Aquellos 18 de julio

19 Jul 2011
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Se ponen tensos los emplumados carpetovetónicos cada vez que el calendario señala el 18 de julio. ¡Con lo entrañable que era la fecha cuando el rojerío que no quedó en las cunetas estaba en búsqueda y captura! Antonio Burgos lo recuerda con nostalgia en ABC: “En aquellos 18 de Julio nadie pensaba ya en el Cuartel de la Montaña, ni maldecía el micrófono de Queipo, ni se acordaba de La Pasionaria. Eso ha sido lo desenterrado ahora, todo lo felizmente olvidado. En aquellos 18 de Julio de paga de verano y 600 que evoco, en lo que se pensaba era en echar el día de piscina en el Parque Sindical, en la terraza del cervezón y los platos de gambas”.

Y como esos aniversarios felices ya no regresarán, la consigna es la desmemoria por decreto. “Ya está bien. Es tiempo de volver a cerrar la caja de Pandora. Hora de dejar de una vez a los expertos el dictamen de aquel arrebato totalitario de estúpida atrocidad insana”, propone Ignacio Camacho en el mismo periódico que desde primera hora apoyó y financió la carnicería. Calcando la metáfora, el antifranquista reversible José García Domínguez pide idéntico olvido en Libertad Digital: “Sin demora, pues, habrá que cerrar, a ser posible para siempre, esa caja de Pandora, la del guerracivilismo retrospectivo y el revival del viejo espíritu cainita de la tribu”.

Ad usum delphini

Con rostro de mármol de Cuelgamuros, el editorialista de La Gaceta clama contra esa molesta manía de andar buscando la verdad, y hasta se adorna con un latinajo: “Ese intento de rehacer una historia ad usum delphini es, además de una estupidez, una muestra realmente insuperable de vileza política, de mala intención”. La plumbea pieza se titulaba -hay que echarle narices- “Lecciones de Historia”.

Pedrojoteando, que es gerundio, el editorial de El Mundo proclamaba: “La Guerra Civil o la memoria como paranoia”. De nuevo, la misma cantinela de los pelillos a la mar: “Miremos, de una vez por todas, hacia delante y olvidemos esa idea de la Historia como un fantasma que nos persigue y saca lo peor de nosotros”.

Coherente con su propuesta, el diario cedía una página entera al revisionista Jesús Palacios para que explicara quiénes tuvieron la culpa: “Es indudable que si se hubiera mantenido la política constitucional y democrática de 1931-1935 no hubiera habido el menor peligro de guerra civil”, justificaba a sus buenos el historietista.


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