre que ha sido profesor de políticas, que ha de conocer la importancia de la forma en el mensaje, que no debe andar presumiendo por ahí de salvar pastorcillas en las églogas, pues las pastorcillas de las églogas ya hace unos cuantos años que se defienden solas. No necesitan más espadachines fálicos luchando por ellas en duelo singular.

Fíjate tú que el que mejor ha captado el mensaje es Francisco Marhuenda. La Razón de hoy hace honor a su nombre en su titular de portada: "Malestar de las ministras del PSOE por el machismo de Iglesias". Si es que se lo ponéis a huevo (nunca mejor dicho), camaradas feministas. Feministas alfa, o sea. Viendo lo que hay de izquierda a derecha, todos los días deberían ser ocho de marzo. A ver si así aprendíamos.

PS: Tampoco os pongáis a leer La Razón como locos. Otro titular de portada, algo menos feminista, nos habla de El primer amor de la princesa Leonor. O sea, que ya tal.