notas para la presentación de Las voces del 15-M (Traficantes de Sueños, 30-6-2011)

Me gustaría decir algo breve sobre mi contribución a este libro. Como se ha explicado, recoge algunas voces de gente implicada en el movimiento 15-M. En esa línea, sus editores me pidieron una selección de los “apuntes de acampadasol” que he ido lanzando en mi blog del diario Público. ¿De dónde surgen estos apuntes?
Por un lado, unos días después del comienzo de la acampada, en el periódico donde colaboro me piden que escriba algo sobre el movimiento. Les parece que hay una continuidad muy clara entre el movimiento 15-M y esa “otra política” por la que pregunto desde hace dos años en mi espacio de entrevistas “Fuera de lugar”. Me dan libertad para hacer lo que yo quiera: artículo de opinión, reportaje, etc.
Por otro lado, yo mismo siento por entonces la necesidad de escribir y compartir las primeras reflexiones sobre lo que estamos viviendo. Entre las muchas maneras de estar en el mundo, formo parte del grupo de enfermos que sólo puede relacionarse y conectarse con las cosas pensándolas, a veces una verdadera maldición.
El caso es que me pongo a escribir algo y no hay modo. Nada cuaja. ¿Cómo es posible? Los formatos y registros que se me presentan mentalmente como opciones me fuerzan a ir más allá de lo que yo tengo para decir en ese momento. No me permiten balbucear y sobre todo tengo balbuceos para compartir: dudas y cosas que no entiendo, situaciones que me hacen preguntas, detalles conmovedores y repletos de claves por descifrar, etc. ¿Qué puedo escribir, entre la pura descripción de lo que pasa y la formalización conceptual precipitada que obtura las preguntas? ¿Cómo pensar sin intelectualizar o representar?
Finalmente, tras varias cavilaciones y conversaciones (en especial recuerdo un chat en Facebook con mi amigo Franco Ingrassia), decido simplemente llevar a la Red los apuntes que voy tomando en mi cuaderno de notas, sin apenas mucha más elaboración. Como un primer recorte de materia prima: registros para pensar, pensamientos que registrar. Nada muy original como escritura, pero que a mi me permite:
-no colocarme en una posición de saber, avanzar por fragmentos. Resistir la tentación de creer que lo que pasa ya está pensado y aplicar entonces simplemente un saber previo. Empezar por la escucha y el asombro, no por el reconocimiento y la confirmación. De ahí que los apuntes empiezan recordando la máxima de Heródoto: “anote todo lo que no entienda”.
-vincular lo íntimo con lo colectivo. Muchísimos apuntes empiezan así: “un amigo dice”, “una amiga me cuenta”, “un chat en Facebook”, “intervención de un desconocido en asamblea”… Lo íntimo para mí no es un espacio privado y de retiro, sino el lugar de una conversación incesante. El yo, lo que yo pienso, se produce y emerge en ese flujo de voces en diálogo.
-conectar lo que pasa y lo que me pasa. No describir los eventos desde esa voz en off analítica que es el sujeto de la mayor parte del ensayo político, sino hablar en primera persona, poniéndome yo mismo en juego (las preguntas, las dudas, las inercias que el acontecimiento revela en uno mismo, etc.).
Los amigos hemos pensado mucho últimamente en torno a un desacople entre palabra y experiencia que uno de ellos llama “crisis de palabras”. En ese desacople la palabra se hace autorreferencial y automática, se vuelve incapaz de afectar la vida y tocar la realidad, se hace casi imposible creer en ella, pierde verdad e importancia.
Se empieza a salir de la crisis de palabras haciéndose plenamente responsable de lo que dice, no diciendo más de lo que uno quiere y puede decir, esto es, lo que cada cual es capaz de sostener.
¿Y a nivel colectivo? El intelectual como depositario tradicional de la “palabra” (legítima, autorizada, experta) también está en crisis. Las palabras desbordan hoy todos los marcos de las instituciones establecidas (y en descrédito). ¿Y si pensar pasase ahora, no tanto por ofrecer narrativas unificadas y acabadas, como por proponer y trenzar conversaciones, enunciados sin autor, ideas editables y actualizables, preguntas sin respuesta?
El feedback (riquísimo) que he recibido con los “apuntes” (comentarios personales, en el blog, réplicas de los contenidos en la Red, aportación de palabras e imágenes) habla en este sentido. Lo que más se agradece es, según creo, el carácter balbuceante e inacabado, subjetivo y coral de los apuntes.
En este punto yo mismo me pongo dos “peros”:
1- aquí el yo no se disuelve en un proceso colectivo, sigue habiendo un “autor”
2- todo esto se publica en un periódico, lo que da “poder” a mi voz (que ya no es una voz “cualquiera”)
Sobre el punto 1: se sabe que las vanguardias de todo tipo han experimentado desde hace décadas con la disolución del yo en procesos y tramas colectivas, donde ya no se sabe qué es de quién, donde no hay autor asignable ni responsable, donde ningún nombre propio puede privatizar dinámicas colectivas, donde el anonimato es radical (o donde un seudónimo representa ese carácter colectivo, múltiple y descentralizado de la creación-producción: Luther Blissett, por ejemplo).
Conozco, comparto, he practicado y practico esa modalidad de anonimato. Pero hoy también me pregunto si es la única vía posible para escapar de la maldición del “autor individual y propietario”, si es la única articulación interesante y liberadora entre yo y nosotros, lo común y la singularidad. Veo que en las redes sociales y los blogs hay un uso de la primera persona, con la potencia que tiene ese tipo de enunciación muy encarnada, pero como un nombre propio más, como uno cualquiera; y además conectado a un flujo de conversación colectivo, aportando a un gran relato coral (blogosfera, hashtags, etc.). Quizá podamos pensar hoy también lo colectivo como un sistema de resonancias entre puntos singulares y no sólo como un mural dibujado a muchas manos.
Sobre el punto 2: publicar en la tribuna de opinión de un periódico hace que mi voz sea la de “alguien” y no la de cualquiera. Los riesgos de hablar desde esa “tribuna” son claros y conocidos: colocarse como intelectual-que-sabe, personaje-protagonista que se apropia y representa un flujo colectivo, identificación de la palabra con la línea de un medio de comunicación, etc. Los riesgos están ahí, son mi sino. Hay que pensar y decidir qué se hace (y cómo) en cada situación (lo que no significa empezar de cero cada vez). ¿Cómo destituirse de la posición de saber, cómo devolver al flujo colectivo, cómo despegarse de todo alineamiento partidista de la palabra?
Medité si publicar los apuntes en Público o en el blog de Acuarela y finalmente me decidí por Público. ¿Por qué? Para llevar el 15-M a lugares incómodos, donde (supuestamente) no debe estar. Llevar aquí lo que está acá, hacerlo circular. Cruzar las fronteras y pasar algo de contrabando. Moverse en las costuras (entre los medios y la calle, entre el periodismo y el activismo). Jugar en las reglas de un medio de comunicación, pero sorteando en lo posible sus exigencias: la información desencarnada, la opinión exterior, los textos breves y digeribles, etc. En definitiva, como dice un amigo, para extender la peste.
Foto: IpUrBeLtZ
Los “Apuntes de acampadasol” en papel:
Las voces del 15-M
Cahiers du Cinema (España)
diario Lavaca (Argentina)
revista Alfabeta (Italia)

19J: centenares de miles de personas toman las calles de toda España.
20J: Sr. Puig, señores políticos, policías, infiltrados, tertulianos, editorialistas de la “línea roja”, ¿qué piensan hacer ahora para pararnos?
El 15-M no es de izquierdas ni de derechas. El movimiento ha repetido eso sobre sí mismo una y otra vez. A la prensa parece que también le ha llegado el mensaje: tras los incidentes frente al Parlament, prensa de izquierdas y de derechas atacan al alimón al 15-M. Es algo muy distinto a lo que pasó cuando el “no a la guerra” o incluso cuando el 13-M de 2004.
