Una china en el zapato

Un minuto de gloria

Madrid 26 de mayo. Un coche detenido en medio de un paso de cebra. Un hombre con un carrito de bebé que no puede pasar conmina a la persona sentada al volante a mover el vehículo hacia delante o hacia atrás. Tras la ventanilla un solo gesto, el dedo índice levantado moviéndose a derecha e izquierda: no. La persona al volante es la infanta Doña Elena. Llega corriendo un policía de paisano: vamos, circule (la orden va dirigida al cochecito del bebé, no al otro).

Una semana después, en Pamplona, una chica aborda al príncipe Felipe y le pregunta acerca de un posible referéndum sobre la monarquía. Para zanjar la conversación y que "circule" la súbdita, el príncipe concluye: ya tienes tu minuto de gloria, y remacha: porque esto no llega a ningún lado.

La infanta no se mueve un centímetro y el príncipe, con su "esto no llega a ningún lado", tampoco admite de antemano la posibilidad de un cambio que se inicie en la calle. La sociedad sin embargo sí se mueve. Ahí está la manifestación del 15M, que tampoco iba a llegar a ningún sitio y ha puesto sobre la mesa un debate que no estaba en la agenda de nuestros dos principales partidos. Ante tanto inmovilismo institucional solo cabe responder a la manera de Iñaki Gabilondo: "que no nos anuncien el futuro porque no sabemos qué vamos a hacer".

Don Felipe se equivocó, el minuto de gloria no fue de la chica sino suyo. Sin darse cuenta consiguió en una sola frase menospreciar la inteligencia de una persona y el poder de todos.