Ciudadano autosuficiente

No lleves una vida sana, lleva una buena vida

salud

Esta triste historia se repite muchas veces. Te sientes flojo y desanimado, vas al médico, te manda realizar pruebas, te dan los resultados, se comprueba que estás aproximadamente enfermo, y que tu casi enfermedad tiene un nombre en latín o en griego, como "hipercolesterolemia". Entonces pides y te recetan la correspondiente medicación, que tendrás que tomar todo lo que te quede de vida, así como volver a visitar al médico-especialista con regularidad, que te mandará más pruebas, te dará más medicación para contrarrestar los efectos adversos de parte de la medicación que ya tomas, etc. Esta es la situación de muchos millones de personas en España, en Europa y en general en todo el mundo con alto PIB.

(En los países sin dinero, la situación es muy distinta. El médico más cercano probablemente está a 50 km de distancia, y es muy caro. Y las medicinas son más escasas y caras todavía).

Estamos hablando de enfermedades crónicas que matan con tanta lentitud, que la esperanza de vida en España es de 82,5 años, la segunda más alta del mundo tras Japón. Es evidente que el robusto  sistema de sanidad pública español tiene mucho que ver con esta longevidad. Pero también es cierto que podríamos ser igual o más de longevos y vivir mucho mejor, con menos medicamentos y tratamientos, si ponemos en práctica el concepto mágico en salud pública: un estilo de vida saludable.

Ya sabemos de qué va el asunto: dejar de fumar, dejar de beber, dejar de tomar café, dejar de comer carne roja (sic), hacer deporte e hidratarse mucho a base de zumos y agua mineral. Puede que así vivamos más, pero muy aburridos. Pero ahora se está viendo que un estilo de vida saludable puede ser más divertido, más barato y en definitiva más sostenible que el estilo de vida que nos pone enfermos. Aquí podéis ver cuatro trucos que cualquiera puede poner en práctica:

• No hagas dieta, simplemente vuelve a la cocina de toda la vida. Es decir, buenos platos de vegetales –cocinados y sin cocinar– con un poco de carne o pescado añadidos. Como la paella valenciana original, a base de arroz, legumbres y un poco de conejo o lo que hubiera. Innecesario es decir que un poco de vino no es malo y que la cerveza, como decía Benjamín Franklin, es la prueba irrefutable de que Dios nos ama.

• Aparta de tu plato en lo posible los alimentos excesivamente industrializados. Se reconocen porque son demasiado blanditos, grasientos y dulces. O bien demasiado crujientes, grasientos y salados. Suelen ir dentro de envases de colores llamativos. Siempre que puedas, compra comida cruda y cocínala. Es lo más distraído del mundo.

• Camina. No se trata de que hagas deporte, eso es una afición como coleccionar sellos. Simplemente camina o usa tu cuerpo para los desplazamientos diarios que haces para ir al trabajo o compras. Mucho mejor todavía: consigue un vehículo de tracción humana, por ejemplo una bicicleta, y úsalo para moverte por el mundo.

• Apoya un medio ambiente más saludable. Resulta hiriente que tú lleves un estilo de vida saludable si vives en una ciudad cuya atmósfera –que tú estás obligado a respirar– está contaminada por personas que no siguen estilos de vida saludables, es decir, que usan el coche hasta para ir al baño. Afíliate a cualquier organización pro-ciudades sostenibles y deja oír tu opinión. Hay muchas, desde la asociación de vecinos de tu barrio que porfía por ampliar sus zonas verdes a clubes de ciclistas o peatones.