Opinión · Verdad Justicia Reparación

La transición económica de la oposición

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

“Hay que recuperar los principios liberales desafiados por el desorden” (J.Mª. Aznar, 27.mayo.2019)

Lo siento: no he encontrado una mejor ni más corta definición de la lucha ideológica interna en la que actualmente chapotea el trifachito que esta frase de Aznar. Lástima que, por tratarse de una disputa de ideas, no sea prioritaria para PP+C’s+Vox. Pero, si alguna vez la analizan los sabios trifálicos, encontrarán un primer obstáculo: que, políticamente hablando, es una frase manifiestamente contradictoria. Contradictoria en el tiempo porque un falangista de pura cepa y cuna como Aznar lleva años afligido por un ataque ¿edípico? que se manifiesta cada vez que ratifica su fe ciega en el liberalismo, olvidando así que, para los falangistas-pata-negra que le parieron y acunaron, los liberales eran casi tan satánicos como los masones. En fin -cría cuervos-, Aznar ha olvidado que José Antonio vociferaba “¿Para qué quieren libertad los obreros?, ¿para morirse de hambre?”.

Asimismo, la cita aznariana es contradictoria porque su (neo)liberalismo sobrevenido traiciona los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional –¿alguien que se acuerda de ellos?, ¿ni siquiera Vox?- pero, finalmente, escucha el Aullido de su Manada Ancestral y recupera uno de los vocablos más utilizados por el tardofranquismo: el “desorden”. A diario nos machacaba el susodicho con un lema que atribuía al pensador de moda, fuera éste quien fuera: “Prefiero la injusticia al desorden”. Esta boutade fue el elixir alquitarado de su última filosofía política. Incluso la exportaron a Europa cuando les caducó por excesivo manoseo un axioma previo –“libertad no es libertinaje”.

Ahora bien, ¿esta postrera aznariada ilumina también a sus colegas del Trifálico? Pues sí que les ilumina porque, en materia económica, C’s-Garicano y Vox-Manso Olivar están igualmente perplejos ante la misma pregunta: una vez conquistado el Estado, ¿hay que destruirlo? Traducido al roman paladino: ¿están nuestras élites franquista-neoliberales seguras de que ellas recibirán, única y exclusivamente, los beneficios de la privatización del Estado? Aquí encontramos diferencias de matiz: como de costumbre, esa Veleta Naranja que llama flexibilidad al oportunismo espera para definirse a que otros se tiren a la piscina porque sabe que Vox se lanzará el primero. Por esta razón, olvidemos a C’s y centrémonos en Vox.

Centrar la lupa en Vox tiene la ventaja de que, como presumen de no ser economistas sino sólo super-patriotas, apenas ocultan sus planes materiales. Por otro lado, nadie les exige airearlos porque la Acorazada Mediática y la Izquierda Chistosa les han hecho el favor de reducir ese partido a sus memes y covadongas. Muy divertido eso de reírse de sus caballos y sus gonfalones pero con ello les hicieron el caldo gordo porque desviaron la atención pública hacia sus batallitas medievales: exactamente lo que habían planeado sus mecenas y asesores, probablemente instruidos por el famoso Steve Bannon.
Sea como fuere, nadie respondió a Vox “es la economía, estúpido”. De haberlo hecho, nos habríamos encontrado con alguna sorpresa. Por ejemplo, que los Cruzados decían provenir de un Estado totalitario (“Castilla desprecia cuanto ignora”) pero, en lugar de conservarlo, lo vendían cual gallina flaca mientras marchaban hacia una Tierra Santa gobernada por unos obispillos… neoliberales. El fascismo se despoja de sus oropeles mediáticos y de su Estado absoluto –antes, aparentemente constitutivo e intrínseco-. Ahora, su nueva chaqueta es la neoliberal aunque, como estamos en plena transición, todavía no la luzcan todos sus mandamases.

Además, como han sido diseñados para vegetar en minoría, estos neofranquistas-neoliberales tienen la ventaja de que expresan su neoliberalismo en fórmulas cortas, como si fueran chuletas para un examen –y probablemente así nacieron. Por ello, recomendaría que, siguiendo a 15M PA RATO, un grupúsculo de pobretones del que se reía don Rodrigo hasta que se heló el alma en Soto del Real, supiéramos de una vez qué planea Manso Olivar (MO), su gurú económico. Para ello, nada mejor que citar una de sus proclamas más explícitas: en las 300 palabras de su manifiesto Desconfíen siempre del gobierno, MO suelta perlas anarcoides como las siguientes:
“la más peligrosa de las idolatrías contra las que nos advierte el Antiguo Testamento es la más moderna: la estatolatría. Nada me parece más dañino para la moral pública que el convencimiento que tienen muchos de nuestros conciudadanos de que la finalidad última de la organización estatal es nuestro bien… en lugar de comprender que dicha finalidad no es sino la dominación de la mayoría por una minoría…Sin embargo, no soy anarquista ni creo en el mercado como alternativa a la existencia del Estado. El crecimiento del Estado ha generado en los dos últimos siglos el crecimiento, también del mercado, hasta extremos asfixiantes en los que están ambos de manera coordinada. Ninguno de los dos es enemigo del hombre. Sin embargo, la ausencia de mercado acaba con la libertad y la del Estado con el mercado… Necesitamos Estado pero no que nadie, el Gobierno, se apropie del mismo o lo haga crecer hasta anular nuestra existencia para asegurar la suya.” (MO, en su página web mansolivar.com)

Caray, si MO no firma que “no es anarquista”, más de un despistado lo hubiera creído. Y, aunque detesto la creencia en que el anarquismo está inscrito en la idiosincrasia española -¿qué es la idiosincrasia?-, no descarto que este desplante torero haya contribuido a su crecimiento popular puesto que, a fin de cuentas, todo partido naciente debe tender a la promiscuidad vía la confusión. La política lo exige pero la economía no se puede disimular ni siquiera enmascarándola tras los Tercios de Flandes.

Repito finalmente: todo esto es ideología y, por ende, peccata minuta. Aznar, el Príncipe de la OTAN, la cacarea para hacerse la ilusión de que es un gran pensador. Rivera el Veleta, para que Macron no le olvide y el españolísimo Vox la utiliza para amarrar (en el sentido charlatanesco) a uno de sus mecenas principales, el ya citado gringo Steve Bannon.