Un tuit: “para conocer la propaganda del poder: la prensa. Para conocer lo que pasa: las redes sociales”.
Un amigo me pregunta si ese tuit insinúa que la campaña de simplificación/criminalización ha sido tan compacta y transversal porque estaba orquestada como una conspiración. Pienso que no, que hay explicaciones mucho más interesantes y satisfactorias. Guillem Martínez ha propuesto un término para describir la cultura dominante en España durante los últimos treinta años: Cultura de la Transición (CT). La CT defiende que la democracia española actual, tal y como es, es el único sistema posible de convivencia y organización de lo común. Más allá, sólo hay barbarie. La CT es sobre todo un marco a través del cual se ve la realidad: lo posible, lo justo, el ruido, el sinsentido, etc. Ese marco incuestionado que estructura la mirada de la mayoría de los medios de comunicación es el que salta como un resorte ante un cuestionamiento profundo de la democracia actual como el que propone el 15-M. “Lo llaman democracia y no lo es”: es la mayor ruptura que nunca hemos visto nunca en la CT, lo que algunos llaman un cambio de época.
La CT se ha asegurado durante décadas el control de la realidad mediante el monopolio de la palabra. Un sistema de información centralizado y unidireccional en el que solo las voces mediáticas tenían acceso, mientras que el público jugaba el papel de audiencia pasiva y existían temas intocables. Pero eso se acabó. A una de las campañas de criminalización más agresivas que yo recuerde, se le ha respondido en tiempo real haciendo circular por las redes sociales otras imágenes, otros testimonios, otras interpretaciones y otras versiones de lo sucedido que la cortocircuitaban. Autonomía del relato y del sentido, otra construcción de la actualidad, otro pueblo.
Una conversación en Facebook: “la gracia y la desgracia es que las redes sociales que nos permiten cuestionar la imposición mediática de sentido no son para nada circuitos autónomos o un contrapoder, es decir, no es indymedia o N-1 lo que tenemos más a mano para hacer circular otros relatos e imágenes, sino facebook, twitter y youtube, los negocios más capitalistas de mundo, pero que no son sólo eso. En esas paradojas nos la vemos hoy, la pelea está dentro y no sólo afuera”.
La respuesta a la famosa detención de la “cúpula” de Anonymous ya fue magnífica. La policía puso en escena las detenciones con toda la palabrería y la imaginería de las operaciones anti-terroristas: “desarticulada la cúpula… material incautado…”. Se trataba de inyectar miedo en el cuerpo social, presentando a Anonymous como la nueva ETA o la nueva Alqaeda. Pero el cuerpo social expulsó el miedo mediante la burla y el humor: las redes sociales juguetearon con las palabras y las imágenes del miedo, hundiendo toda la escenificación en el mayor de los ridículos. A través de las redes se expresa un nuevo poder social.
El 15-M es uno de los movimientos más inteligentes que yo he conocido, se las sabe todas con respecto a las estrategias de criminalización y al papel que juegan en ellas los estereotipos: “no son gente normal, son violentos, perroflautas, antisistema, en definitiva, lobos con piel de cordero”. El peligro viene del cualquiera. Nuestra fuerza viene de ser cualquiera, un espacio de cualquiera.
Algunas pancartas del 19J (columna Debod-Neptuno en Madrid): “Congreso de los imputados”, “Se buscan políticos eficaces… para la mayoría”, “Islandia, el camino”, “Por el despertar, esperanzados”, “Freedom Internet”, “Los violentos son infiltrados (y muy torpes)”, “Ni pacto ni hostias”, “Hoy comienza todo”, “Se vende: Estado del Bienestar”, “Plaza Pueblo Palabra”, “Políticos con control para relaciones con final feliz”.
Entre enero y marzo se produjeron en España más de 15000 desalojos forzados de vivienda. Yo me acabo de enterar. ¿Usted sabía algo, había escuchado alguna noticia sobre el tema? ¿Por qué aparecen ahora? Simplemente porque algunas personas han decidido interrumpir ese mecanismo automático que se nos presenta como una especie de fatalidad “natural”, como la granizada que cae una noche sobre el campo del agricultor. Hay quien llama a ese gesto que interrumpe la naturalidad de la injusticia un acto político.
Un amigo: “Creo que ni las acampadas ni las asambleas barriales son la última palabra del 15-M, que la creación política del movimiento está aún por llegar”.
Mensaje de un amigo en una lista del movimiento (28-5-11): “hemos hablado mucho de respeto como una de los conceptos clave de este movimiento. no sé si habéis hablado también de dignidad. solo quien tiene dignidad, es decir quien se respeta a sí mismo, es capaz de respetar y de indignarse. la dignidad tiene un sentido positivo (frente a la distancia que marca el respeto) que se comunica y crea la dignidad del otro. a mí todo esto me está ayudando a recuperar la dignidad. y hoy el movimiento ha dado una muestra impecable de lo que significa esta palabra. me siento muy digno de estar en esta ola.”
Una amiga: “Pensando sobre la consigna ‘Barcelona, no estás sola’ o ‘Portugal, no estás sola’. Curioso que no se use la palabra solidaridad (que remite a igualdad, pero sobre todo a pertenencia). No estás solo remite a la experiencia de la soledad y viene a señalar la caída del individualismo. Muy bonita e inteligente consigna (pensando yo conmigo misma en el tren)”.
Discusión con otra amiga sobre el difícil encaje del feminismo en el movimiento 15-M. Me voy a casa pensando que no he conocido ningún movimiento que haya puesto tanto énfasis en el cuidado (de los espacios, de los cuerpos, de los tiempos, de las relaciones). ¿No ha sido precisamente el cuidado una de las preocupaciones centrales del feminismo? ¿No habrá que mirar y valorar más bien ese tipo de disposiciones (aunque no se reivindiquen explícitamente del feminismo) que otros signos y señales más formales o identitarios en el fondo (el todos-todas, etc.)?
Estos apuntes de acampadasol ya no son de acampadasol, sino de… ¿en qué momento estamos, qué pensáis, alguna sugerencia?
[Me llega este último apunte, gracias!] Un folio que colgaba de una mochila en la mani de Valencia: “una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo / la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos” (A. Pizarnik).

Una amiga en una de las asambleas eternas para decidir qué se hace con el campamento: “Sol me recuerda cada vez más a El ángel exterminador”.
La dificultad para decidir el levantamiento de la acampadasol da qué pensar. El sentir mayoritario ha chocado una y otra vez con una voluntad de bloqueo que ni argumenta, ni propone, ni construye, ni devuelve la generosidad que se le dirige. Pero seguramente es una equivocación buscar o señalar culpables. Los bloqueos son corrupciones de los principios mismos sobre los que se ha construido la plaza: consenso significa unanimidad, todos construyen la plaza y por tanto cualquiera puede participar en la asamblea y decidir sobre el campamento (duerma luego allí o sobre un cómodo colchón viscoelástico en casa), etc. Como dice una chica, “estamos atrapados en nuestra propia dinámica y somos esclavos de nosotros mismos”. Eso es lo que hay que pensar de cara al futuro.
Una pintada mítica en un centro social histórico de Madrid decía: “la mejor solidaridad con un centro social es okupar otro”. La recuerdo cada vez que escucho el rollo heroico-paternalista de que no se puede levantar el campamento de Sol porque el movimiento “lo necesita como símbolo”.
Respuesta de Tina Turner a los que plantean que la acampada de Sol es imprescindible y que levantarla supondría un pecado de alta traición (al resto de acampadas, a los compañeros griegos, a los detenidos, etc.).
Segundos de tensión en la concentración junto al Congreso, empujones, lo que uno reconoce como los previos a una carga policial. La gente que está en primera línea se queda clavada en el suelo, con las manos levantadas. Se repite con fuerza la imagen de Barcelona. Es una pequeña prueba para los días que vienen, donde se van a jugar muchas cosas en los modos de estar en la calle y elaborar el arte de las distancias con la policía.
