Desmontando a Pablo

Stalin más Robespierre igual a Robestalin. Con ese nombre conjuran los tertulianos episcopales y los hombres de mundo (Del Mundo) al monstruo de la coleta. Yo me había prometido aparcar por un tiempo el tema de Podemos, entre otras cosas para desmarcarme de la tónica obligatoria, de la orden del día, de todos los días, del monotema al que nos someten nuestros creadores de opinión favoritos, en la prensa, la radio y la televisión. Antes de traicionarme una vez más me dispuse hace unos días (hay días que no está uno para nada) a engancharme con Iker Jiménez, el paranormal que conduce ese programa sobre fenómenos paranormales que se llama “Cuarto Milenio”. Iban a hablar del Club Bilderberg. Ya saben, ese híbrido de mafia global y masonería ecuménica que nos pastorea desde las sombras y cuyos fines son defender la supremacía occidental de la que son supremos representantes Reunión de pastores, oveja muerta, políticos, financieros, empresarios, periodistas de cámara y otras gentes de malvivir conjurados para tirar de los hilos de sus marionetas, para jugar una interminable partida de ajedrez sobre el tablero de Europa, con Estados Unidos como jugador invitado, partida que promete eternas tablas y ofrece celadas, gambitos y sobre todo sacrificio de peones. Discutían los debatientes de “Cuarto Milenio” sobre  la influencia del selectísimo club en la precipitada abdicación del rey de España. Habría sido la reina madre Sofía, socia benemérita de la organización, la que habría trasmitido a su real cónyuge la decisión del alto cónclave, una de esas propuestas que no se pueden rechazar.

A través del patio de vecindad me llegan los ecos de los cantos sirénidos que varios canales a la vez vomitan en forma de sapos y culebras sobre el intruso robesperriano, stalinista y chavista leninista de Pablo Iglesias. Sin menospreciar las intervenciones de Inda, subdirector de El Mundo, que no ha parado ni un momento de proferir toda clase de insidias y calumnias sobre el líder posibilista. La palma del martirio ajeno se la han ganado y se la siguen ganando a todas horas los alegres contertulios del ‘Cascabel al Gato’. La otra noche comparecía en este sanedrín, uno de los autores de un libelo titulado ‘Deconstruyendo a Pablo Iglesias’. Lorenzo Bernaldo de Quirós, el tipo de la pajarita lacia, economista y asesor de comunicaciones ha escrito una fabulilla con moraleja adjunta sobre lo que ocurriría en este país si un día gobernase Pablo Iglesias. Piensen en una mezcla entre Corea del Norte y Venezuela, internacionalmente aislada, entre otras cosas por haber triplicado el salario mínimo de los trabajadores en contra de las prescripciones de la UE, el FMI, el BCE , la CIA, el club Beidelberg y los cien mil hijos de San Luis. Parece que sigo enganchado al programa milenarista de ciencia ficción, pero en estos momentos el director cascabelero, Antonio Jiménez, recomienda un producto infalible contra el envejecimiento de la piel cuando lo que la audiencia desea saber es qué tinte para el pelo utiliza él mismo. A Bernaldo de Quirós se le alegra la pajarita cuando, entre sus especulaciones, desliza una tremenda crítica. “Es que ni siquiera son modernos”, sentencia el lechuguino con cara de asco, la misma que se me pone a mí cuando trato de digerir la viscosa papilla, predigerida y deconstruida por estos chefs de la cocina basura y de la desinformación desestructurada.