Opinion · El desconcierto

Colau, Carmena y la algarabía cortesana

Ha bastado un desplante de la alcaldesa de Barcelona al Jefe del Estado, al no acudir al besamanos de Felipe VI en Barcelona, para que la inmediatamente posterior sonora algarabía de los cortesanos de la Zarzuela supere el habitual alto volumen de decibelios de la Brunete Mediática. Un anterior desplante habido tan sólo unos días antes, protagonizado por jueces de la Brigada Aranzadi abandonando el Colegio de Abogados de la capital catalana, tras el discurso del presidente del Parlamento catalán sobre los presos políticos, no suscitó, sin embargo, algarabía alguna sino incluso hasta los más encendidos elogios por quienes hacen gala de la buena educación, pese a esta más que evidente ley del embudo cortesano.

La alcaldesa de Madrid, Carmena, fue objeto también del maltrato cortesano cuando, durante la anterior semana, decidió no acompañar a Felipe VI en la inauguración oficial de la Feria Internacional de Arte, ARCO, precedida por una muy descarada censura de la libertad de expresión sobre uno de los artistas. Algarabía que no cesó a pesar de que el ejército de los censores, desde el ministerio de Cultura e IFEMA a los socialpopulares de Ferraz, se vieron obligados a rectificar, tras comprobar que Ciudadanos desertaba del pelotón de ejecución de la libertad de expresión. Sobre la edil madrileña cayeron las toneladas de basura que ahora caen sobre la edil catalana. Su culpa, desmarcarse del error real al inaugurar un certamen bajo censura.

Que los dos principales ayuntamientos democráticos, Madrid y Barcelona, aparezcan en el punto de mira de la artillería cortesana obedece a algo más que al enfado de la Corte por las dos negativas constitucionales de las dos alcaldesas a rendir  pleitesía  a un Rey, sin sensibilidad alguna, tanto sobre el carácter plurinacional del Estado español como sobre la defensa de la libertad de expresión. Que el poder municipal escape hoy a los caprichos de los cortesanos de la Zarzuela, cuando no lo hacen el ejecutivo, legislativo o el judicial, no es de recibo para esa denominada Casa Real que nunca ha sido elegida por los ciudadanos españoles y, por lo tanto, no responde a ningún control democrático.

Quizás no sea más que una casualidad, pero lo cierto es que estamos a poco más de un año de la apertura de unas elecciones municipales en las que Madrid y Barcelona son los dos ayuntamientos sobre los que puede girar la victoria del proyecto de redemocratización de la sociedad española, dirigida por  todas las fuerzas progresistas, o  del objetivo de la recentralización de toda España, dirigido por las fuerzas reaccionarias. Que tanto Colau como Carmena continúen en dichos municipios, o que puedan ser sustituidas, depende mucho de que el resultado electoral de estas urnas pueda tener una lectura u otra. El recuerdo de lo ocurrido el 14 de abril de 1931, donde aquel recuento de algunos municipios importantes determinó la fuga de Alfonso XIII, obsesiona a los cortesanos, pese a que el contexto de hoy nada tiene que ver con el de ayer.

Tanto hablar del Mobile World Congress, cuando su presidente John Hoffman no ha abierto la boca, pudiera tener algo que ver con la  campaña electoral de estas elecciones municipales. Más de uno y dos cortesanos, quizás, busquen el peligro que denuncian, el abandono de MWC, como un excelente y oportuno cartel electoral contra el  actual ayuntamiento democrático de Barcelona, pese a que hasta 2023 ésta organización continuará en la capital catalana. Tal vez hoy alguno de ellos esté ya haciendo gestiones empresariales, similares a las que se hicieron tras octubre de 2017 sobre empresas multinacionales, según informó la ORTF, para que renuncien a tener su sede en Cataluña o a celebrar congresos en Barcelona.

Carmena y Colau, Colau y Carmena, tanto monta, son hoy las dos principales exponentes democráticas de la sociedad española. Si fueran barridas de sus respectivas alcaldías, su desalojo precedería en muy poco tiempo al de todas las restantes fuerzas progresistas de los reducidos núcleos de poder que la izquierda aún conserva. Como su buena gestión municipal desmiente una supuesta incapacidad de gobierno de las fuerzas progresistas, en claro contraste con la anterior cleptocracia de las fuerzas reaccionarias, se vende ahora la imagen del enfrentamiento de Cataluña con España justo cuando Ada Colau y Manuela Carmena son el mejor ejemplo de la unidad de la España plurinacional tanto en Barcelona como en Madrid. De ahí que los patriotas de bolsillo las difamen al servicio de intereses inconfesables.