¿También en crisis el modelo de integración de los inmigrantes?

Joseba Achotegui

Mientras los folletos y las webs sobre la integración de los inmigrantes nos siguen presentando habitualmente un modelo de integración basado en la sociedad de los denominados 30 gloriosos franceses, los años del máximo desarrollo del estado de bienestar, hoy  nuestro mundo se halla inmerso en una radical transformación. Hemos entrado en los últimos años en la denominada crisis, una nueva correlación de fuerzas y de estructuras de poder en la que la realidad de la migración, como no podía ser de otra manera, también se ha visto modificada radicalmente.

¿Cómo garantizar los plenos derechos de las personas que emigran en una sociedad que está sufriendo una profunda transformación? Y escribo deliberadamente la palabra “sufriendo” porque estamos viendo que nos dirigimos hacia un mundo en el que el 1% de la población controla gran parte de los recursos y los mecanismos de poder mientras el otro 99% se ha de repartir el resto. La migración, como fenómeno social, no queda al margen de esa realidad en un contexto de radical globalización.

Así,  en el mundo de hoy, hay tantos  inmigrantes en España como españoles emigrantes. Cada año, decenas de miles de españoles, la mayoría jóvenes, hacen las maletas buscando oportunidades por todo el mundo haciendo frente a estas realidades de precarización e inseguridad. Muy pocos países son ya tan solo emisores o receptores puros de emigrantes. La mayoría reciben y envían migrantes en una especie de gran puerta giratoria, tal como señalé en el artículo en Público Migraciones en cadena, emigrantes encadenados en el que mostraba cómo mientras los bolivianos emigran a Perú, los peruanos emigran a Argentina, los argentinos emigran a España y los españoles emigran a Alemania… dando lugar a una especie de puerta giratoria. Es decir, emigrantes de países de rentas más bajas ocupan los lugares de autóctonos de rentas superiores, que a su vez emigran ocupando los nichos laborales que otros han dejado y así sucesiva e incesantemente. Pero todos emigran empeorando sus condiciones de trabajo, su precariedad, perdiendo derechos… En cada vuelta de la puerta se incrementa la explotación y la exclusión.

Nos hallamos inmersos en grandes cambios en las áreas de poder —como la desaparición de las clases medias— en el marco, además, de unas sociedades, como señala Sennett, en las que las máquinas realizan una parte cada vez más relevante del trabajo. Nuevas realidades, que es urgente debatir y analizar para poder garantizar los derechos de las personas que emigran, entre las que,  por cierto, dentro de este 99%, podemos estar nosotros mismos o nuestros familiares más próximos.

Considero que ante estas nuevas realidades, el inmigrante se ha de integrar ahora, codo con codo con el autóctono en la lucha por el derecho al trabajo, a la vivienda… una lucha contra la precarización y la explotación común. Y en una lucha global, planteando respuestas globales a problemas globales.

jachoteguil@gmail.com