La interpelación positiva a la policía es constante: “antes que policías sois ciudadanos”, “vosotros también estáis hipotecados”, “policía únete”, “policía, tienes la palabra” (y se ofrece el megáfono). Se busca lo común incluso en el costado del enemigo. ¿Ingenuidad? ¿Astucia instrumental y táctica? Este movimiento está tan seguro de estar del lado de la razón y de lo justo que piensa poder conquistar todos los corazones. Un nuevo cántico: “tenemos la razón y lo sabéis”.
Un amigo de veintitantos: “mi generación tiene fobia al conflicto. Está por ver si con esa fobia se puede luchar”.
Y sin embargo… la ocupación de la plaza es el gesto más radical que yo recuerde desde la autoconvocatoria frente a las sedes del PP la jornada de reflexión del 13-M de 2004. La paradoja es que el desafío más radical se apoya en los recursos más ligeros: la no violencia, el respeto, el lenguaje despolitizado y humanista, la apertura sin límites, la búsqueda a toda costa del consenso, etc. Politización apolítica: es la paradoja en tensión que da fuerza a este movimiento. Sin el desafío, sólo seríamos una simpática forma de vida “alternativa” más. Sin el costado empático e incluyente, sólo seríamos otro pequeño grupo “radical” separado e incapaz de morder la realidad.
Un chico con estilo punk en el asamblea de barrio de Carabanchel: “pues yo sí soy radical y anti-sistema, pero asumo lo que se decida en la asamblea, porque lo importante es que estamos construyendo entre todos una fuerza”. Es la diferencia entre dejarse afectar por el movimiento o querer simplemente afectarlo desde una idea previa y ya hecha de radicalidad.
Un amigo: “lo importante de este movimiento no son sus reivindicaciones, sino la alteración de nuestra sensibilidad y de nuestro modo de estar en el mundo, entre los otros”.
Una amiga me pregunta qué significa eso de que el movimiento se propone como “espacio de cualquiera” y me cita varios grupos (sociológicos, digamos) que claramente no están participando en las plazas, ni en las asambleas. Pienso entonces que quizá haya una diferencia entre “espacio de todos” y “espacio de cualquiera”. Espacio de cualquiera sería aquel en el que podemos participar independientemente de toda condición identitaria (no en tanto que esto o lo otro). Un espacio donde se trabaja por construir y reconstruir lo común una y otra vez, sin dejar que se fije en identidad, incluyendo la multiplicidad pero poniendo siempre en primer plano lo que une. Hay que seguir pensando esa diferencia.
“Somos una asamblea general, un grupo en fusión, un pueblo nómada, un mundo hecho de singularidades” (Santiago López Petit).
Una amiga escribe: “Oigo en la asamblea del barrio de Lavapiés: ‘Mejor mantener las asambleas semanales, para que no se nos vaya la energía’ y yo pienso, ‘¿pero cómo se puede perder la energía en una semana? Si te enamoras un sábado, ¿quizá el sábado siguiente se te haya pasado el amor?’ Podría ser, en el tiempo del presente continuo, del instante, del ahora, en el tiempo de la dispersión”. Más que nada necesitamos pensar. ¿Pero cómo pensar en el tiempo de la urgencia?
Me gusta mucho cómo explica su función la gente del grupo de pensamiento de la acampadasol: entiendo que pensar para ellos es algo así como devolver sistematizado al movimiento lo que el movimiento ya piensa.
Pensar no un contrapoder, no un doble poder, no un poder constituyente, sino un potencial de transformación empotrado en la misma realidad (en el corazón de las ciudades, en las redes sociales, en la misma normalidad).
Conversación nocturna con varios amigos militantes de largo recorrido. Hablamos sobre la comisión de respeto, todos lo hacemos con mucha admiración. Les pregunto si algo así podría haber surgido de un imaginario político como el de los movimientos sociales. “Imposible, existe un prejuicio que lo asocia inmediatamente con la policía”. Me alegro de las novedades que el movimiento 15-M incorpora con respecto a la tradición de los movimientos sociales. La de ‘Respeto’ no es la única.
¿Estás haciendo nuevos amigos para pensar lo nuevo o estás pensando lo mismo con los mismos?
¡Más apuntes de acampada! Esta vez son todos de Pepe, una de las personas que acampa desde la primera noche en Sol. Registros para pensar, pensamientos para registrar



Llevo sin estar solo más de dos semanas. Y lo que es peor, aún no amaina la tormenta de euforia colectiva. ¿Hasta cuándo? Creo que empiezo a echar de menos mi pequeña melancolía.
Hablan de amor: de ese que le tienen las viejas a los cachorritos. Pero no es eso. Sol es una pasión fuerte, y por eso es difícil mantener la calma. Es una droga dura, con sus brincos y sus grandes bajones. Estos últimos, cada vez más fuertes. Cada vez más arriba el siguiente salto.
La primera noche había un charco de sangre en el suelo. Hicimos corrillo, hipnotizados. ¿En qué momento atravesamos ese espejo viscoso? Aquella pesadilla que compartimos, ¿cómo se convirtió tan pronto en este gran sueño húmedo?
Recuerdo a Bolaño como si fuera un mantra: “Si tuviera que asaltar el banco más protegido de América, en mi banda sólo habría poetas. El atraco concluiría, probablemente, de forma desastrosa, pero sería hermoso”. Aún estoy esperando el desastre.
Como el equipo pequeño que, de casualidad, le ha metido un gol al grande. Y como no se lo acaba de creer, en el último minuto se mete un autogol. Nos boicoteamos, y casi respiramos aliviados: liberados de tanta presión.
Un hombre nos preguntó: “¿Porqué no compráis un terreno en el campo y allí construís la sociedad que queréis?” Y Manu le respondió: “Coño, porque somos de aquí, y es aquí donde la queremos construir”.
Para la Física, la masa crítica es la cantidad de material necesaria para que se mantenga una reacción nuclear en cadena. ¿Cuándo se dio esa cantidad en Sol? Poco importa. El caso es que se ha dado, es una bomba, y hemos salido todos despedidos. Por eso, es tan incontrolable. Por eso, estamos todos mareados.
Las palabras lanzadas como piedras, y alguien cae fulminado al suelo. Entre espasmos de silencio, piensa de forma frenética y se proyecta a un millón de futuros a la vez.
¿A qué sabe el presente? Nuestras papilas gustativas están intactas, pero las conexiones neuronales nunca se llegaron a formar. Quizás ahora, si no es demasiado tarde.
Es difícil mantener la cabeza fría, porque nadie quiere sacarla de este chorro de lava ardiente que ha irrumpido en Sol. Sin embargo, una esperanza: “Los fenómenos socioculturales no pueden estudiarse de manera externa pues cada acto, cada gesto, cobra sentido más allá de su apariencia física, en los significados que le atribuyen los actores. El único medio para acceder a esos significados que los sujetos negocian e intercambian, es la vivencia, la posibilidad de experimentar en carne propia esos sentidos, como sucede con la socialización. Y si un juego se aprende jugando, una cultura se aprende viviéndola. Por eso la participación es la condición sine qua non del conocimiento sociocultural. Las herramientas son la experiencia directa, los órganos sensoriales y la afectividad que, lejos de empañar, acercan al objeto de estudio. El investigador procede entonces a la inmersión subjetiva pues sólo comprende desde adentro. Por eso desde esta perspectiva, el nombre de la técnica debería invertirse y pasar de “observación participante” a “participación observante” (Becker & Geer, 1982).
Siempre se ha dicho que un periódico de ayer es lo más viejo del mundo. Sin embargo, ahora hay algo todavía más anticuado: un pensamiento de hace una hora acerca de Sol. Ya habrá cambiado todo. Ya habría que repensarlo.
Una solución casi matemática: “Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito” (Julio Cortázar).
