Cuarto y mitad

Paridad

Entre el toque a rebato que estamos presenciando, el ruido de sables y las admoniciones que nos alertan del precipicio y otras monsergas y exageraciones que caen por su propio peso, pocos están reparando en el hecho de que el nuevo Gobierno respeta escrupulosamente la paridad. Como tiene que ser. Nada de ministerios cuota para quedar bien, como ha pasado en no pocas veces en el pasado, sino mujeres al frente de carteras fundamentales como Economía, Asuntos Exteriores, Hacienda, Transición Ecológica, entre otras; áreas en las que va a haber que tomar decisiones importantísimas en el futuro inmediato.

Me sorprende un poco este silencio sobre la paridad del gobierno, y creo que dos posturas podrían explicar este hecho: una, la que no lo considera relevante, porque no darle importancia es una manera de restarle valor. Ya sabemos que una forma de manifestar el desdén es la indiferencia. Dos:  me parece que también existe ese desinterés, incluso en sectores feministas, porque parece que actualmente reparar en el hecho de que haya una presencia importante de mujeres en las instituciones es algo anacrónico, un tema superado, antiguo y desfasado a lo que hay que poner sordina.

Sin embargo, a mi me parece que hay que poner de relieve que la presencia paritaria en gobiernos, partidos, parlamentos, sindicatos, organizaciones empresariales o económicas es una cuestión de justicia que está lejos de haberse logrado en la mayor parte de las entidades u organismos. De hecho, según el último informe Global Gender Gap 2020,  en el indicador de representación política es en el que las mujeres estan más infrarepresentadas habiéndose cerrado la brecha de desigualdad en sólo un 25%. Las ministras en todos los gobiernos del mundo representan el 21%, en 32 países son menos del 10% y en bastantes no hay ninguna mujer ministra. Como muestra basta ver las fotos de Ángela Merkel rodeada de hombres en la reunión del G7 o las fotos  sobre la cúpula del poder judicial en junio de 2018 (ver aquí)  o (aquí).

Todavía falta mucho en la mayor parte del mundo para que exista una presencia equilibrada de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida, por lo que creo que no darle realce a la paridad gubernamental alcanzada es sintomático de que este tema ha perdido centralidad entre los objetivos por la igualdad. Sin embargo, el poder político, económico, judicial o mediático sigue estando dominado por hombres en todo el mundo.  Y mientras algunos grupos están entretenidos –o peor aún, enfrentados– discutiendo sobre quién es el sujeto del feminismo, las identidades o inventando una neolengua para referirse a las personas sin diferenciar por sexo, la realidad es que continúa habiendo unos cuerpos humanos que dominan sobre otros cuerpos humanos que reproducen la desigualdad. Me pregunto cómo vamos a combatirla si nos quedamos sin palabras para nombrarla.