La vida es una tómbola

Donde no hay publicidad resplandece la verdad, se llamaba una sección de la revista de humor ‘La Codorniz’, la revista más audaz para el lector más inteligente. Sin el concurso de la publicidad en TVE resplandece la mediocridad y campa la manipulación informativa al servicio del partido de gobierno. A falta de anuncios en TVE se patrocinan hasta los telediarios y las procesiones de Semana Santa. No hay publicidad en TVE, pero para no malacostumbrar a la audiencia se incluyen en la parrilla promociones continuas, adelantos de programas y productos de merchandising propios, espacios que suplen durante 4 ó 5 minutos la falta de spots y sacian los más bajos instintos consumistas de los consumidores virtuales que solo compran por los ojos y consumen de oído y sin salir de casa para no gastar. A menos consumo menos anuncios de consumibles. En los canales privados de la TDT emiten sobre todo anuncios abreviados, comprimidos, compactados en bloques sumarísimos que fusilan al espectador como ametralladoras y se funden y se confunden creando el caos. De pronto descubres que has estado a punto de lavarte el pelo con un desatascador de fregaderos, de rociar la ensalada con un desodorante a las finas hierbas y de bañar el postre con un enjuague bucal con sabor a menta.

Los bloques publicitarios están cronometrados por reputados expertos para no perder la atención del público, bloques cortos que seccionan series y programas recién iniciados, bloques medios a mitad de espacio y, justo antes del desenlace, cuando se supone que los espectadores están completamente enganchados, un megabloque  rompedor y paralizante. Las estratagemas son múltiples y a veces burdas: en los programas punteros de Divinity, los cortes publicitarios superan a menudo el metraje de la serie. La serie estrella de la cadena subsidiaria de Mediaset versa sobre el mercado inmobiliario de… Vancouver, compraventas, reformas, demoliciones y restauraciones exprés, los inquilinos colaboran en la destrucción de sus inmuebles, mazo en mano y esta catarsis complace a un público español que ya no tiene ni muros que destruir, ni techos que reparar ni casas que hipotecar. Diríamos que el personal siente nostalgia del ladrillo, pero las paredes de las casas de Vancouver no son de ladrillo sino de cartón y madera, de pladur y de papel… así da gusto.

Hubo un tiempo en el que la publicidad televisiva ofrecía anuncios que superaban en calidad y creatividad, en ingenio y tecnología a la mayor parte de las series y los programas de producción propia, un tiempo en el que los creativos publicitarios españoles descollaban y contaban con sobrados medios económicos y técnicos. Hoy esa creatividad solo asoma a cuentagotas en campañas internacionales, en el prime time, luego solo veremos trailers de trailers, píldoras aceleradas de falsa realidad.

Hay gustos para todo, he oído quejarse a abonados de canales de pago por la emisión de películas de largo metraje que no dan tregua para pasarse por la nevera o ir al cuarto de baño. El doctor Zhivago tiene sobre su conciencia miles de casos de retención de orina y de comas diabéticos. Consulte a su farmacéutico antes de emprender un maratón de estas características. Pero si hay una publicidad especialmente fraudulenta y lesiva es la que fuerza a presentadores, periodistas, artistas, humoristas, meteorólogos, locutores y comunicadores a realizar anuncios en directo durante el programa, a traición, y en el caso de los periodistas traicionando eso que antes se llamaba deontología profesional. Ninguna norma exige que actores y actrices no presten su voz y su imagen en anuncios publicitarios, pero no sería de recibo que en mitad de sus parlamentos de ficción intercalaran ‘mensajes’ publicitarios: “Te amo, Merceditas, porque tus ojos relucen gracias al eyeliner de Lolay y el ácido hialurónico proporciona a tu cutis una tersura sin igual”. He oído a grandes comunicadores predicar las supuestas virtudes de pulseras antirreumáticas, cartílagos de tiburón y otras supuestas panaceas sin base científica, y hacerlo con el mismo tono y el mismo énfasis con el que informan, denuncian o analizan las materias de actualidad. Fuera de ese contexto informativo se puede permitir (allá él) que Punset recomiende a Messi una marca de pan de molde siempre que no la relacione con el desarrollo de las neuronas. El que los colaboradores del Intermedio pretendan seguir siendo graciosos publicitando móviles o entidades de crédito produce cierta congoja, el bochorno y la vergüenza ajena quedan para el conductor del “Cascabel al Gato” de la 13 que entre diatriba y diatriba vende aparatos para detectar radares y burlar las leyes o crucifijos bendecidos para pedirle al Altísimo que la Guardia Civil no nos pare en el control de velocidad y alcoholemia. Como cantaba Marisol: la vida es una tómbola.