Opinion · Balagán

Snowden y Khashoggi

Edward Snowden, exempleado de los servicios de espionaje de Estados Unidos (NSA, Agencia para la Seguridad Nacional) y exiliado en Rusia, ha concedido esta semana una entrevista al diario Yediot Ahronot de Tel Aviv.

Snowden declara que si la compañía israelí de espionaje NSO no hubiera vendido material sensible a Arabia Saudí, el periodista Jamal Khashoggi seguiría con vida.

El gerente de NSO, Shalev Hulio, ha reconocido al mismo periódico que su compañía ha vendido material de vigilancia a varios países de Oriente Próximo, incluido el software Pegasus, que se utiliza para intervenir teléfonos móviles, pero asegura que en el caso de Khashoggi no se usó.

Sin embargo, Snowden afirma que aunque no se usara en el teléfono de Khashoggi sí que se usó en los teléfonos de personas cercanas a Khashoggi, con las que el periodista saudí hablaba habitualmente, de manera que las declaraciones de Hulio no cambian en nada lo ocurrido.

Insiste Snowden en que de no ser por NSO, Khashoggi seguiría vivo.

El espionaje se ha convertido en un gran negocio en Israel, donde abundan este tipo de empresas que operan directa o indirectamente en todo el mundo, incluida Europa Occidental.

Se trata de empresas que mantienen un estrecho vínculo con el ejército israelí y con los servicios de espionaje para el exterior, el Mosad. La mayor parte del personal de estas empresas proviene del ejército y del Mosad y firman contratos de reserva absoluta acerca de su trabajo.

Es sencillamente preocupante que este tipo de empresas, muchas de las cuales trabajan desde el secretismo más estricto, operen en Europa Occidental y en el resto del mundo.

En primer lugar, es preocupante porque con toda seguridad esas empresas miran ante todo por el bien de Israel y actúan libremente en Europa Occidental, sin que se les imponga ninguna forma de control.

Es muy probable que estás empresas se pongan del lado de los intereses israelíes y no de los intereses de terceros países cuando ambos intereses entran en conflicto.