Adiós al bunga bunga

26 Jun 2013
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La telebasura está en los telediarios, más y mejor basura que la ofrecen los programas especializados aunque menos fotogénica. Desfilan por los platós los corruptos, sus valedores y sus detractores, cada día viene con una nueva cosecha de detritus, bien lavados, maquillados y perfumados para comparecer ante la pública audiencia después de haber declarado ante la Audiencia Pública. Pablo Crespo, número dos de Gürtel se sienta esta vez en el banquillo acolchado del plató de Tele 5. Creíamos que estaba en la cárcel pero es que nos lo creemos todo, la senda de los tribunales es tortuosa y los jueces se han convertido en los buenos de la película. Reflexionemos, no son los deportistas, ni los líderes políticos, ni las estrellas del cine y la farándula, nuestros jueces encabezan todas las listas de popularidad aunque muchos todavía no firmen autógrafos y comparezcan esquivos y ceñudos ante las cámaras que les persiguen. ¿Para cuándo un reality judicial? Dieciséis jueces encerrados en una cárcel catódica y sometidos al escrutinio implacable de los espectadores. ¿Surgirá entre ellos y ellas, ellos y ellos, ellas y ellas, el amor o el odio? Por los poderes que les han sido conferidos podrían casarse y divorciarse entre ellos y tal vez engendrar hijos que seguirían la carrera judicial preservando las aquilatadas tradiciones endogámicas instauradas en las orillas del Mediterráneo desde los tiempos de Cornelio Nepote.

Roma sigue marcando las pautas. En Italia Il Cavaliere Berlusconi ha sido por fin descabalgado (¿?) según su indocta opinión por una conspiración de jueces malvados y envidiosos. Parece que don Silvio ha perdido su última batalla pero sus poderes de regeneración son milagrosos y han sido ampliamente demostrados. Berlusconi basó su imperio mediático, político y económico en dos robustísimos pilares, el fútbol y la televisión. Sexo, fútbol y televisión, irresistible receta, pura dieta mediterránea. Y al final cayó “por do más pecado había”. Puede perdonarse que el capo sea el más rico y el más poderoso, por eso es el capo, y que se mantenga en la riqueza y el poder a golpe de treta y artimaña, conspiración y soborno, pero su continua presunción de ser el eterno macho alfa, el gran semental de la manada, ha sido excesiva incluso para sus votantes que hasta ahora asistían como convidados de piedra al “bunga bunga”, sin meter baza, ni mano, ni cazo en esa olla podrida y burbujeante, en esa orgía perpetua de jóvenes bacantes, sacrificadas, previo pago, en los altares de su apabullante y presunta virilidad. Hasta ahí podíamos llegar, enlutados jueces envidiosos no pueden asistir ni un minuto más a esa ceremonia aberrante validada por millones de votos cautivos y encandilados por su rutilante parafernalia. Vale, será usted, Cavaliere, el más rico y el más poderoso pero a los 75 años ya no nos puede convencer de que también es el gran seductor, el galán irresistible, el que mejor folla de la península itálica y sus ínsulas. No ha sido por la estafa, no ha sido por el fraude, ni por el latrocinio sistemático, ni por la corrupción rampante, el golpe definitivo se lo ha dado una jovencita apodada Ruby Rompecorazones. Pero no todo está perdido, el camino de la cárcel no está expedito, caben recursos y aplazamientos y cabe una campaña mediática en la que el viejo y decrépito capo desplegará toda su artillería, una última batalla sobre el devastado territorio. Su caída arrastrará a la coalición de gobierno, infame componenda con una presunta izquierda que tuvo que echarse en sus brazos, aún sabedora de que iba a ser probablemente el último abrazo del oso.

Veo a Pablo Crespo, orondo y satisfecho en el plató, el público aplaude y el presentador le agradece su comparecencia ante las cámaras que no servirá para aclarar las cosas sino para embarullarlas un poco más al itálico modo. Cuando las barbas de tu vecino transalpino veas pelar ya sabes que tienes que ir remojando las tuyas para que el rapado resulte menos traumático. A Berlusconi no le salvarán ni Dios ni el Vaticano pero el diablo que reside en los detalles aún no ha dicho su última palabra.