Fin de fiesta… nacional

Se olían los monosabios opinativos que su divertimento de sangre y cuernos iba a abandonar en mulilla el Parlament y ayer salieron de toriles con la tirita lista para recibir la herida. “Dicen toros, pero es España”, voceaba ABC en primera sobre un grotesco dibujo de Mingote que mostraba un toro citado por un matador armado con una senyera por muleta. “Pretender alimentar la prohibición antitaurina con sentimientos nacionalistas es una forma de limpieza cultural de Cataluña, instrumental de una estrategia mucho más amplia que busca convertir en cuerpo extraño a la identidad catalana cualquier vínculo con lo español”, se desgañitaba el editorialista. Ignacio Camacho le hacía los coros: “Se trata de un intento de desespañolización simbólica, una maniobra de independentismo virtual, un puyazo a la identidad común”.

Eso era sólo una faena de aliño comparada con la de Carlos Dávila en La Gaceta. Vean: “Los socialistas, que se hinchan los pulmones fumándose purazos en todos los cosos de España. Ellos podrán viajar a Benidorm, donde los morlacos están más afeitados que el tafanario de Puigcercós”. Parejo en finura, desde Libertad Digital, el irregular diestro Agapito Maestre se borraba del festejo a lo Curro Romero: “Creo que lo mejor que podría hacerse con este personal es concederles la independencia, sí, uno a uno, y pagando al resto de los españoles todo lo que les hemos costeado”.

Al lado de estos embistes, La Razón flojeó. Lo había dado todo la víspera y el único cartucho que le quedaba llevaba la firma de Martín Prieto: “Si los toros salieran a la arena con la senyera como divisa no se habría forzado la surrealista votación de hoy, que nada tiene que ver con el derecho animal, sino con la monomanía identitaria”.

Afganistán y la propaganda

También hacía el periódico de la mancheta azul un editorial de trámite, pero resultaba más jugoso otro que echaba sacarina sobre el comportamiento de los másters del Universo en Afganistán. Lean: “En una guerra, que no una misión de paz, una decisión en un segundo es la diferencia entre morir y vivir. La lucha contra el terrorismo es una causa justa, que arrastra situaciones trágicas”.

Menos cínico, el Grupo Gees se retrataba en Libertad Digital: “Nosotros -los buenos de la contienda- deberíamos ponernos de acuerdo en una adecuada estrategia para ganar las mentes y los corazones de la opinión pública para ofrecer una narración favorable de los acontecimientos”.