Con negritas

Martín y Jove: dos tiburones a dentelladas

¿Es verosímil que a un constructor supuestamente avezado le den gato por liebre en una operación de más de 4.000 millones de euros? ¿Cabe dentro de lo razonable que otro no menos ducho ceda ante un vulgar chantaje si en realidad no tiene nada que temer? Esas son las dos preguntas clave del litigio que enfrenta a FERNANDO MARTÍN y a MANUEL JOVE, y cuya vista oral se celebró la semana pasada.

Aun a riesgo de quedar como un vulgar pardillo, el primero de ellos aduce que fue engañado cuando en septiembre de 2006 adquirió Fadesa para fusionarla con Martinsa y crear así la mayor inmobiliaria de España. Según él, la valoración de activos realizada entonces por CB Richard Ellis se apoyaba en la información falsa que facilitaron Jove y su mano derecha, ANTONIO DE LA MORENA, a la sazón consejero delegado de Fadesa. Para sustentar su demanda, Martín esgrime un macroinforme posterior de la tasadora estadounidense American Appraisal, que cifra el desfase en 1.576 millones.

Jove, por su lado, alega que no ha lugar a reclamación alguna, pues Martín renunció a esa posibilidad en virtud del pacto suscrito por ambos en 2007, nada más estallar la crisis del ladrillo. En un mercado adverso, la compra de Fadesa amenazaba con ahogar financieramente a su nuevo propietario, que no dudó en pedir ayuda a Jove. Este le recompró inmuebles y suelo por importe de 140 millones de euros y le permitió aplazar el pago de parte de lo que aún le debía. A cambio exigió que Martín se comprometiera formalmente a no emprender acciones judiciales si surgían discrepancias después.

¿Por qué Jove aceptó echar una mano a Martín? ¿A qué venía tanto interés por incluir en el acuerdo esa cláusula de no agresión? Su versión está clara: fue objeto de graves amenazas e intentó evitar otros pleitos en el futuro. "A lo mejor hice mal, pero no quería tener lo que tenemos ahora", explicó Jove ante el juez PABLO GONZÁLEZ-CARRERÓ en la vista oral de la causa. Martín, por supuesto, niega cualquier tipo de chantaje y justifica su renuncia a proceder contra Jove por la situación de debilidad en la que se encontraba.

Pese a la firmeza con que defienden sus posiciones y a los denodados esfuerzos de la corte de abogados que les acompañan, cuesta creer la candidez de estos auténticos tiburones de los negocios. Dos tipos sobrados de ambición y cuya única diferencia sustancial es que uno de ellos –Jove– consiguió dar el pelotazo de su vida, mientras que el otro –Martín– se quedó con las ganas.