Ilustraciones de una amiga anónima

Un periodista habla con un acampado de Barcelona justo después de las cargas: “esto es como volver al pasado, ¿no? A las cargas de la policía franquista”. El acampado: “no, esto es el presente, que es una mierda”.
¿Qué se proponía la policía en Barcelona? ¿Ha sido una operación tan torpe, tonta y bruta como parece? Un amigo recuerda una situación vivida en una manifestación del movimiento obrero autónomo en Barcelona durante la Transición. De pronto, un coche de la policía se abalanzó sobre los manifestantes sin motivo ninguno. “Ahí me di cuenta de que la policía tantea y prueba cosas: ¿qué pasa si hacemos esto, cómo reaccionan ellos?” Lo que aquí se habría puesto a prueba es el arraigo real del compromiso del movimiento con la noviolencia activa.
No encuentro a nadie en el campamento que se describa a sí mismo como “indignado”. Es una etiqueta mediática, no un gesto de autorrepresentación.
Da vértigo desplazarse diez metros desde Sol: la vida y el capitalismo se reproducen con total normalidad. ¿Cómo nos relacionamos con esto los que nos hemos salido del quicio?
Un amigo me dice: “no es que haya asambleas en Sol, sino que Sol es un medio asambleario: te sientas en cualquier lado para charlar con un amigo y enseguida brota una asamblea”.
El mismo amigo: “uno de los efectos de Sol es la disminución radical del cinismo. Se nota que todo el mundo se cree lo que dice, lo que hace y dónde está”.
Un descubrimiento increíble: el otro no es sólo un enemigo, un obstáculo o un extraño, sino que también puede ser un cómplice.
Todo marcha razonablemente bien en la asamblea de mi barrio: escucha, paciencia, buen humor, inteligencia, consensos. ¿Por qué siento entonces este desasosiego? Ya lo tengo: me falta el campamento. El campamento es el ejemplo vivo de lo que queremos, lo que nos lleva más allá de la mera protesta, lo que articula palabras y gestos, la pequeña ciudad que interpela a la grande, lo que da sentido a todo lo demás. ¿Cuáles van a ser los “campamentos” de las asambleas de barrio? Ahí está ahora nuestro desafío.
No volvemos a los barrios de siempre, sino a los barrios conmovidos por Sol. Hacer que ni los barrios ni las universidades sean iguales que antes, que las asambleas de barrio y de universidad no sean como las de antes, extender el acontecimiento Sol, ¿va por ahí el movimiento?
¿Cuál es la naturaleza de este movimiento? ¿Se trata de un movimiento revolucionario que propone la autogestión generalizada? ¿Se trata de un movimiento liberal que pide una representación política del pueblo más representativa? Una amiga cita la fórmula siguiente de un antropólogo francés: control político de la economía, control social de la política.
Cada asamblea dura varias horas. Pero de allí no se mueve nadie. Parece haber desaparecido como por arte de magia el mayor de los problemas de la vida cotidiana: la falta de tiempo.
Un amigo me pregunta: “¿no decías que el problema de la democracia era el consenso? Pues aquí todo es por consenso, todo el mundo tiene que estar de acuerdo en todo, consenso es la palabra más repetida en las asambleas”. Respondo rápidamente que no es lo mismo, que en las asambleas no hay límites a priori de lo posible (consenso malo), que se llega a acuerdos haciendo dialogar los desacuerdos (consenso bueno). Pero la verdad es que la pregunta me sigue rebotando en la cabeza…
Un amiga me dice: “este movimiento no sigue el modelo red, sino un modelo cadena”. Se ve muy claramente en las asambleas: o todos o ninguno, todo el mundo es importante, debemos avanzar todos juntos, etc. Hay un cuestionamiento implícito del modelo red que los que lo hemos estado pensando los últimos años debemos considerar.
Un amigo me cuenta la anécdota siguiente. Los partisanos yugoslavos de Tito durante la segunda Guerra Mundial tenían la máxima siguiente: no abandonar a ningún herido, a ninguno. Por supuesto la realidad les obligaba a hacerlo una y otra vez, pero la máxima seguía valiendo. Ni la máxima es una ley que se debe cumplir en todos los casos, ni solamente hay casos sueltos. Este movimiento encuentra su fuerza en proponerse una y otra vez como un espacio de cualquiera, pero hay que aprender a moverse en la tensión entre esa máxima y la realidad.
Otro amigo: “lo que funciona en las asambleas no es el formato-asamblea, sino una energía que viene de otro sitio: de la necesidad y el deseo de estar juntos y seguir juntos. Sólo así se aguanta la cosa, eso es lo que hay que cuidar más”.
Sol es un espacio de cualquiera, pero lo importante es el protagonismo del cualquiera, no el espacio.
En los grupos y las asambleas (organizadas o improvisadas) se dice mucho que “hemos despertado”. Lo entiendo bien, pero lo comparto sólo a medias. ¿Estábamos completamente dormidos? ¿Dónde se ha “cocinado” entonces el 15-M?
¿Dónde está el pensamiento de Sol? ¿Dónde hay que buscarlo? ¿En la producción de discurso y contenidos, en los dispositivos formales y organizativos, en la idea-fuerza del respeto, en los mil gestos de cuidado de la plaza, en la comunicación con el afuera? Me pregunto cómo pensar lo que está pensando en Sol y cómo pensar con lo que está pensando.
“El movimiento no es la acampada”
“Lo mejor que puede hacer Sol por el resto de acampadas es mostrar cómo la energía puede transformarse, extenderse y complejizarse sin extinguirse. Todos debemos partir, y llevar el cambio con nosotros” (Ramón Moverak).
Manifestación del 15-M, acampada, ahora las asambleas de barrio… Un amigo me dice: “no se trata de pensar siempre igual o todo diferente, sino de que cada vez hay que pensar”.
En la asamblea del domingo alguien dice: “no hay que levantar el campamento, eso es lo que quieren ellos”. Pero, ¿no decíamos que nosotros no éramos anti-sistema, sino que el sistema era anti-nosotros? En ese caso debemos hacer lo que queramos hacer, no lo contrario de lo que quieran ellos.
“No a la guerra”, 13-M, V de Vivienda, movimiento contra la Ley Sinde… Politizaciones que no se definen por una pertenencia común (a una clase, una categoría social, una identidad, una ideología), sino por una com-parecencia o presencia común.
“Prisa y definición son nuestros enemigos”, dice alguien en una asamblea. La fuerza del movimiento consiste en su ambigüedad y su poder de indefinir: no es esto ni lo otro, no se dirige a estos o a aquellos, sino que interpela y se abre a cualquiera. Ahí está la potencia y la gracia de ese lenguaje que muchos consideran demasiado plano, genérico, humanista o apolítico. Despolitizarse para politizarse (y para entender algo de lo que ocurre).
Pregunta de un amigo: “¿Estamos ante un acontecimiento que ya fue o ante un movimiento por venir?”
No te preguntes qué puede hacer por ti el movimiento (ser más así o más asá), sino qué puedes hacer tu por el movimiento.
Ilustración de Amanda, 4 años: “República de Sol”

En Sol hay menos gente. Ya no aparecemos tanto en los medios. Una amiga me dice: “son buenas noticias, así tenemos más tranquilidad para pensar”.
Hay quien dice que necesitamos algo concreto para seguir y ser creíbles. Los comprendo. Otros dicen que lo que queremos es lo que ya estamos haciendo: lo comparto. Lo que tal vez necesitemos entonces es una propuesta que nos de una dirección y que a la vez nos permita seguir haciendo lo que estamos haciendo. Imagino: nos proponemos organizar un referéndum en Sol dentro de X meses sobre qué queremos hacer con nuestro dinero (una idea parecida ha salido de la acampada de Mallorca). Ya habría una propuesta, un sentido, un objetivo. Que al mismo tiempo nos permitiría seguir encontrándonos, haciendo, pensando juntos, aprendiendo, agitando, proponiendo debate público. La propuesta tendría que estar relacionada con las preocupaciones que expresa el movimiento: democracia política y democracia económica. Pienso que es mejor una propuesta que nosotros podamos llevar a cabo que una en la que le pidamos al poder de hacer esto o cambiar lo otro. Ni medios para fines, ni medios sin fin: articular un objetivo con el proceso. Ese es el desafío.
