Cartas de los lectores

30 de noviembre

¿Habemus presidente?
En la última película de Nanni Moretti, Habemus Papam, el elegido para dirigir el Vaticano, ante la responsabilidad que supone el desempeño del cargo, no se atreve a presentarse ante la opinión pública como nuevo pontífice y, sin tan siquiera asomarse al balcón para bendecir a la feligresía, decide perderse por las calles de Roma.
Si bien es cierto que, en contra de lo que ocurre en la ficción, Rajoy sí salió a saludar el 20-N, su desaparición posterior podría ser una variante del guión de la película italiana. Algo así: después de aquella noche, el candidato a presidente empieza a tomar verdadera conciencia del marrón que se le avecina y, como al papa de Moretti, los cardenales políticos de Rajoy le buscan ayuda psicológica para que supere el shock, mientras por los altavoces mediáticos aseguran que está trabajando en ello. Y no cuento cómo acaba la película para que no cunda el pánico.
Enrique Chicote Serna
Arganda del Rey (Madrid)

Empresarios o estafadores con capacidad de influencia
El sucesor del anterior presidente de la patronal ya le ha presentado las reivindicaciones de su sindicato al jefe del próximo Gobierno. Parece ser que este ha sido receptivo a dichas reivindicaciones y los trabajadores nos veremos con el paro definitivamente consolidado.
Como las reivindicaciones de los grupos de presión empresariales se ponen en marcha como si fueran medidas económicas, los trabajadores podremos comprar menos y habrá menos trabajo. Fabricaremos menos, habrá más despidos, más miseria y, entonces, ¿seguiremos llamando a los miembros de la patronal creadores de riqueza? ¿O consideraremos a esos empresarios vulgares estafadores con capacidad de influencia en sus socios de Gobierno? Eso sí, votados por una masa de personas dispuestas a empeorar sus condiciones de vida. Si en esta crisis nos rebajan el sueldo y nos quedamos sin ningún derecho, en la próxima, ¿nos eliminarán el salario e iremos a trabajar descalzos por un bocadillo? En la posterior, ¿eliminarán el bocadillo?
Con estos empresarios, ¿saldremos de la crisis? Seguro que no.
José Manuel Ferrero Iglesias

Cuidado con las camisetas verdes por la educación pública
El 20-N, muchos ciudadanos de Madrid fueron a votar con camisetas verdes a favor de la escuela pública. A estas personas se les impidió votar hasta que ocultaron dicha camiseta, alegando que llevarla suponía una vulneración del artículo 53 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral (la cual prohíbe pedir el voto o hacer propaganda electoral una vez ha acabado la campaña). Estas personas, según dice otro artículo de esta misma ley, "serán castigadas con la pena de prisión de tres meses a un año o la multa de seis a 24 meses". Llevar una camiseta a favor de la escuela pública no supone ninguna petición de voto ni de propaganda electoral, puesto que, para empezar, no se hace referencia a ningún partido. Tan sólo se trata de reivindicar un derecho de todos, que es poder tener acceso a la educación pública. Si no se deja votar a estas personas porque reclaman una educación pública, ¿quién podrá votar?
María Grande Prohens

Barcelona

Con las maletas en la puerta de casa
Soy una estudiante de 23 años, llevo seis meses de contrato en formación en un departamento de internacional y acumulo ya dos experiencias laborales anteriores en mi sector. La semana pasada se organizaron unas jornadas internacionales en mi empresa que yo, junto con una líder de proyecto belga, coordinamos.
El resultado fue inmejorable y las respectivas empresas nos reunieron para felicitarnos. La diferencia está en que ella, con tan sólo un año más que yo y después de únicamente cuatro meses de prácticas en su empresa, disfruta de un contrato indefinido, un sueldo que le permite independizarse y, además, cuenta con formación académica gratuita en la compañía belga que la ha contratado.
Yo, en mi empresa española, continúo acumulando experiencia, trabajando por mucho menos que el sueldo mínimo interprofesional y, obviamente, ni sueño con la panacea de irme de casa de mamá.
Llevaba mucho tiempo pensándolo y me entristece, porque me encantaría quedarme en España, que es mi país, pero para mí, y desgraciadamente para muchos como yo, la fuga de cerebros no es ya una opción, es una realidad.
Elena González
Gavà (Barcelona)

En España existe el mundo al revés
Por desvalijar una casa, mil euros de multa; por el robo de un coche, 500 euros de multa; por dejar en la quiebra un banco o una caja de ahorros, 300.000 euros de pensión; por dejar a un país al borde del abismo, asesor de empresas de comunicación y consejero delegado en el sector de la energía.
Hay cosas que son inequívocamente españolas.
Manuel Herrera Badía
Quart de les Valls (Valencia)