El TTIP y la recomposición de Occidente

El Tratado de Inversiones y Libre Comercio (TTIP) y su hermano, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), tienen una trascendencia geopolítica mayor que económica.

Para entender esta realidad geoestratégica, habría que remontarse al fracaso de la Ronda de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que comenzó en noviembre del 2001, relativa a la liberalización del comercio de la agricultura, los servicios y la propiedad intelectual, la cual terminó en “colapso” tras la ruptura realizada por los países del centro occidental (fundamentalmente EEUU y la UE) ante la pérdida de control de dichos países frente al bloque de países periféricos liderados por Brasil, India y Sudáfrica y, la posterior entrada en la OMC de China (2002) y Rusia (2012). El TTIP, TPP y TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios) nacen como una reacción del Occidente capitalista ante el ascenso de una nueva semiperiferia amenazante, que luego llamarían BRICS.

El FMI publicó en 2015 el PIB ajustado por paridad de compra (PPP). Por primera vez desde 1872 la primera posición de la lista no está ocupada por los EEUU, índice que marca el imparable declive de la UE y el incontestable ascenso de países como China. De confirmarse estas, y otras previsiones, estaríamos asistiendo a un cambio geopolitico trascendental. No esperar una respuesta de los países del centro capitalista sería sencillamente una ingenuidad.

Desde la crisis del sistema financiero en 2008, esta realidad no ha hecho más que profundizarse. Visto desde esta perspectiva el TTIP conformaría el ala “Atlántica” de un tratado mucho mayor que engloba también al TPP y al TISA, con la intención de crear desde Occidente de un poderoso instrumento geopolitico de contención de sus periferias.

Tal y como señala el experto en geoeconomía, David García, al analizar los acuerdos resaltan tres elementos. El primero está marcado por sus ausencias. Los llamados BRICS no forman parte de los países negociadores, pese a su importancia económica y demográfica. En segundo lugar, solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU. Y por último, un tercer aspecto resalta: todos los países forman parte de la óptica económica y política de Occidente, como México, Chile y Colombia en América Latina y Australia, Japón y Nueva Zelanda en el Área Pacífico.

De lograrse conformar, el TTIP-TPP-TISA englobaría el 75% del comercio mundial lo que impondría condiciones económicas globales que todos los países se verían forzados a cumplir, pero sobre todo, sería una poderosa herramienta de reorganización geográfica del espacio económico, con una periferia aún más dependiente y una Europa más subordinada a EEUU, el cual pasaría a liderar, ya de forma expresa, un poderoso bloque Occidental marcado por el principio rector “everyone but China“ (todos menos China).