Ruido de fondo

Grrr

Salvo que sea la exdirectora general de la CAM, haya conseguido una suculenta pensión de Caixa Galicia o pertenezca a la enriquecida casta de Wall Street, no concibo que un asalariado se quede en casa esta tarde.

Es cierto que la derecha puede ser tan troglodita como para oponerse al deseo de decencia democrática que inspira las manifestaciones esta tarde sólo porque la convocatoria le huela a izquierdismo perroflautesco. Pero aún así, dado que la crisis económica está azotando por igual a los votantes de uno y otro signo, estoy seguro de que a las manifestaciones acudirá gente de izquierda y de derecha. La indignación del 15-O supera esta vieja distinción decimonónica. No sé en otros países más civilizados, pero aquí sólo ha conseguido una transversalidad semejante la victoria de la Selección española de fútbol en el último campeonato mundial.

Hoy por la tarde nos manifestamos contra el sometimiento del poder político, más o menos elegido por los ciudadanos, a los intereses del poder económico. ¿Quién puede estar en contra de una cosa así? No se trata de reivindicar la felicidad universal ni la paz entre los hombres, ni siquiera de acabar con la economía de mercado, sino de pedir un poquito más de control y reglas que impidan situaciones como la de Grecia.

Y es precisamente este carácter pragmático y pacífico del movimiento 15-O lo que arroja dudas sobre su utilidad. ¿Servirán para algo las manifestaciones de hoy? Pues depende de cómo definas servir y lo que entiendas tú por algo, pero lo que no sirve de nada es quedarse en casa, soportando con encabronada resignación tanta tropelía. Hombre, vamos a sacar un poco de músculo, por lo menos.