Opinion · Un paso al frente

Un atraco de más de 200.000 millones de euros… y gracias

El ministerio de Defensa pretende atracarnos. Con alevosía y a plena luz del día. Noticias sobre ello podemos encontrarlas en casi cualquier medio, casi siempre en formato telegrama y en posiciones marginales. Pero ahí están. Anunciando el futuro atraco, nuestro atraco. Y el montante no es para bromas, el asunto son más de 200.000 millones a la década, lo que supone casi un 20% del PIB anual de 2017.

Efectivamente, el aumento del presupuesto de Defensa del 0,9% (que hasta que se ‘blanqueo’ el gasto inconstitucional era menor) hasta al menos el 1,5% supondrá nada más y nada menos que 21.000 millones de euros al año (hace dos años se gastaban oficialmente 5.700 millones de euros). Y no es el objetivo, pues lo acordado en las diferentes reuniones de la OTAN es llegar al 2% y lo que Donald Trump ya ha advertido que desea es llegar al 4%. Ello nos situaría entre los 30.000 y 50.000 millones de euros anuales, casi la mitad de nuestro PIB de un año en una década. Una barbaridad.

Margarita Robles, igual que Cospedal o Morenés y nuestra cúpula militar, tan campante

Ante una ciudadanía y unos medios de comunicación inertes, el almirante Santiago González, director general de Armamento y Material, ha anunciado que antes de finalizar el año 2018 el Consejo de Ministros aprobará tres grandes programas de armamento: fragatas F110, las que forzaron a que Pedro Morenés se abstuviera del Consejo de Ministros que autorizó su venta porque la empresa que dirigió, MBDA, montaba los misiles de la misma; el vehículo de combate 8×8; y la modernización de los Eurofighter, de los mismos que teníamos hasta hace nada una docena almacenados en Albacete sin darles ningún uso.

A ellos habrá que sumar casi 2.000 millones de euros por el submarino S-80, el que no flotaba ni se propulsaba; y más de 800 millones de euros por la actualización de los helicópteros Chinook al mismo precio que otros países los compran.

Para el almirante González, España está «un poquito dormida« por no aflojar la pasta que tan agradecidos reciben sus excompañeros, también altos mandos, que ahora cobran cantidades obscenas en la industria armamentista. Por poner un ejemplo de una lista interminable, podríamos reseñar el caso de los tres ex Jefes de Estado Mayor de Ejército que de tanto amar a la Patria terminaron cobrando de la industria de las armas: Carlos Villar Turrau (Tierra), Sebastián Zaragoza (Armada) o Javier García Arnáiz (Aire).

En esta película, nuevamente, los ministros ni pinchan ni cortan, por ello Margarita Robles está cumpliendo exactamente el mismo papel que Cospedal o Morenés. Ver, oír y callar. Esa es la subordinación militar al poder civil. Esa es la independencia del poder legislativo y ejecutivo de los mercados y los comisionistas, más reales que nunca.

Un disparate inaceptable

Sin embargo, este gasto, impuesto a nuestro protectorado desde la Metrópolis (EEUU) podría ser otro muy distinto. Aunque me gustaría que pudiéramos cambiar el mundo, asumo que ello no es posible. No solo eso, sino que a los españoles se la refanfinfla el asunto de un país o un mundo mejor.

Doy por amortizado, pues, aunque no rendiré por ello la plaza, que nos la trae al fresco que nuestras armas asesinen civiles y masacren niños en colegios, hospitales o mercados. Al menos, mientras ello suponga trabajo. Hasta la Izquierda lo acepta. Y es que el trabajo nos hará libres. Ya saben. Asumo igualmente que nos la trae al pairo que nuestro Ejército participe de guerras neocoloniales y destroce el mundo como hizo con Irak o Afganistán junto a la banda criminal que tenemos por amiga. Al menos mientras ello suponga explotación laboral de Zara a los refugiados en el sur de Turquía y esquilmar el petróleo de Irak. Esto es: camisetas baratas y combustible.

Lo que no puedo comprender, ni tan siquiera en este mundo regido por el egoísmo extremo, es que nos atraquen de forma semejante ante el silencio político, mediático y social. Que nos vayamos a cepillar 210.000 millones de euros en una década, como mínimo, es una salvajada que tendrá consecuencias serias y directas sobre pensiones, sanidad o educación. Sobre todo el país.

Aceptar la realidad

Por tanto, aceptando esa realidad que como país sometido a los designios de la Metrópolis nos obliga (aunque no parezca que suframos mucho) a vender armas a genocidas o perpetrar crímenes de guerra, hagámoslo con el mínimo gasto posible. Con otro Ejército.

Un Ejército pequeño, de unos 25.000 componentes, altamente cualificado y equipado que, en lugar de duplicar o triplicar el gasto anual en Defensa, lo reduzca en un 70 u 80%. Esto es, un Ejército que consuma menos de 5.000 millones de euros al año y no los más de 20.000 millones de euros que se llevará por delante desde 2024 en adelante. Un Ejército que nos permita cumplir con los ignominiosos compromisos internacionales a cambio de trabajo y camisetas baratas, pero a un coste inferior. En definitiva, un Ejército sin submarinos que no flotan, aviones que no vuelan o carros de combate que terminan en hangares por falta de combustible.

Un ejército que no consuma las pensiones, la sanidad ni la educación.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.