Opinion · Salud mental en tiempos difíciles

Viaje, transformación, tópicos.

El viaje es una experiencia vital  que supone salir más allá de los confines del propio mundo, abrir la puerta a lo  desconocido, al cambio, entrar en una situación en la que no se controlan muchas de las variables y elementos que conforman la vida cotidiana del sujeto. Obviamente hay muchos tipos de viajes, pero todos comparten, si de verdad hablamos de experiencia de contacto con nuevas realidades,  el ser una experiencia de transformación.

La apertura mental que supone el viaje comporta afrontar el encuentro con el otro, con otras formas de vivir, de sentir. Precisamente ese encuentro  será uno de los elementos centrales en el proceso de transformación. Pero no siempre es fácil tolerar ese riesgo de apertura, ese riesgo de cuestionamiento de las propias certezas que supone encontrarse de verdad con el otro, encontrarse cara a cara con otras culturas y mundos.

Frente a esta perspectiva transformadora del viaje,  tenemos hoy ante nosotros el fenómeno del turismo de masas,  uno de los pilares centrales de la sociedad de consumo,  constituyendo  la antítesis del viaje tal como la hemos planteado en los párrafos  anteriores.  

El sujeto del mundo de hoy,  tras vivir en mundo controlado, dirigido, cuando finalmente sale de él,  también lo hace en un viaje hiperprogramado, enlatado, en el que  el estereotipo, el tópico y el prejuicio,  sustituyen a la mirada, a la escucha de lo desconocido. Incluso con frecuencia el propio viaje del turismo de masas es una impostura: el  turista va a parques temáticos que reproducen en cantón piedra lejanas pirámides, selvas, ciudades perdidas, navega por simulaciones de ciudades surcadas de canales.  En un mundo Disney, sin riesgo alguno.

En el turismo de masas se evita encontrar al otro, tener que cuestionar el propio mundo. El viajero busca ese cuestionamiento. El guiri lleva una ruta marcada, sigue a la banderita del guía que simboliza como nada su gregarismo, su sumisión a la norma social establecida. El tópico vende, refuerza la seguridad, permite hacernos creer que vivimos en un mundo que controlamos, sin riesgos.

El turista de masas va “ toda pastilla” visitando ciudades y países. De ahí el título tan acertado de aquella película: “Si hoy es martes esto es Bélgica” . Ha de ver a todo correr y en medio de toda una multitud que esprinta de un pasillo a otro, La Gioconda, o la piedra Roseta. Y no es extraño que aproveche la ocasión  para hacer un selfish (esto lo he visto con mis propios ojos).

El turismo de borrachera, Lloret, Magaluf…..Barcelona cada vez más, en el que hay quien nada más llegar comienza beber  incluso con  una manguera conectada al barril  de alcohol para emborracharse lo más rápidamente posible, sería ya el cénit del viaje a ninguna parte, de la nula conciencia de dónde se está, el nulo contacto con el país que se visita.

En relación a este tipo de turismo,  me viene a la cabeza el caso que me explicaron de una  mujer que refería lo maravilloso que había sido un reciente viaje en crucero, especialmente la cena de gala con el capitán.  Recordaba ante todo el momento inolvidable ya para ella,  en el que bajaba la suntuosa  escalinata del barco (de cartón-piedra) enfundada en su vestido de noche (alquilado para la ocasión) ante la expectativa del baile con el capitán del barco (con quien finalmente no bailó) y decía “ mientras bajaba  aquellas maravillosas escaleras pensaba para mí que estaba viviendo algo que en realidad no me correspondía, algo que no era para alguien como yo”. Y tenía toda la  razón porque todo era una comedia, una farsa¡

Como se ha dicho muy acertadamente,  el turismo de masas, con frecuencia consiste en llevar gente que estaba mejor en su casa a lugares que estaban mejor sin ellos.   jachoteguil@gmail.com