Una chica sub20 en un grupo de debate: “nos dicen que somos muy abstractos, pero los abstractos son ellos”. Me hace pensar en la diferencia entre utopía y heterotopía. La utopía es otro mundo. La heterotopía es una pequeña distancia con respecto a la realidad que nos permite habitarla de otra manera. Sol es esa pequeña distancia. No ha buscado la separación en ningún momento, por eso ha suscitado tantos flujos de solidaridad fuera del campamento. No queremos otro mundo, el otro mundo son ellos.
En un grupo de debate alguien dice: “en la indefinición está la fuerza”. Pensar Sol como una enorme huelga de identidades.
Problemas decisivos: no sólo cómo nos organizamos (por barrios, etc.), no sólo en torno a qué propuesta, sino también cómo mantener viva la relación con la parte quieta del movimiento: la población amistosa.
Debate de dos horas sobre el respeto como idea-fuerza del movimiento. Hay consenso: lo que hace fuerte a este movimiento no es un programa o una ideología, sino (entre otras cosas) el respeto. ¿Qué significa eso? Hay que darle aún muchas vueltas. Pero pienso que la palabra respeto en boca de la gente de acampadasol quiere nombrar otra convivencia posible, donde la diferencia no se exprese como guerra, donde la tolerancia no signifique indiferencia. Un nosotros abierto e incluyente donde quepa cualquiera, el cualquiera que hay por debajo de las identidades de cada cual (todo el rato escucho decir: “antes que nada somos personas”).
Respeto no es tolerancia: entre nosotros y el otro hay una exigencia, no indiferencia.
Un chico de la Comisión de Respeto cuenta la anécdota siguiente: a las tantas de la mañana, un tipo no para de molestar a un grupito de redskins que duermen en la Plaza. Durante una, dos, tres horas. Los redskins se acercan entonces a la Comisión de Respeto y les dicen: “nosotros sólo sabemos resolver esto de una manera, ayudadnos a encontrar otra”. Esto es puro Sol: advertir que lo que uno trae de casa puede no caber en el nuevo espacio y encontrarse con otros para aprender cómo ir más allá de uno mismo.
Una persona de la Comisión de Respeto: “nuestro objetivo es desaparecer”. Autogestión del respeto.
Ellos lo llaman “mediar”, pero entiendo que lo que hace la Comisión de Respeto es ayudar a la traducción. A que nos traduzcamos y contratraduzcamos unos a otros. Traducción vs interpretación. El poder representativo interpreta desde arriba: los intereses de la mayoría, etc. Desde abajo nos traducimos.
“Nosotros no pedimos respeto, sino un puto respeto”. Más allá del buen rollo.
Pierre Levy explica que el mundo subsiste porque “las prácticas de acogida, apertura, cuidado, reconocimiento y construcción son finalmente más numerosas y fuertes que las prácticas de exclusión, indiferencia, cierre, resentimiento y destrucción”. Levy reúne todas estas prácticas en el concepto de “hospitalidad”, porque no se dan sólo entre quienes comparten identidad (familia, nación, clase social, oficio, religión), sino fundamentalmente entre extraños y desconocidos. No tejen un vínculo unánime, uniforme y desigualitario, sino recíproco, abierto e incluyente. Cada una de esas prácticas “hospitalarias” desobedece las dinámicas de guerra de todos contra todos que legitiman finalmente el poder de la representación. (“es necesario un árbitro que ponga orden”). Respeto, hospitalidad, vínculo = “no nos representan”
No pensar en términos de flujo y reflujo (subidón y depresión), sino de actualizaciones constantes. No a la guerra, 13-M, V de Vivienda, movimiento contra la Ley Sinde, 15-M…
Ni permanecer, ni desaparecer: desaparecer para permanecer, permanecer desapareciendo.
Alguien dice: “cuando salgo de aquí (Sol) no sé dónde estoy ni quién soy”. Escucho más o menos lo mismo una y otra vez. Me inquieta esa imagen de ruptura. Tendríamos que pensar mejor las conexiones entre lo normal y lo excepcional, qué había en lo normal qué preparaba lo excepcional, cómo prolongar y aterrizar lo excepcional en lo normal.
Una intervención: “Sol debe desaparecer ya porque es irreal”. Lo dice alguien que está a tope con la acampada.
Otra: “Irnos de Sol, pero llevarnos el sol con nosotros”.
Dijimos “democracia real ya”. Luego creamos en Sol las condiciones que decíamos. Sol es, como dijo alguien, “un taller de democracia real al aire libre”.
Una intervención en el grupo de la tarde: “los políticos no me representan, pero tampoco me representa la asamblea de Sol”.
Democracia 2.0 no significa que la democracia esté en la red, sino pensar la red como una imagen de democracia más compleja, más interesante, más habitable y a la altura de los tiempos. Ausencia de control y espacio central, autonomía de los nodos, alta conectividad entre ellos, inteligencia de la comunicación, distintos ritmos y temporalidades que se componen, descentralización y dispersión articulada, una música con muchos núcleos.
Releo Guerrilla de Lawrence de Arabia a la luz del Sol:
“¿Cómo iban los turcos a defender sus 140000 millas cuadradas? Sin duda con una línea de trincheras, siempre y cuando los árabes fueran un ejército que atacara con las banderas al viento. Pero supongamos que fueran una influencia, algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia, que se mueve como el gas. Los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza. Los árabes eran como un vapor llevado por el viento. Nuestros reinos estaban vivos en la imaginación de cada uno, y como no nos hacía falta nada en concreto para vivir, podríamos no haber expuesto nada en concreto a las armas enemigas”
“En aquellos días, el ejército árabe era ante todo cauto. Los hombres, al ser irregulares, no eran unidades sino individuos, y una pérdida individual es como un guijarro que cae al agua: el golpe podrá ser breve, pero su ausencia la nombran anillos de pena. El ejército árabe no podía permitirse tener bajas”
“Por su carácter, estas operaciones tenían algo de guerra naval, en su movilidad, en su ubicuidad, su independencia de las bases y las comunicaciones, en su ignorancia de características básicas, de áreas estratégicas, de direcciones fijas, de puntos fijos. “Aquél que domina en el mar disfruta de gran libertad, y puede tomar tanto o tan poco de la guerra como desee”: aquél que domina el desierto es igualmente afortunado”.
“La elección óptima sobre qué punto desbaratar en el organismo del enemigo venía dada con la práctica. La táctica consistía siempre en golpear y correr; no en presionar sino en impactar. El ejército árabe no trató nunca de mantener o mejorar una ventaja, sino que retrocedía y volvía a golpear en algún otro lugar. Usaba la menor fuerza en el menor tiempo y en el lugar más alejado. Continuar la acción hasta que el enemigo cambiara sus disposiciones para resistir hubiera supuesto romper el espíritu de la regla fundamental de jamás ofrecerle blanco”.
“El ejército árabe carecía de disciplina, en la medida en que ésta restringe y asfixia la individualidad para obtener el mínimo común denominador de los hombres. (…) La guerra árabe, al reaccionar contra todo esto, era simple e individual. Cada hombre que se enrolaba servía en la línea de batalla y se controlaba a sí mismo. No había líneas de comunicación o tropas de trabajadores”.
