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La izquierda abertzale en su laberinto

Con independencia de los excesos retóricos que suelen acompañar los comunicados de la izquierda abertzale, la declaración que hicieron pública ayer los firmantes del Acuerdo de Gernika, un día después del anuncio del alto el fuego de ETA, encierra ciertas claves que merecen una atención particular. El texto –suscrito por Izquierda Abertzale, Aralar, EA, Alternatiba, además de determinados movimientos sindicales y sociales– valora de manera positiva la decisión de ETA, como cabía suponer. Pero, a continuación, reconoce de manera implícita la insuficiencia del anuncio de la banda terrorista al reclamar al "conjunto de los agentes interpelados en el acuerdo" que den nuevos pasos conducentes al "desarrollo
íntegro" del mismo.

Aunque entre los "agentes interpelados" se encuentra también el Estado español, al que se exige la derogación de la Ley de Partidos o el fin de la política de dispersión de presos, resulta evidente que la declaración de ayer va dirigida sobre todo al único interlocutor al que la izquierda abertzale puede plantear reivindicaciones en las actuales circunstancias; es decir, ETA. Y uno de los pasos que se reclama a la organización es añadir a su alto el fuego la condición de unilateral e irrevocable. El tiempo juega en contra de la banda, que se encuentra en fase terminal. Y también en contra del conjunto de la izquierda abertzale, cuya unidad alcanzada en septiembre pasado en torno al Acuerdo de Gernika nunca ha estado exenta de tensiones internas y puede romperse por la interminable espera.