“He aquí la tesis: la rebelión ha de tener una base intocable, protegida no meramente del ataque sino del miedo al ataque: una base como la que la revuelta árabe tenía en los puertos del Mar Rojo, en el desierto o en las mentes de los hombres convertidos a su credo. Debe tener un enemigo extranjero y sofisticado, en forma de ejército disciplinado de ocupación demasiado pequeño para cumplir la doctrina de la extensión: muy pocos soldados como para ajustar el número al territorio, como para dominar con eficacia el área completa desde puestos fortificados. Debe contar con una población amistosa, no activamente amistosa pero simpatizante hasta el punto de no desvelar los movimientos rebeldes al enemigo. Las rebeliones pueden hacerse con un 2 por ciento de la fuerza en activo, siempre que el 98 por ciento pasivo simpatice con la causa. Los pocos rebeldes activos deben poseer las cualidades de resistencia, velocidad y ubicuidad, y contar con arterias de abastecimiento independientes. Deben contar también con el equipo técnico necesario para destruir o paralizar las comunicaciones organizadas del enemigo, ya que la guerra irregular viene a ser aquello que Willisen definía como estrategia, “el estudio de la comunicación” en su grado extremo, para atacar ahí donde el enemigo no está. En sesenta palabras: si se garantiza la movilidad, la seguridad (en la forma de negar blancos al enemigo), el tiempo y la doctrina (la idea de convertir a cada individuo en simpatizante y amigo), la victoria estará del lado de los insurgentes”.
“Yo suscité e impulsé con la fuerza de una idea uno de estos golpes de mar (y no uno de los menores), hasta que alcanzó y superó su cima, y rompió en Damasco. El reflujo de aquella ola, rechazado por la resistencia de los objetos envestidos, dará materia a la próxima ola, cuando, llegado el tiempo, vuelva la marea”.
Foto

Cada vez más rápidos, cada vez menos elaborados, cada vez más copy-paste, cuarta entrega de estos apuntes de acampada:
Discusión en el grupo donde estoy: si debemos llamarnos ciudadanos o personas. Los que defienden que somos ciudadanos dicen que estamos haciendo una revolución política. Los que defienden que somos personas dicen que se trata de una revolución apolítica. ¡Pero lo que nadie pone en duda es que esto es una revolución!
La misma discusión en muchos grupos: ¿somos medios para un fin o somos medios sin fin? Es decir, ¿debemos tener reivindicaciones concretas o lo que vale es el propio movimiento, el propio proceso, la propia apertura de un espacio donde encontrarse, proponer y hacer con otros? Una intervención en el debate me toca de cerca: “sólo somos un lugar, un lugar fuera de lugar, un lugar para los que no tienen lugar”.
La comisión de Política se ha dividido en dos: política a largo plazo y política corto plazo.
Un amigo me pregunta: “¿acaso el movimiento 15-M no tiene nada de trágico y es pura armonía?”
Tres de la mañana. En el grupo en el que estoy hay un chico de los primeros que acamparon el domingo. Cuenta cómo fue. Todos escuchamos súper atentos y muy emocionados. Al final la gente se acerca al chico le abraza y le dice: “gracias”. Gracias por haber abierto y habilitado para otros un espacio que ha cambiado tanto las vidas. Estoy llorando por dentro.
En el grupo donde estoy por la tarde no se trenza ningún pensamiento común. Monólogo tras monólogo. Y sin embargo… Hay quien tiembla de emoción al coger el megáfono, la gente que pasea de compras por Preciados se queda prendida al grupo como atónita, se habla mucho desde las vísceras…. Sí que pasa algo
Una amiga escribe: “LA PLAZA TRANSFORMA. Hemos dejado de transitarnos para transformarnos. No nos enseñamos, nos aprendemos. No nos convencemos, nos comprendemos. Combatimos creando, desafiamos construyendo. La plaza ya no es un espacio de transición sino de transformación. Hemos invadido un tiempo que no se cambia por dinero. Hemos liberado al presente del futuro. Nos hemos liberado del futuro, para habitar de nuevo el presente.”
Me encuentro un amigo muy militante: me habla de los mil problemas que tiene todo para funcionar. Hablo luego con un joven sub20: me dice que la máquina va sola, que la energía desbordará cualquier obstáculo, que el movimiento es imparable. Me gustaría pensar con el espíritu del segundo lo que me plantea el primero.
Hay gente deprimida tras las elecciones. Deberían pasar más por la Plaza. Allí, entre la realidad de Matrix y nosotros se ha instalado ahora una situación. Matrix no nos afecta tanto. No nos deprimimos porque estamos a otra.
En la acampada lo político pasa también por lo técnico: hay gestos políticos que abren un mundo en la actividad cotidiana de los equipos de limpieza, guardería, alimentación, etc. No sólo en las asamblea y en los discursos.
Deleuze hablaba de que había un devenir-joven. Ahora lo entiendo.
“Este fue un programa singular. Lo hicimos fuera de estudio, en una casa. Un dispositivo tecnológico precario, virtuoso y completamente de garaje. Durante tres horas y media, evitando deliberadamente Madrid y Barcelona, contactamos bastante azarosamente con gente de veinte acampadas que nos contaron dónde están situadas, cómo se organizan, cuáles son sus objetivos, qué relación establecen con la ciudad y el resto de la población, cómo están pensando la cuestión de la continuidad, si la movilización allí tiene o no precedentes y qué tipo de microclima sensible han creado. El resultado es muy sorprendente, al menos eso nos parece. Porque nuestra impresión tras el programa es que está pasando más o menos lo mismo en todos sitios: el mismo tipo de espacios, de lenguajes, de afectos, de imaginarios, de anhelos y de problemas. ¿Cómo es posible que aflore y se replique espontánea y simultáneamente una misma molécula de transformación social que no tiene ni copia un modelo previo? Es increíble, hay tanto por pensar…”
Impresiones de una amiga sobre la acampada en Barcelona:
La plaza materializa sin parar: se va construyendo, desarmando, rearmando para muchas necesidades y funciones concretas. Pero también, y sobre todo, materializa relaciones, situaciones, simultaneidades.
No hay plan u organización, la plaza materializa fuertes canales entre fragmentos, hace un esfuerzo muy grande por conectar partes, porque circule lo que pasa. La plaza produce y recepciona, y todo esta a la vista, el orden del día, los horarios, las propuestas, etc.
Tampoco se pone nunca en “gestión automática”, se materializan con mucha plasticidad las modificaciones imprevistas, los encuentros aleatorios, no hay nada previo a priorizar sobre lo que surge. El aro que circunda la plaza está lleno de estas escenas, (como se usan los árboles, los bancos, los escalones, las estatuas).
La sensación es que las actividades no están dispersas, son partes conectadas del mismo aparato, cuadros de la misma exposición, no sé como decirlo. Ayer había en simultáneo y sin interferirse, entre muchas otras, estas actividades:
una charla sobre el mayo francés, un grupo de teatro con mucho publico, una importante cola para merendar, asambleas de todas las comisiones, asambleas de barrios, una peluquería gratuita, unos grafiteros con mucho niño mirando, un corralito con mucho niño más pequeño, un estudiante estudiando con sus libros bajo una sombrilla, mucho músico suelto y mucha gente charlando, debatiendo, contándose historias…
La plaza cambia su fisonomía todo el tiempo. A cada momento y con cada día que pasa se va volviendo cada vez más habitable, ahí se habita otra vida que esta demostrándose a sí misma que puede alcanzar mucha calidad (por eso, creo, las ganas de volver ahí todo el tiempo y no perderse nada).
Las ideas que circulan nacen claramente desde la plaza, (se ve sufrir mucho a la gente de la comisión de contenidos prácticamente la única comisión donde hay militantes conocidos, vienen con ideas para la plaza y eso los tiene muy angustiados y angustiadas).
La gente que esta trabajando en las comisiones le pone unas ganas que yo no sé de donde sacar de mí, porque a pesar de que me entusiasma muchísimo estar ahí, no llego a contagiarme como para quedarme trabajando y eso que me gustaría proponer armar un lugar con unos sillones, una mesita con agua y una sombra para la cantidad de gente mayor que no puede estar parada al sol, a ver si me animo hoy.
Bueno, nada más! no vemos por ahí.”
Foto: Diagonal

Aunque encuentres esto en un medio de comunicación, aunque este blog sea una más de las “columnas de opinión” del diario, por favor no leas estos apuntes como una tentativa de decir la verdad de lo que esta pasando o de dar con la interpretación correcta. Sólo son preguntas que me hago, detalles que quiero aferrar, fogonazos que me pasan por la cabeza, pensamientos compartidos con los amigos en la Plaza, registro de algunas conversaciones. Los habrá más acertados o más sugerentes, los habrá más superficiales y parciales, los habrá muy tontos o directamente equivocados. Es un poco el riesgo de esta escritura de urgencia. Sólo espero que ninguno falte al respeto (esa palabra tan importante estos días) al esfuerzo colectivo desplegado en Sol para crear una Plaza.
Una amiga muy implicada en la organización que da vida la acampada dice: “joder, no podremos currar de lo nuestro, pero sabemos hacer de todo”.
En la acampada hay una Comisión de Respeto. Se encarga de velar por el carácter incluyente y pacífico de la concentración. Suena muy naíf, ¿no? Pero, ¿cómo se justifica hoy en todas partes el poder de representación que rechazamos? Como un arbitraje necesario en la guerra de todos contra todos que es cotidianamente la sociedad-mercado. De ahí el esfuerzo infinito por neutralizar la guerra civil entre distintas formas de vida en la acampada de Sol. Así que ¡¡viva la Comisión de Respeto!!
“Octavillas, carteles, boletines, palabra de las calles o infinita… no es una preocupación por la eficacia lo que imponen. Eficaces o no, pertenecen a la decisión del instante. Aparecen, desaparecen. No lo dicen todo, al contrario, lo arruinan todo, están fuera del todo. Actúan, piensan fragmentariamente. No dejan huellas: trazo sin huella. Como la palabra sobre los muros, se escriben en la inseguridad, son recibidos bajo amenaza, portan en sí mismos el peligro, pues pasan con el paseante que los transmite, los pierde o los olvida” (Blanchot, sobre Mayo del 68).
Entender participando, participar entendiendo
Una amiga que ha participado en mil historias políticas y acaba de ser madre de dos mellizas dice: “un espacio para niños en una dinámica como ésta es una verdadera revolución”.
Parecería que el problema de la representación ha pasado a primer plano, desplazando a la cuestión de la crisis. Pero quizá se apunta al sistema político porque es lo que tenemos a mano, aunque el fondo del asunto sea la cuestión del gobierno de los mercados. Lo que tal vez no sabemos aún es cómo hacer directamente una política contra algo tan abstracto y anónimo como el mercado, aunque sea lo más concreto en nuestra vida diaria.
“Nuestro trabajo, vuestro botín”
Un amigo me escribe: “No dejo de pensar en el hecho de que la documentación de la #spanishrevolution está hecha a partir de un salvaje esfuerzo cooperativo. No está hecha sobre fotos de fotógrafos reconocidos, ni programas de televisión, ni grandes editoriales, autores o editores. Miles de lucecitas y teclados. Copyleft funcionando al 500%. Eso existía, pero era otra de esas que se minusvaloraba. se han destruido todos los derechos de autor del mundo: la foto del celular sale en el medio generalista, la foto del medio sale en un blog y vuelta a empezar”.
Sólo actos locos donde uno se la juega pueden cambiar las cosas. Plantarse en Sol como se plantaron algunos el domingo por la noche fue un acto loco, pero muy loco.
Al lado de estos chicos y chicas sub20 uno se da cuenta de que se ha vuelto un poco cínico sin pretenderlo ni apenas advertirlo.
Le pregunto a un amigo si cree que lo que está pasando influirá en las elecciones del domingo. Me responde: “creo que por primera vez en su vida mucha gente no votará automáticamente, sino que se lo pensará antes”. Interrupción de los automatismos. Pensamiento. Son pequeñas victorias del movimiento.
Otro amigo: “cuanto más abstracto es el enemigo, más transversal puede ser un movimiento”.
Uno más: “los problemas siguen igual (poder financiero, etc.), pero la situación cambia”.
Resistir a la tentación de saber demasiado sobre lo que pasa. Si lo que ocurre es algo nuevo, singular y excepcional, ¿cómo puede ser que yo pueda pensarlo con mis esquemas conceptuales previos? ¿Cómo no ver sólo lo que uno quiere ver, lo que a uno le confirma en sus hipótesis y teorías, en su identidad?
¿Y ahora qué? Un chat en Facebook:
-creo que la gente se va a quedar
puede ser que la cosa entonces vaya a menos poco a poco
y acabe medio triste
-eso sería lo peor
-o puede ser que nos volvamos a casa hasta la siguiente
“ahora ya sabemos el camino de vuelta a la plaza Tahir”
-esa son dos opciones que se me antojan demasiado previsibles para este movimiento que, sobre, sobre todo, es maravillosamente imprevisible
Apuntes de acampadasol (1)
Apuntes de acampadasol (2)
(gracias a Fran por la imagen, ¡sí que había mapa!)

00.00 Sol repleto de gente a reventar grita su desafío: “ahora somos todos ilegales”. ¿Cuándo tanta gente junta se había rebelado contra la legalidad con tanta alegría y tanta razón? Ha sido un momento increíble, para la historia de todos y de cada uno.
“Reflexionando, estamos reflexionando” (13-M)
Un debate recurrente: ¿alguien sabe de qué sirven las asambleas? No parecen muy capaces de tomar ninguna decisión. Y menos aún de llevarla a la práctica. Pero siempre están muy concurridas y animadas. En general hay escucha y un nivel alto de atención. No funcionan como espacios de decisión, sino como lugares donde circula la palabra. Alguien me dice: “las asambleas son inútiles, pero muy bellas”. ¿Bellas precisamente por inútiles?
Me gusta ir solo a Sol. Perderme, mezclarme, curiosear, hablar con desconocidos. En el grupo de amigos o con los compañeros del colectivo uno se blinda más. Exponerse al anonimato.
La gente joven que se mueve por la Plaza es increíble. ¿Dónde están los descerebrados, los consumidores egoístas ajenos al mundo a los que sólo cabe educar mediante el miedo y el castigo? ¿A quién hay que felicitar por la educación de estos chicos? Una amiga dice: “todo lo que pasa demuestra que somos muy buenos ciudadanos pero con muy malos gobernantes”.
un twitt:
XonwaXefar Xonwa Xefar
SE DE BUENA TINTA QUE HAY GENTE EN #acampadasol QUE ESTA VIENDO SERIES PIRATEADAS EN SUS MÓVILES ¿ESTE FUTURO QUEREMOS? NOALAVIOLENCIA
“Manos arriba, esto es un contrato”.
La organización de Sol es un misterio. No creo que nadie tenga un mapa ni siquiera aproximado de cómo funciona la Plaza. La utilidad de las comisiones está clarísima en todo lo que tiene que ver con una logística absolutamente impecable. ¿Pero más allá? Se ha escrito mucho sobre la “lógica de enjambre” que organiza algunos comportamientos colectivos: ausencia de un control centralizado impuesto; naturaleza autónoma de los nodos o subunidades; alta conectividad entre ellos; causalidad en red no lineal de iguales que influyen en iguales (como una orquesta con muchos centros). En todo caso Sol no sería un enjambre, sino un enjambre de enjambres.
¿De dónde salen los saberes de autoorganización que se están desplegando con toda su potencia por toda la Plaza? ¿Tienen que ver con saberes profesionales o de la vida cotidiana?
Siempre es una minoría la que se mueve. Lo decisivo es la relación que esa minoría establece con lo que un amigo al que echo mucho de menos en la Plaza llama “la parte quieta del movimiento”: el resto de la población. En este caso la cresta de la ola está en absoluta sintonía con la base de la ola. No hay más que escuchar las historias que cuentan cualquier mañana los que duermen allá sobre el apoyo que brindan un día y otro también los vecinos de Madrid.
¿Qué tenemos que dejar fuera cada cual para entrar en la Plaza?
Los que llevamos la máscara de V de Vendetta nos saludamos como si fuéramos sectarios: “venceremos”.
“Fuera todos los ismos: comunismo, capitalismo y anarquismo”
A lo largo de los días la composición de la Plaza se ha hecho intergeneracional, pero no interracial.
Un amigo consuela en su pecho a una mujer que llora bajo la carpa de “comunicación”. Hay mucha gente alrededor. También alguna cámara de televisión. Más tarde le pregunto. Me cuenta que se trataba de una militante del Partido Popular que se ha acercado para ver con sus propios ojos si sólo son unos cuantos “desarrapados” los que habitan la Plaza. Esas rupturas emocionales son la mejor prueba de la fuerza de afectación de lo que está pasando. Y no es la única de la que ya he tenido noticia.
Me encuentro con muchos amigos militantes. Perros viejos que han conocido de cerca los movimientos más interesantes de los últimos 20 años: insumisión, okupación, antiglobalización, etc. Están felices, como todo el mundo. La mayoría se mueve por los márgenes de la Plaza, me parece un detalle significativo. Lo interpreto muy positivamente: un gran respeto por la autonomía de lo que está naciendo.
Amigos argentinos se burlan de la pobreza de nuestros cánticos: “son todos ta-ta-ta, os falta la cultura de la cancha”. ¡!
“Detrás de un corrupto hay seis tertulianos”
Prenden mucho más los gritos de “policía, únete” que los de “a, anti, anticapitalistas”.
Un amigo me dice que la Plaza no se puede pensar en términos de usuarios y mirones vs implicados. Porque la Plaza la construimos entre todos, los que están comprometidos en una comisión o los que pasean por allí una tarde. Todo suma.
No entrar en las disputas por el sentido de lo que pasa, ni siquiera para abrir el sentido.
“No necesito siglas para luchar”
Le pregunto a una chica sub20 porqué razón está en la Plaza. Es fulminante: “para hacer historia”.
Un sms recibido a las 4 am: “hemos venido al mundo para hacer esto”.
Apuntes de acampadasol (1)

Un amigo me cuenta que el historiador griego Heródoto resumía su método de la siguiente manera: “anoto todo lo que no entiendo”. Es decir, Heródoto anotaba todo lo que estaba por pensar, lo registraba para que no se perdiera. En estos “apuntes de acampada” yo me planteo también anotar todo lo que no entiendo: los detalles, las escenas y las situaciones de la acampadasol que me hacen preguntas. Pero también lo que me maravilla de lo que está ocurriendo y lo que me parece que resuena con ese nuevo pensamiento+sensibilidad de lo político que unos cuantos amigos exploramos desde el 11-M. Sólo me sale vincularme con lo lo que pasa a través de esta escritura fragmentaria, la de los propios apuntes del cuaderno que llevo siempre encima.
“La clave está en Sol”
Una amiga me dice: “ya no se trata de tomar la calle, sino de crear la plaza”. Me lo dice como señalándome una diferencia decisiva. Tenemos que entenderla.
¿Qué tenemos en común los que estamos en la plaza? No una demanda concreta, sino más bien el compartir un problema. El problema es la representación. No queríamos la Ley Sinde y los políticos la impusieron. No queremos que los que menos tienen paguen la crisis y eso es lo que pasa. Ha de mandar la gente, la representación ha de ser representativa. Por algo “Lo llaman democracia y no lo es” y “No nos representan” son los cánticos estrella. A partir de ahí se abre un abismo. Paseo por Sol y veo sucesivamente tres pancartas: “autogestión”, “reforma de la Ley electoral”, “No queremos políticos corruptos, sino gestores eficientes”.
Otra amiga: “todo el mundo parece enamorado, mira qué sonrisas”.
Desde el primer día, me impresiona muchísimo la seriedad que atraviesa la acampada, el grado altísimo de madurez y de organización. Hay café y comida abundante (mucha la traen vecinos de Madrid). Se cuida la limpieza y todo el rato se recuerda que “esto no es un botellón”. El jueves había un par de espacios de guardería con cartones en el suelo y muchos niños jugando y pintando. En los grupos y las comisiones que se reúnen por todos lados hay niveles insólitos de escucha, como si estuviese claro para todos que no es tan importante lo que cada cual trae de su casa como lo que podemos elaborar juntos. “Aquí sí se puede vivir”, dice alguien a mi lado. El esfuerzo colectivo por cuidar el espacio construye durante unos días un pequeño mundo habitable donde cabemos todos. Es lo mismo que se leía hace meses sobre la Plaza Tahir.
“No votes, tuitea”
Parece que en el “zoco” que hay en el corazón de Sol, donde funcionan los grupos de trabajo, no se acepta el dinero. Cualquier colaboración o aportación es bienvenida, pero no el dinero. ¿Se trata de conjurar toda posibilidad de corrupción? Podría ser, el movimiento sabe muy bien que su fuerza pasa por desvincularse radicalmente de todo lo relacionado con la política desprestigiada.
La democracia que queremos es ya la misma organización de la plaza.
Benditos sean los que decidieron plantarse en Sol después de la manifestación. Creía que estaba planeado por los convocantes de la mani, pero me he enterado de que no fue así. Pienso mucho en ese gesto. Es uno de esos gestos increíbles que hacen que sucedan cosas contra todo pronóstico. A mi me llegó un sms con la noticia a la una de la madrugada y no le di bola. “No funcionará”, pensé. Me tengo que mirar ese cinismo. Porque es la ingenuidad la que cambia las cosas.
“Me gustas cuando votas, porque estás como ausente”
Discusión con un amigo militante. Me dice que le chirría el lenguaje que se emplea. Lo encuentra muy pobre: “democracia”, “ciudadanía”, etc. Se lo discuto: desde el “no a la guerra” son precisamente ese tipo de enunciados “planos” los que abren espacios donde todos cabemos y que mueven las cosas. Es verdad que me parece más potente “no vas a tener casa en la puta vida” que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Pero me parece que hoy está claro que las palabras tienen fuerza no tanto por lo que dicen, sino como por quién las dice y desde dónde las dice.
“Sin vivienda no hay viviendo”
Todo el rato, tengo una sensación interior muy fuerte: yo ya he vivido algo de esto. En el “no a la guerra”, en el 13-M, en la V de Vivienda… Hay muchas muchas resonancias: todos son movimientos que no encuentran su fuerza en una ideología o en un programa, sino en una afectación en primera persona; que no encuentran su sentido en la dicotomía izquierda/derecha, sino que por el contrario tratan de escapar de ella para interpelar a cualquiera; que basan su fuerza precisamente en la creación de un “nosotros” abierto e incluyente; que no anuncian otro mundo posible, sino que se activan para que no se deshaga el único que hay y que compartimos… Me parece clarísimo que el 15-M tiene que ver con la V de Vivienda, el 13-M y el “no a la guerra”, pero ¿cómo? ¿Qué retoma y qué aporta como novedad a pensar? ¿Qué implica todo eso para el futuro?
Un chico sub20 en la plaza a las 3am con un cartel pegado en el pecho con la palabra “respeto”.
Los estereotipos son una estrategia de gobierno. Se pone una etiqueta a los que protestan (por ejemplo, “antisistema”) y así se les separa del resto como si no tuviesen nada en común. El movimiento tiene una grandísima inteligencia sobre esto: “nosotros no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”. Buenísimo.
Todo lo que divide queda fuera de la plaza: desde las siglas hasta la violencia.
Un amigo me resume así la situación: “la democracia 2.0 ha matado a la Cultura de la Transición”.
Discusión en el chat de Facebook:
-yo sigo con una idea, un poco vieja, de que twitter no es lo que pasa sino un modo de contar lo que pasa
-y de organizarlo, no?
-o, dicho de otro modo, tw sólo es interesante en composición con otra cosa
-sí, de acuerdo
-pero sol+twitter es interesante
-el plus de potencia de los cuerpos
-y de una situación abierta